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9/11/2017

Civiles en la dictadura Uruguaya

Acá están estos son los civiles dictadores
Lista incompleta a llenar con memoria y datos concretos con condena social

                             

Uruguay tuvo cuatro dictadores, tres fueron civiles: Juan María Bordaberry, Alberto Demicheli, Aparicio Méndez y finalmente el Gral Gregorio Conrado Alvarez ( El Goyo).

Ocuparon la Secretaría de la Presidencia: Alvaro Pacheco Seré, Luis Vargas Garmendia, Angel Mario Scelza.
Al frente del Ministerio del Interior estuvieron solamente militares. En el Ministerio de Defensa: Walter Ravena y Justo M. Alonso. En Relaciones Exteriores: Juan Carlos Blanco, Alejandro Rovira, Adolfo Folle Martínez, Estanislao Valdés Otero y Carlos Maeso.

En Economía y Finanzas: Moisés Cohen, Raúl Pazos, Alejandro Végh Villegas, Valentín Arismendi, Walter Lusiardo y nuevamente Végh Villegas que repitió.
En Ganadería, Agricultura y Pesca: Benito Medero, Héctor Albuquerque, Julio Aznárez, Estanislao Valdés Otero, Jorge León Otero, Juan Carlos Cassou, Félix Zubillaga y Carlos Mattos Moglia.
En Trabajo: José Enrique Etcheverry Stirling, Marcial Bugallo, Carlos Maeso y Luis A. Crisci.
Educación y Cultura: Edmundo Narancio, Daniel Darracq, Raquel Lombardo de De Betolazza, Juan Bautista Schroeder y Armando López Scavino.
Industria y Energía: Luis Meyer, Adolfo Cardozo Guani, Francisco Tourreilles, Juan Chiarino Rossi y Felisberto Ginzo Gil.
Salud Pública: Juan Bruno Iruleguy, Justo M. Alonso, Antonio Cañellas y Luis Givogre.
Transporte, Comunicaciones y Turismo: Francisco Mario Ubillos, cuando se transformó en Transporte y Obras Públicas, estuvieron Eduardo Crispo Ayala y Eduardo Sampson.
En el Ministerio de Justicia, creado por la dictadura para terminar con cualquier atisbo de independencia del Poder Judicial, estuvieron: Fernando Bayardo Bengoa, Julio César Espínola y Enrique Frigerio.
Varios civiles ocuparon las subsecretarías de los ministerios de la dictadura: Roberto Augusto Neri, Luis Vargas Garmendia y Jorge Amondarain Mendoza (Interior); Armando Chiarino Aguirre (Defensa Nacional), Guido Michelin Salomón, Enrique Delfante, Julio César Lupinacci, Felisberto Ginzo Gil y Heber Arbouet (Relaciones Exteriores); Ernesto Rosso y Valentín Arismendi (Economía); Lázaro Gurevich, Juan Carlos Cassou y Tydeo Larre Borges (Ganadería); Alfredo Baeza y Ramón Malvasio (Trabajo); Carlos Alberto Roca, Héctor Mario Artucio, Luis Antonio Menafra y Martín C. Martínez (Educación), Elías Pérez (Industria); Mario Arcos Pérez, Jorge Nin Vivó y Luis Nicoletti Torchelo (Salud Pública); José Calatayud Bosch, Heber Arbouet, Juan Pablo Schroeder y Dante Barrios de Angelos (Justicia).

