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10/12/2017

Una fecha para luchar contra todo tipo de colonizaciones, también la tecnológica.




Una fecha para luchar contra todo tipo de 
colonizaciones, también la tecnológica.

El 12 de octubre, tradicionalmente, se celebra la fecha en 
que los “conquistadores” españoles “descubrieron” América.
 Para los pueblos de Abya Yala (así denominaban el continente 
antes de que los invasores llegaran) este día no es una fecha de 
celebraciones, sino para rememorar la resistencia indígena frente a la invasión.
Pero, ¿por qué recordamos en Radios Libres esta colonización? 
Pues porque es una excusa perfecta para hablar de otro tipo de 
colonizaciones, las que invadieron nuestras cabezas y computadoras.
 Invasiones más normalizadas contra las que presentamos 
menos resistencia e incluso justificamos con argumentos 
como “es que lleva mucho tiempo liberarse”, “es un esfuerzo muy grande”,
 “no todo funciona tan bien” y un largo etcetera.
¿Contra qué tipo de colonizaciones tecnológicas tendríamos 
que resistir?

Colonizaron nuestro lenguaje

No abrimos el procesador de texto, sino “word”. No pedimos que nos 
manden una hoja de cálculo sino un “excel”. Ya no buscamos en Internet, 
sólo “googleamos”. Y cuando modificamos una foto 
estamos “phothosopeando”.
Las palabras son fundamentales a la hora de construir la realidad. 
Comenzar a nombrar las cosas adecuadamente es el principio para 
concebirlas de forma distinta. Algo que parece obvio en temas de 
género donde asumimos la necesidad de utilizar un lenguaje inclusivo 
para visibilizara a las doctoras y juezas, nos cuesta aún en los temas tecnológicos.

Colonizaron nuestras computadoras

Y lo hicieron tan bien que vemos normal que cuando compramos una
 computadora venga con un sistema operativo preinstalado. Software 
que, además, cada vez es más complejo desinstalar. Es como si 
compráramos un reproductor de música y ya viniera con las canciones 
que los vendedores decidieron que teníamos que escuchar y nos
 impidieran escuchar otras. Por cierto, ese software que viene preinstalado 
no es gratis, es parte del precio que pagamos al comprar la computadora.

Colonizaron nuestras escuelas y las universidades

Con la eficiente estrategia de “regalar” licencias educativas los sistemas 
privativos se fueron enquistando en las computadoras de colegios y 
universidades. Los alumnos y alumnas consumen esa primera dosis 
de software privativo y quedan enganchados para siempre. 
Cuando llegan a un puesto de trabajo solicitan trabajar con los programas 
que conocen y las empresas requieren que sepan manejar los programas 
que “usa el mercado”.
Un círculo vicioso impuesto por las grandes multinacionales del software
 que se podría romper obligando al sistema educativo a enseñar ambas
 alternativas, la privada y la libre, y que sean estudiantes o trabajadores quienes elijan.

Colonizaron nuestros principios

Mientras que en otros frentes los movimientos sociales no tenemos 
dudas de quiénes son los antagónicos (extractivistas, mineras, 
agronegocios, maquilas,...) en el terreno de la tecnología todo se 
vuelve más difuso. Por ejemplo, justificamos usar “herramientas del 
imperio” (Facebook, Google,..) y aceptar todas sus condiciones para
 “hacer la revolución desde dentro” o “porque ahí está todo el mundo”, 
pero nunca usaríamos argumentos similares para pactar con
 asociaciones privadas de medios de comunicación.
Aún hay quienes opinan que instalar software ilegal (“pirata”) en sus 
computadoras es una forma de resistencia contra el monopolio privativo
 del software. Pero de seguro nunca incentivarían la siembra de semillas 
transgénicas aunque no hubieran tenido que pagar por ellas.

Postergamos los procesos de migración alegando “que lleva mucho
 tiempo aprender nuevos programas” pero de seguro le reprocharíamos 
a alguien que alegue que realiza una charla sólo con hombres economistas 
o científicos porque son muchos más y le llevaría más tiempo buscar a mujeres que tengan esa profesión.

Santiago Garcia Gago

https://radioslibres.net/article/12-de-octubre-dia-de-la-resistencia-informatica/

