lunes, 12 de junio de 2017

El amigo torturador de Lacalle

AMIGO DE LACALLE

Jorge "Charleta" Guldenzoph, acusado como torturador de la DNII durante la dictadura, 

participó esta semana de la presentación del libro de Luis Alberto Lacalle "América Latina 


entre Trump y China" que se realizó en el Hyatt Centric Hotel.

Lo revela esta foto publicada hoy en Sociales de El País.


EL CHARLETA: ¿HERRERISMO COBIJA DELITOS DE LESA HUMANIDAD?



Y la Justicia? Otra vez el grandísimo hijo de su madre, el Charleta Gundelzoph,  entregador y torturador de Gonzalo Carámbula y de tant@s otr@s, violador contumaz impune volvió a aparecer hoy en sociales en presentación de libro de Lacalle. 



Un asco.Partido Nacional debería aclarar si cobija y ampara torturadores. Compartir por favor, para que a nadie se le ocurra brindar con él sin saber quien es



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La historia del “capitán” Guldenzoph 

“El Charleta” Jorge Guldenzoph compareció ante la Justicia, pero no llegó a declarar sobre el pedido de procesamiento en su contra por presunta participación en actos de tortura durante la dictadura. El paro de los funcionarios judiciales de este jueves hizo que la audiencia se suspendiera, por lo que deberá comparecer nuevamente en los próximos días. 

SÁBADO 19 DE DICIEMBRE DE 2015 


Por Mauricio Pérez 


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Charleta fue el apodo que le pusieron sus captores, a raíz de su verborragia. Jorge Guldenzoph era militante del Partido Comunista del Uruguay (PCU) y cayó detenido al principio de la dictadura. Con base en su testimonio, en su delación, decenas de sus ex compañeros, algunos en la clandestinidad y otros cuya militancia no era conocida, fueron detenidos por los servicios represivos de la dictadura. Sin embargo, eso no sería todo. 


Guldenzoph pasó de militante en la UJC y el PCU, a integrar la Dirección Nacional de Inteligencia y Enlace, nombre que tenía entonces la unidad correspondiente a la actual Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII). Según varios de sus ex compañeros, su colaboración con las fuerzas represivas fue total. No sólo entregó nombres, sino que participó en operativos de detención y en interrogatorios bajo tortura. Incluso, tenía rango: “Capitán” Guldenzoph. 


Las víctimas afirman que Guldenzoph actuaba con sadismo, bajo un manto de total impunidad, y que disfrutaba quitándoles la capucha a los prisioneros para que, por unos segundos, reconocieran a su verdugo. También se lo mencionó como partícipe del operativo que culminó con la captura y posterior desaparición de Ary Severo Barreto, y de la detención y tortura del ex director de Cultura de la Intendencia de Montevideo, Gonzalo Carámbula, recientemente fallecido. La lista de testigos en su contra es amplia, e incluye a Juana Canosa Bonjour, su ex esposa. 


Tras el retorno de la democracia, Guldenzoph se convirtió en un notorio militante anticomunista y antimarxista. Desarrolló un estrecho vínculo con la Secta Moon y se volvió uno de sus principales referentes en Uruguay. Llegó incluso a ser secretario de la Federación para Salvar la Nueva Nación y del Movimiento Pro Verdaderas Familias, dos organismos religiosos de la secta. Fue vicepresidente, columnista y editorialista de Últimas Noticias, el diario hoy desaparecido que fue propiedad del grupo durante años. 


Las denuncias en su contra no impidieron su estrecho vínculo con dirigentes políticos de distintos partidos. En una entrevista con la revista Tres, el Charleta negó que todas las denuncias en su contra fueran ciertas: “Algo de lo que se ha dicho de mí es cierto, pero algunas cosas no”. Por eso, se sorprendió cuando la fiscal Ana María Tellechea solicitó su procesamiento con prisión por actos de tortura durante la dictadura. 


Guldenzoph compareció este jueves ante la jueza penal de 9º Turno, Blanca Rieiro, en audiencia ratificatoria (artículo 126 del CPP), para completar el trámite procesal previo al dictado de la resolución definitiva. El Charleta llegó puntual, sobre las 9:55 horas, vestido con un elegante traje y en compañía de su abogado. Pero no llegó a declarar. La audiencia se suspendió, por lo que deberá retornar al Juzgado el próximo 22. 