El Consejo de Estado
La dictadura disolvió las Cámaras e ilegalizó los partidos políticos e inventó una verdadera mascarada de Poder Legislativo: el Consejo de Estado.
El primer Consejo de Estado fue designado por Bordaberry y a partir de allí, los miembros eran elegidos por la Junta de Oficiales Generales y los propios consejeros de Estado.
El primer Consejo de Estado fue el siguiente: Martín Recaredo Echegoyen (presidente), Aurora Alvarez de Silva Ledesma, Gladys Freire de Addiego, Maria Luisa Cooighan Sanguinetti, Alberto Demicheli, Aparicio Méndez, Hamlet Reyes, Emilio Siemens Amaro, Julio César Espínola, José Antonio Varela, Jesús Rubio, Daniel Rodríguez Larreta, Juan Rodrígue López, Mario Arcos Pérez, Rodolfo Saccone, Alfredo Lamaison, Mario Gaggero, Raúl Clerc, José Francisco Franca, Osvaldo Soriano, Enrique Viana Reyes, Alfredo Cardoso Arrarte, Eduardo Praderi, Mario Jorge Coppetti, y Jorge Spangenberg.
En 1976 se produjo una importante renovación del Consejo de Estado, quedó integrado de la siguiente manera: doctor Hamlet Reyes (presidente), Aurora Alvarez de Silva Ledesma, Maricos Arcos Pérez, Mario Jorge Coppetti, Julio César Espínola, José Francisco Franca, Mario Gaggero, Eduardo Praderi, Daniel Rodríguez Larreta, Osvaldo Soriano, Enrique Viana Reyes, Jorge Laborde Bercianos, Martín C. Martínez, Willy Patocchi, Blanco Amorós de León de Dutra, José Carlos Brun Cardoso, Marcial Bugallo, Eduardo Crispo Ayala, José Enrique Echeverry Stirling, Bertand Gruss, Rafael Ravera Giuria, Pedro P. Rivero, Alberto Rodríguez Marghieri, Jorge Seré del Campo y Alejandro Végh Villegas.
En setiembre de 1981 con la asunción de Gregorio Alvarez se realiza otra renovación del Consejo de Estado y además se aumentó su número de 25 a 35.
La integración era la siguiente: Hamlet Reyes (presidente), Marcial Butallo, Federico García Capurro, Eduardo Praderi, Walter Belvisi, Norberto Bernachin, Gervasio Gónzalez, Adolfo Gutiérrez, Néstor Bolentini, Pedro W. Cersósimo, Wilson Craviotto, brigadier general Raúl Bendhan, Alberto Aguiar, Hugo Amondarain, Fernando Assuncao, Bernardo Barran, Daniel Barreiro, Domingo Burgueño Miguel, Juan J. Burgos, Eduardo Carrera Hughes, Rodolfo Ciganda, Luis A. Crisci, Waldemar Cuadri, Alfredo De Castro, Milton de los Santos, Eduardo Esteva, Juan Santana Echeverrito, Antonio Gabito Barrios, Manuel Gastelumendi, Carlos A. Gelpi, Alfonso Greissing, Irma Lamanna, Ricardo Milessi, Genaro Perinetti García y Ruben Riani.

Finalmente también integraron el Consejo de Estado completando una nómina de 113 a lo largo de toda su historia: Jorge Amondarain Mendoza, María Ruth Andrade Ochoa, Enrique Arocena Olivera, Dardo Casas del Río, Alberto del Pino Borallo, Luis O. Dini, Juan P. Ferreira, Werther Martínez, Miguel Pereira Serra, Cesalino Silveira, Armando Barhaburu Bagalciague, Jorge Borlandelli, Gilver Cagnone, Francisco Cantou, Eduardo Galagorri Bruche, contralmirante Víctor Gónzalez Ibargoyen, Antonio Guerra, Hugo Manini Ríos, Julio César Michelli, Pablo Millor, Daniel Ordoñez, Víctor Ortiz, Miguel Peirano, Ridcardo Reilly Salaverry, Emilio Sader, Nelson Simonetti, Atanasildo Viera y Ariel Villar.