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¿DÓNDE ESTÁ PARADO EL VATICANO? Pedro Pierre ¡Oh sorpresa! El Vaticano, más exactamente el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, prohíbe a las y los laicos comentar la palabra de Dios durante las celebraciones de la Eucaristía. Eso es la respuesta que dio el Dicasterio de la liturgia en el Vaticano a los obispos alemanes que solicitaban mayor participación de las y los laicos en las celebraciones eucarísticas. Esta negativa sorprendió no solamente a los obispos alemanes sino también a muchos católicos por todas partes. Aparece como una contradicción con la apertura que el Concilio Vaticano 2° había demostrado al insistir sobre la promoción de todos los bautizados para que sean más activos tanto en la responsabilidad de ‘evangelizar’ o sea transmitir la Buena Nueva de Jesús de Nazaret como de participar activamente en la celebración de los sacramentos. La prohibición del Vaticano contradice la propuesta de sinodalidad por la que tanto insistió el papa Francisco, afín de combatir el clericalismo de los sacerdotes y obispos. En su discurso durante la 18ª Congregación General del Sínodo de la Sinodalidad (25 de octubre de 2016) mencionó que “el clericalismo es el cáncer de la Iglesia”. Lo criticó como “una forma de mundanidad que ensucia y daña al pueblo fiel de Dios”. De hecho, se definió la sinodalidad como la puesta en marcha en la Iglesia católica de la igualdad de todos los bautizados y su igual participación en las actividades y decisiones que se tomen en las parroquias, las diócesis y la Iglesia toda. Esta tajante afirmación del Vaticano se opone también a lo que afirmó la Asamblea Eclesial, o sea laicas y laicos, sacerdotes y obispos latinoamericanos reunidos en México en 2021: “Las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) son un ejemplo concreto de Iglesia sinodal”… En miles de parroquias de América Latina, decenas de miles de laicas y laicos son los responsables de la evangelización y celebración de los sacramentos en lugares donde los sacerdotes no llegan o llegan una vez al año. El mismo papa Francisco consideró que el Documento final de esta Asamblea Eclesial de México era “un laboratorio de la sinodalidad”. En estos mismos días, el papa León 14 se está reuniendo con los cardenales “pidiéndoles su apoyo” para la gobernanza de toda la Iglesia. Casualmente el cardenal Nicolás López Rodríguez de República Dominicana afirma: "Necesitamos regresar al primer siglo de la Iglesia, no a las tradiciones de hace uno, dos o tres siglos". En la misma línea, los cardenales Jean‑Paul Vesco, arzobispo de Argel, y Giorgio Marengo, prefecto apostólico de Ulán Bator en Mongolia, describen una misión entendida no como activismo, sino como una presencia humilde, relacional y llena de esperanza, llamada a anunciar el Evangelio en el corazón de sociedades que no han sido modeladas por el cristianismo. Por otra parte, resulta significativo que los Evangelios nunca presenten a Jesús como sacerdote. Lo llaman profeta, maestro, mesías, hijo del hombre, enviado de Dios, pero jamás sacerdote. La categoría sacerdotal aparecerá posteriormente en la Carta a los Hebreos, precisamente para explicar la originalidad absoluta de su misión: en Cristo se produjo un verdadero "cambio del sacerdocio". Jesús no pertenecía a la tradición sacerdotal de Aarón. No ejerció su misión desde el templo. No formaba parte de la casta sacerdotal. No se separó del pueblo para representar lo sagrado. Al contrario, su sacerdocio consistió precisamente en romper esa lógica religiosa. Mientras el sacerdocio del Antiguo Testamento se definía por la separación, Jesús se definió por la identificación y la cercanñia con los hombres y mujeres de su tiempo. Mientras el sacerdote tradicional ascendía hacia Dios desde el ámbito de lo sagrado, Jesús representó a un Dios que desciende hacia la humanidad y especialmente hacia los y las pobres, las personas excluidas y sufrientes. Su sacerdocio nació no de la distancia sino de la cercanía, no del privilegio sino de la solidaridad, no del poder sino del servicio, no del templo sino de la vida. Y alcanzó su culminación no en un santuario sagrado sino en una cruz levantada fuera de la ciudad, en el lugar de las personas marginadas. El sacerdocio de Jesús constituye una crítica permanente a toda forma de sacerdocio que tienda a separarse del pueblo, a elevarse sobre él o a monopolizar la mediación religiosa. El sacerdocio de Jesús fue el sacerdocio laico de la compasión, como él de todos los bautizados de hoy. Por estas y otras razones, las críticas en los medios de comunicación no se hicieron esperar: “El Dicasterio para la liturgia ha vuelto a cerrar la puerta que el Concilio Vaticano II entreabrió hace más de sesenta años¿ - El púlpito prohibido: Roma cierra la boca a los laicos en misa - La homilía prohibida: ¿la iglesia vuelve a elegir la cristiandad? - ¿Por qué Roma no prohíbe de paso predicar a muchos curas? - Los católicos alemanes se rebelan ante el 'No' del Vaticano a la predicación de los laicos en las misas - La iglesia que calla al pueblo: cuando el púlpito se convierte en frontera - ¿Qué sacerdocio quiere representar hoy la Iglesia? …” Recordemos el “sentido de fe” del Pueblo de los bautizados que es norma de fe, el famoso “sensus fidei” de la tradición de la Iglesia católica. Según lo repitió el papa Franciso: “Este discernimiento sobrenatural es suscitado y sostenido por el Espíritu de la verdad, lo que permite a los cristianos reconocer y seguir la acción de la gracia de Cristo en su vida diaria”. A pesar de los pesares, sigamos construyendo el sueño del papa Juan 23 retomado por el papa Francisco: “La Iglesia es de todos, pero más especialmente es la Iglesia de los pobres”. Confirmémonos en la opción por los pobres tal como lo dijeron los obispos latinoamericanos en su reunión de Puebla (México, 1979): Los invitamos a “aceptar y asumir la causa de los pobres como si fuera su propia causa, la causa de Cristo”. Trabajemos para que seamos lo que nos encomendaron el día de nuestro bautismo: “Eres profeta, sacerdotes y rey-pastor”.

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