En un breve diálogo con Caras y Caretas, parado en la baranda del Juzgado junto a su abogado, Guldenzoph dijo que intentará demostrar su inocencia, que la audiencia era de “rutina” y que será la primera vez que declare en este expediente (iniciado en 1985, pero reabierto hace un par de años, tras la firma del decreto que excluyó todos los casos del amparo de la ley de caducidad), pero prefirió no extenderse. Su futuro aún está por resolverse. 


La imputación 


La fiscal Tellechea solicitó el enjuiciamiento de Guldenzoph por los actos de tortura contra ex militantes del PCU, llevados a cabo en el edificio en el que funcionaba la Dirección Nacional de Inteligencia y Enlace, en Maldonado y Paraguay, donde actualmente funciona la sede de la Dirección General de Crimen Organizado e Interpol. La imputación de la Fiscalía se sustentó en el cúmulo de pruebas incorporadas en la causa, en particular las decenas de testimonios que lo vinculan con estos actos ilícitos. 

Sin embargo, esta no es la primera causa en la que se vincula a Guldenzoph con actos represivos durante la dictadura, ni la primera vez que debe declarar ante la Justicia en causas por violaciones a los derechos humanos. Guldenzoph declaró en la investigación por el segundo vuelo de Automotores Orletti, por el que fueron procesados los principales agentes del SID y la OCOA, entre ellos, José Nino Gavazzo y Jorge Pajarito Silveira. El Charleta no fue procesado porque no había suficientes pruebas en su contra. En esa oportunidad dijo que realizaba “tareas de envío y recepción de documentación”, pero negó su participación en actos de tortura. 


Empero, su testimonio fue relevante para la causa. Guldenzoph reconoció que sabía de los viajes de militares y policías uruguayos hacia Buenos Aires (Argentina) para participar de actividades represivas en ese país, aunque no precisó fechas específicas. Su testimonio fue utilizado por la fiscal Mirtha Guianze y el juez Luis Charles para sustentar la condena de los represores. 


Más acá en el tiempo, Guldenzoph debió declarar ante el juez penal de 17º Turno, Carlos García, en el marco de una investigación por torturas en la ex sede de la DNII. Se trata de una denuncia presentada por varios militantes del PCU y la UJC, referidas a los tratos “inhumanos, crueles y degradantes” a que fueron sometidos en esa dependencia policial entre 1973 y 1983. 


Varios ex presos políticos, algunos de los cuales eran menores de edad, señalaron a Guldenzoph como partícipe de las sesiones de tortura. Dijeron que actuaba con sadismo, y que lo identificaron por su voz. Ante esto, la Sede dispuso su citación como indagado. El Charleta presentó sucesivos recursos para evitar declarar, pero todos fueron negados. Finalmente, concurrió dos veces ante la Sede. En ambas oportunidades, la última en agosto de 2015, “se negó a declarar en audiencia por recomendación de sus abogados”. Guldenzoph presentó un escrito con su testimonio y se limitó a hacer referencia a lo que allí decía, dijeron fuentes judiciales a Caras y Caretas. 


En esta causa, además de Guldenzoph y algunos oficiales de la DNII, es indagado otro “traidor” del PCU: Ariel Ricci, sindicado por varios militantes comunistas como un activo colaborador de los servicios represivos. Su paradero es desconocido desde hace años, aunque se sabe que se dedicó al budismo. El juez García libró, a pedido de la Fiscalía, una orden a Interpol para que se lo ubicara. El testimonio de su hijo, quien viajó a Uruguay para declarar en su contra, allanó el camino. De acuerdo con la información aportada por él, Ricci está radicado desde hace varios años en San Pablo (Brasil). La Justicia uruguaya envió un exhorto a su par brasileña para que su testimonio sea recabado a través de mecanismos de cooperación internacional, pero no se descarta solicitar su extradición. 


La denuncia de Araújo 


La participación de Guldenzoph en actos de tortura fue denunciada en el Parlamento el 2 de julio de 1985, por el entonces senador Germán Araújo. Ese día, el ex legislador del Frente Amplio –quien fue desaforado previamente a la aprobación de la ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado– narró en la Cámara las denuncias que pesaban sobre el Charleta y otros integrantes de la DNII. 