El "Poder" Judicial
A partir del Acta Institucional número 8 y la creación del Ministerio de Justicia, el Poder Judicial perdió toda su autonomía.
Los magistrados al asumir sus cargos juraban respeto a las actas institucionales de la dictadura y no sólo a la Constitución. La Suprema Corte de Justicia perdió la primera parte de su nombre y se llamó Corte de Justicia.
En 1977 la Suprema Corte estaba integrada por: Francisco Jos, Marcora, Romúlo Vago, Carlos H. Dubra, José Pedro Gatto de Souza y Sabino Dante Sabini.
En 1984 al final de la dictadura sus integrantes eran: Rafael Adiego Bruno, José Pedro Gatto de Souza, Ramiro López Rivas, Sara Fons de Genta y Juan José Silva Delgado.
También integraron la Corte durante la dictadura, José Pedro Igoa, Eric Colombo y Enrique V. Frigerio.
En 1977 integraban el Tribunal de lo Contencioso Administrativo Miguel Férnandez Viqueira, César Canessa Etcheverry, Alberto Reyes Terra, Ramiro López Rivas y Víctor Maestro Toletti. En 1984 eran sus miembros: Víctor Maestro Toletti, Orlando Olmedo, Francisco D´Angelo, Héctor Clavijo y José Julio Folle. También integró este organo Hilda Moltedo de Espíndola.

Cargos de confianza
Estuvieron en el Tribunal de Cuentas: Julio V. Canessa, Roberto Lasale, Washington Fernández, Humberto Balletto, Juan José Fraschini, Ulises Morassi y Lliri Pedro Sassi.
En el Instituto Nacional de Colonización, Walter Arias, Tydeo Larre Borges (hijo), Omar Aguirre y Carlos Zitta.
La intervención del Sindicato Médico fue al principio colectiva y estuvo integrada por: Eustaquio Montero, Mauricio Lionel Vidal, Roberto Falchetti, Raúl Bartesaghi y Mario Artecona. Después fue unipersonal y la asumieron, Juan Tarrasa y Mario Genta.
En el Consejo Nacional de Turismo estuvieron, Adolfo Agorio, Jorge Fagel Figari, Julio Jorge Núñez Queirós y Víctor Paullier Martínez.
También tuvieron cargos de confianza durante la dictadura entre otros: José A. Barrio y Ruben Gayol (inspectores generales de Trabajo); Romeo Maeso Sueiro (director de Aduanas); Ernesto Castaldi (director de Migraciones), Jorge Ponce de León Previtalli y Miguel Angel Loureiro (directores de la Contaduría General de la Nación); Danilo Arbilla y Barret Puig (director y subdirector de la oficina de Difusión e Información de la Presidencia de la República); José María Michietti (Seplacodi); Eduardo Peile (INAC); David Manuel Cukierman (tesorero general de la Nación); Manuel Berger (director nacional de Energía); Héctor Volpe (presidente de la Junta de Vecinos de Montevideo); Horacio Parodi (Estadísticas y Censo); César Esperanza y Remigio Dante Gabin, (directores nacionales de Industria); Julio Aznárez (presidente del Plan Agropecuario); Mario Tissoni y Daniel Gamarra (director y subdirector de la Oficina de Servicio Civil); Sarandí J. Silveira (director de Dinacoprin); Raúl Xavier (DGI); Jorge Sienra y Santiago Acuña (directores de Comercio Exterior) y Angela Chiola de Píriz (directora nacional de Trabajo).

Los diplomáticos
Fueron embajadores de la dictadura, entre otros, Jorge Pacheco Areco, Adolfo Folle Martínez, Carlos Manini Ríos, José Enrique Echeverry Stirling, Edgardo Abella, Raúl Soriano Mesía, Fernando Gómez Fyn, Osvaldo Soriano, Francisco Mario Ubillos, Raquel Lombardo de De Betolaza, Francisco Bustillo del Campo, Buenaventura Caviglia, Alvaro Alvarez, Gastón Sciara Rebollo, Carlos Duarte, Raúl Benavidez y Adolfo Silva.
Carlos Alberto Roca y Carlos Gianbruno fueron representantes permanente ante la ONU; Martín C. Martínez en la Unesco; Mateo Márquez Seré, Carlos Alberto Roca y Francisco Bustillo del Campo ante la OEA.
En
la nada sencilla tarea de defender a la dictadura frente a la la Comisión de Derechos Humanos de la ONU estuvieron: Carlos Giambruno, Juan José Real, Zulma Guelman, Luis A. Carrese, Carlos Nadal, Carlos Barros Oreiro, Alvaro Moerzinger, José Calatayud Bosch, Ruben Díaz Porto y Graziella Dubra.

La Universidad Intervenida
Desde su intervención, en noviembre de 1973, la Universidad tuvo como rectores desingandos: Edmundo Narancio, Gustavo Nicolich, Jorge Anselmi, Enrique Viana Reyes, Raquel Lombardo de De Betolaza, Luis Antonio Menafra y Gonzalo Lapido Díaz.
En la Facultad de Derecho fueron decanos: Raúl Abraham, Valentín Sánchez, Luis Sayagués Laso, Manuel Adolfo Vieira, Blass Rossi Masella y Manuel Orlando López. En Medicina: Gonzalo Fernández, Eduardo Anvavitarte, Gonzalo Lapido Diaz y Carlos Oenhinger.
En Ciencias Económicas: Jorge Anselmi y Nilo Berchesi. En Agronomía: Adolfo Berro, Daniel Faggi y Armando Rabufetti. En Odontología: Hugo Amorín, Miguel Banchieri, Walter Lieber Belli y José B. Costas.
En Humanidades: Miguel Klapenbach y Rodolfo Gori Carrara. En Arquitectura: Gustavo Nicolich, Reclus Amenedo y Juan José Casal Rocco.
En Química: José Delfino Lema, Raquel Lombardo de De Betolazza, Luis Menafra y Firvalier Bassagoda. Ingeniería: Alfredo de Santiago, Juan Carlos Patetta Queirolo, Norberto Faroppa y Héctor Ibarlucca. Veterinaria: Carlos Olave Castro, Gustavo Cristi, Héctor Lazcano, Oscar Latourrette, Mario Argunde y Carlos Muniz.
En la dirección de la Escuela de Servicio Social se sucedieron Alberto Leizagoyen y José Botta Roccatagliata; en la de Psicología estuvo Mario Saiz; en el Conservatorio de Música, Pedro Ipuche Riva; en el Instituto de Economía, Alberto Bensión y en el de Estudios Sociales, Ulises Graseras.

En la Enseñanza
La
dictadura creo el Conae que regía la enseñanza primaria, secundaria y técnica, fueron rectores de ese organismo: Elzeario Boix Larriera, Daniel Ferreira y Ramiro Mata; fue director general, Mario Roldós Puis y secretario general Eleuterio González.
Primaria estuvo a cargo de Pedro Freire y Miguel Ribolla; Secundaria de Fernando Bosch, Carlos Pascual y Juan Carlos Laborde y la enseñanza técnica de Enrique Kliche y Miguel Curbelo Platero
Entes y Servicios
En los entes fue especialmente claro el predominio militar, hubo incluso algunos cuyos directorios no fueron integrados por civiles, como ANP, Pluna y AFE. Sin embargo también esta área hubo civiles que colaboraron.
En OSE estuvieron: Juan Carlos Payseé, Ricardo Bengoa Rodríguez, Nicolás Goloubinstseff, Pedro Eccheverrigaray, Horacio Paullier Puig, Alberto Barragu, Fasoli y Néstor Russo.
En Antel, Norberto Faroppa, Edison García Regueiro, Isidro Vila, Hugo Federico Aguiar, Carlos Corti Moreno y Antonio Stella.
En Ancap: Bertrand Gruss Dassain, Enrique Víctor Conde, Raúl Manuel Pazos y Alberto Carlevari.
En UTE, Juan José Castro y Marta Casabó.
En el Sodre se desempeñaron: Emilio Massobrio, Eric Simon, Jorge Rodríguez Deluchi e Imazul Fernández.
En el Consejo del Niño: Mario Cantón, Juan Antonio Baglivi, María Teresita Farías de Pastorell y Nelly Violeta Sarasúa de Siqueira.
En el Banco de Previsión Social actuaron, Juan Buccino Clérico, Ricardo Arguello Bellini, Alfredo Lamaison y Jaime Bonsignore. Fueron directores generales de la Seguridad Social: Alfredo Ruiz Popelka y Juan Femenías Iglesias y subdirector, Luis Givogre, quien también estuvo al frente de Asignaciones Familiares, al igual Ruben Gayol.
Los banqueros de la dictadura
En la presidencia del Banco Central estuvieron José Gil Díaz, José María Puppo y Juan Carlos Protassi. Integraron el directorio Carlos Koncke, Luis Romero Diano y Julio César Pacchioti.
En el Banco República estuvieron Moisés Cohen, Raúl Ferraro y Herman Bolívar Castro. El Banco Hipotecario estuvo presidido por Julio César Luongo, a quien acompañaron Ernesto Llovet, Alberto Romaniello y Angel Mario Scelza, además de altos oficiales de la Fuerza Aérea. En el Banco de Seguros actuaron Federico Braum González, Osorio de Salterain, Osvaldo Sánchez Márquez y Carlos Ravenna.