“A este señor habrán de reconocerlo, seguramente, cientos y cientos de torturados. No sólo fue uno de los más activos torturadores, sino que además se sintió siempre muy seguro –con gran respaldo– y disfrutaba con quitar capuchas por unos segundos para que alguien lo reconociera. A este señor, últimamente, se lo ha podido ver en el Canal 1 de la radio televisión francesa. Tenemos aquí el video tape. Es que ahora, el señor Guldenzoph, además de ser un sádico torturador de la Policía uruguaya, es uno de los más calificados voceros de la Secta Moon en Montevideo”, afirmó Araújo. 


“Aquí está el video-tape del programa que la radio televisión emitió sobre la Secta Moon y su organización en nuestro país, y aquí están las declaraciones de su vocero, el señor Guldenzoph. Este hombre aceptó, además, formar parte del cuerpo militar de la Secta Moon. Todo un personaje de la seguridad nacional. Naturalmente, todo esto debe ir a manos de la Justicia, para que actúe”, agregó. 

Araújo sustentó su denuncia parlamentaria en los testimonios de varios ex presos políticos, en su mayoría militantes del PCU y de la UJC, que identificaron a Guldenzoph como participante en esas sesiones de tortura. Entre ellos estaban el director de Caras y Caretas, Alberto Grille, y los ex militantes comunistas Gonzalo Carámbula y Ofelia Fernández. Todos señalaron al integrante de la Secta Moon como uno de los torturadores. 


En la mencionada sesión parlamentaria Araújo leyó los relatos que daban cuenta de esas sesiones de tortura. Carámbula contó los tormentos a los que fue sometido: “Me ataron boca abajo sobre una tabla que permitía dejar la cabeza colgando. Al levantar el extremo posterior, en el que tenía atados los tobillos, la cabeza se sumergía en un tacho con agua. Participaban de la sesión unas cuatro o cinco personas, a juzgar por las voces y el manipuleo de la tabla. Quizás sorprenda que comente que no me resultaba tan dramático tragar agua hasta pensar en morir, como cuando me sacaban la cabeza pero no me dejaban respirar inmediatamente, presionando la capucha”. 


“De pronto entraron riéndose y comentando cuestiones de fútbol. Comenzó la paliza, luego la picana. Ya casi no me preguntaban nada. Reían. La electricidad me hacía contornear, girar, mover como una ‘gallina loca’, al decir de un torturador. Descalzo y desnudo, tocaban con la picana el charco y mi cuerpo y todo era igual. Me caía, daba vueltas, me paraba, volvía a caer en medio de sus risas. Se terminó. Quedé allí parado”, continuó Carámbula en su relato. 

Posteriormente, recordó a Guldenzoph: “También pude constatar la presencia en todo ese período de Jorge Guldenzoph, a quien también conocía de antes. Recuerdo particularmente que discutía con otros oficiales y les insistía sobre la necesidad de dotar a los jóvenes de Secundaria de una ideología, que no bastaba con perseguir a los comunistas. Según información posterior que pude obtener, esta persona, que creo fue la que corroboró mi identidad desde la acera, según conté al principio, participó en el congreso que realiza la Secta Moon en el pasado mes de marzo de 1984”. 



Araújo también leyó el testimonio de Grille: “Había pasado mucho tiempo. ¡Estaba tan confuso! Rememoraba las horas pasadas: los golpes, el submarino, el dolor terrible del primer diente roto, los gritos desesperados de Ofelia y su resistencia invencible, la cara amoratada de Roberto, el llanto del bebe de Kaliopi, el rostro sonriente del Charleta Guldenzoph. Comenzaba a soñar despierto; mi casa, Alba, los chiquilines, los uniformados que sacaban los colchones a la calle, se aglomeraban los vecinos, protestaban, acumulaban los libros en una gran hoguera. […] Empiezo a familiarizarme con las voces de los torturadores. Conozco al Charleta, a Presa, al Oreja. ¿Cómo será la cara de Boris Torres? ¿Qué altura tendrá? Pasé la noche de plantón; sentí la voz de Presa y del ‘Capitán’ Guldenzoph mientras interrogaban a Ofelia. Ofelia grita, llora; implora por su madre, que hace más de un año que falleció. Creo que estoy dormido de pie. Los sueños son más hermosos que la realidad: los sueños de los presos siempre son más bellos que la realidad. Despierto con un resplandor y la voz de un fajinero que ordena levantar los colchones para baldear”, narró Grille. Con el tiempo, los testimonios de cargo contra Guldenzoph se continuaron acumulando. Ahora, deberá resolver la Justicia. 





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