Corte Electoral
La Corte Electoral estuvo en desuso, pero igualmente estuvo integrada y funcionado prolijamente. La integraron: Nicolás Storace Arrosa, Camilo Pereyra Urueña, Nelson Vicens Alegre y Ricardo Cerro.
La jefa de abogados fue Cristina Maeso y el secretario de asuntos políticos Mario Cataldi.

Los intendentes interventores
La intervención de las comunas estuvo reservada fundamentalmente a militares, para ser interventores tenían que tener el grado de coronel, pero con todo hubo civiles que alcanzaron ese cargo.
En Montevideo, Oscar Racchetti y Juan Carlos Paysée; en Artigas, Bastillo Borgatto; en Canelones, Gervasio Gónzalez; en Cerro Largo, Juan José Burgos, en Flores, Pedro Ramos Mañe; en Lavalleja, Juan Salaberry Olascoaga y Oribe Pereyra Parada; en Paysandú, Walter Belvisi; en Rivera, Ariel Pereyra y Adolfo Gutiérrez; en Rocha, Milton de los Santos; en Salto, Néstor Minutti; en San José, Juan Chiruchi; en Tacuarembó, Norberto Bernachin y en Treinta y Tres, Ruben Silveira Zuoloaga.


* Fuentes: CONCOSUR. Carta Popular. La Fogata. Lista de Ex presas/os y Familiares














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¿DÓNDE ESTÁ PARADO EL VATICANO? Pedro Pierre ¡Oh sorpresa! El Vaticano, más exactamente el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, prohíbe a las y los laicos comentar la palabra de Dios durante las celebraciones de la Eucaristía. Eso es la respuesta que dio el Dicasterio de la liturgia en el Vaticano a los obispos alemanes que solicitaban mayor participación de las y los laicos en las celebraciones eucarísticas. Esta negativa sorprendió no solamente a los obispos alemanes sino también a muchos católicos por todas partes. Aparece como una contradicción con la apertura que el Concilio Vaticano 2° había demostrado al insistir sobre la promoción de todos los bautizados para que sean más activos tanto en la responsabilidad de ‘evangelizar’ o sea transmitir la Buena Nueva de Jesús de Nazaret como de participar activamente en la celebración de los sacramentos. La prohibición del Vaticano contradice la propuesta de sinodalidad por la que tanto insistió el papa Francisco, afín de combatir el clericalismo de los sacerdotes y obispos. En su discurso durante la 18ª Congregación General del Sínodo de la Sinodalidad (25 de octubre de 2016) mencionó que “el clericalismo es el cáncer de la Iglesia”. Lo criticó como “una forma de mundanidad que ensucia y daña al pueblo fiel de Dios”. De hecho, se definió la sinodalidad como la puesta en marcha en la Iglesia católica de la igualdad de todos los bautizados y su igual participación en las actividades y decisiones que se tomen en las parroquias, las diócesis y la Iglesia toda. Esta tajante afirmación del Vaticano se opone también a lo que afirmó la Asamblea Eclesial, o sea laicas y laicos, sacerdotes y obispos latinoamericanos reunidos en México en 2021: “Las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) son un ejemplo concreto de Iglesia sinodal”… En miles de parroquias de América Latina, decenas de miles de laicas y laicos son los responsables de la evangelización y celebración de los sacramentos en lugares donde los sacerdotes no llegan o llegan una vez al año. El mismo papa Francisco consideró que el Documento final de esta Asamblea Eclesial de México era “un laboratorio de la sinodalidad”. En estos mismos días, el papa León 14 se está reuniendo con los cardenales “pidiéndoles su apoyo” para la gobernanza de toda la Iglesia. Casualmente el cardenal Nicolás López Rodríguez de República Dominicana afirma: "Necesitamos regresar al primer siglo de la Iglesia, no a las tradiciones de hace uno, dos o tres siglos". En la misma línea, los cardenales Jean‑Paul Vesco, arzobispo de Argel, y Giorgio Marengo, prefecto apostólico de Ulán Bator en Mongolia, describen una misión entendida no como activismo, sino como una presencia humilde, relacional y llena de esperanza, llamada a anunciar el Evangelio en el corazón de sociedades que no han sido modeladas por el cristianismo. Por otra parte, resulta significativo que los Evangelios nunca presenten a Jesús como sacerdote. Lo llaman profeta, maestro, mesías, hijo del hombre, enviado de Dios, pero jamás sacerdote. La categoría sacerdotal aparecerá posteriormente en la Carta a los Hebreos, precisamente para explicar la originalidad absoluta de su misión: en Cristo se produjo un verdadero "cambio del sacerdocio". Jesús no pertenecía a la tradición sacerdotal de Aarón. No ejerció su misión desde el templo. No formaba parte de la casta sacerdotal. No se separó del pueblo para representar lo sagrado. Al contrario, su sacerdocio consistió precisamente en romper esa lógica religiosa. Mientras el sacerdocio del Antiguo Testamento se definía por la separación, Jesús se definió por la identificación y la cercanñia con los hombres y mujeres de su tiempo. Mientras el sacerdote tradicional ascendía hacia Dios desde el ámbito de lo sagrado, Jesús representó a un Dios que desciende hacia la humanidad y especialmente hacia los y las pobres, las personas excluidas y sufrientes. Su sacerdocio nació no de la distancia sino de la cercanía, no del privilegio sino de la solidaridad, no del poder sino del servicio, no del templo sino de la vida. Y alcanzó su culminación no en un santuario sagrado sino en una cruz levantada fuera de la ciudad, en el lugar de las personas marginadas. El sacerdocio de Jesús constituye una crítica permanente a toda forma de sacerdocio que tienda a separarse del pueblo, a elevarse sobre él o a monopolizar la mediación religiosa. El sacerdocio de Jesús fue el sacerdocio laico de la compasión, como él de todos los bautizados de hoy. Por estas y otras razones, las críticas en los medios de comunicación no se hicieron esperar: “El Dicasterio para la liturgia ha vuelto a cerrar la puerta que el Concilio Vaticano II entreabrió hace más de sesenta años¿ - El púlpito prohibido: Roma cierra la boca a los laicos en misa - La homilía prohibida: ¿la iglesia vuelve a elegir la cristiandad? - ¿Por qué Roma no prohíbe de paso predicar a muchos curas? - Los católicos alemanes se rebelan ante el 'No' del Vaticano a la predicación de los laicos en las misas - La iglesia que calla al pueblo: cuando el púlpito se convierte en frontera - ¿Qué sacerdocio quiere representar hoy la Iglesia? …” Recordemos el “sentido de fe” del Pueblo de los bautizados que es norma de fe, el famoso “sensus fidei” de la tradición de la Iglesia católica. Según lo repitió el papa Franciso: “Este discernimiento sobrenatural es suscitado y sostenido por el Espíritu de la verdad, lo que permite a los cristianos reconocer y seguir la acción de la gracia de Cristo en su vida diaria”. A pesar de los pesares, sigamos construyendo el sueño del papa Juan 23 retomado por el papa Francisco: “La Iglesia es de todos, pero más especialmente es la Iglesia de los pobres”. Confirmémonos en la opción por los pobres tal como lo dijeron los obispos latinoamericanos en su reunión de Puebla (México, 1979): Los invitamos a “aceptar y asumir la causa de los pobres como si fuera su propia causa, la causa de Cristo”. Trabajemos para que seamos lo que nos encomendaron el día de nuestro bautismo: “Eres profeta, sacerdotes y rey-pastor”.

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