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7/24/2023

FEDERICO ENGELS

 


 

FEDERICO ENGELS

V. I. Lenin



Escrito: En 1895.
Primera edición: En 1896, en la recopilación Rabótnik, núms. 1-2.
Digitalización: Marxists Internet Archive, 2000.
Fuente: En base a la versión de Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1980.
Esta Edición: Marxists Internet Archive, 2000.




Qué antorcha de la razón se ha apagado!  
Qué gran corazón ha dejado de latir![1]



El 5 de agosto del nuevo calendario (24 de julio) de 1895 falleció en Londres Federico Engels. Después de su amigo Carlos Marx (fallecido en 1883), Engels fue el más notable científico y maestro del proletariado contemporáneo de todo el mundo civilizado. Desde que el destino relacionó a Carlos Marx con Federico Engels, la obra a la que ambos amigos consagraron su vida se convirtió en común. Por eso, para comprender lo que Engels ha hecho por el proletariado es necesario entender claramente la importancia de la doctrina y actividad de Marx para el desarrollo del movimiento obrero contemporáneo. Marx y Engels fueron los primeros en demostrar que la clase obrera, con sus reivindicaciones, es el resultado necesario del sistema económico actual que, con la burguesía, crea y organiza inevitablemente al proletariado. Demostraron que la humanidad se verá liberada de las calamidades que la azotan actualmente, no por los esfuerzos bienintencionados de algunas nobles personalidades, sino por la lucha de clase del proletariado organizado. Marx y Engels fueron los primeros en esclarecer en sus obras científicas que el socialismo no es una invención de soñadores, sino la meta final y el resultado inevitable del desarrollo de las fuerias productivas dentro de la sociedad contemporánea. Toda la historia escrita hasta ahora es la historia de la lucha de clases, del cambio sucesivo en el dominio y en la victoria de una clase social sobre otra. Y esto continuará hasta que desaparezcan las bases de la lucha de clases y del dominio de clase: la propiedad privada y la producción social caótica. Los intereses del proletariado exigen que dichas bascs sean destruidas, por lo que la lucha de clases consciente de los obreros organizados debe ser dirigida contra ellas. Y toda lucha de clases es una lucha política.

En nuestros días todo el proletariado en lucha por su emancipación ha hecho suyos estos conceptos de Marx y de Engels. Pero cuando los dos amigos colaboraban en la década del 40, en las publicaciones socialistas, y participaban en los movimientos sociales de su tiempo, estos puntos de vista eran completamente nuevos. A la sazón había muchos hombres con talento y otros sin él, muchos honestos y otros deshonestos, que en el ardor de la lucha por la libertad política, en la lucha contra la autocracia de los zares, de la policía y del clero, no percibían el antagonismo existente entre los intereses de la burguesía y los del proletariado. Esos hombres no admitían siquiera la idea de que los obreros actuasen como una fuerza social independiente. Por otra parte, hubo muchos soñadores, algunas veces geniales, que creían que bastaba convencer a los gobernantes y a las clases dominantes de la injusticia del régimen social existente para que resultara fácil implantar en el mundo la paz y el bienestar general. Soñaban con un socialismo sin lucha. Finalmente, casi todos los socialistas de aquella época, y en general los amigos de la clase obrera, sólo veían en el proletariado una lacra y contemplaban con horror cómo, a la par que crecía la indus tria, crecía también esa lacra. Por eso todos ellos pensaban cómo detener el desarrollo de la industria y del proletariado, detener "la rueda de la historia". Contrariamente al miedo general ante el desarrollo del proletariado, Marx y Engels cifraban todas sus esperanzas en su continuo crecimiento. Cuantos más proletarios haya, tanto mayor será su fuerza como clase revolucionaria, y tanto más próximo y posible ser á el socialismo. Podrían expresarse en pocas palabras los servicios prestados por Marx y Engels a la clase obrera diciendo que le enseñaron a conocerse y a tomar conciencia de sí misma, y sustituyeron las quimeras por la ciencia.

He ahí por qué el nombre y la vida de Engels deben ser conocidos por todo obrero; tal es el motivo de que incluyamos en nuestra recopilación -- que como todo lo que editamos tiene por objeto despertar la conciencia de clase de los obreros rusos -- un esbozo sobre la vida y la actividad de Federico Engels, uno de los dos grandes maestros del proletariado contemporáneo.

Engels nació en 1820, en la ciudad de Barmen, provincia renana del reino de Prusia. Su padre era fabricante. En 1838, se vio obligado por motivos farniliares, antes de terminar los estudios secundarios, a emplearse como dependiente en una casa de comercio de Bremen. Este trabajo no le impidió ocuparse de su capacitación científica y política. Cuando era todavía estudiante secundario, llegó a odiar la autocracia y la arbitrariedad de los funcionarios. El estudio de la filosofía lo llevó aún más lejos. En aquella época predominaba en la filosofía alemana la doctrina de Hegel, de la que Engels se hizo partidario. A pesar de que el propio Hegel era admirador del Estado absolutista prusiano, a cuyo servicio se hallaba como profesor de la Universidad de Berlín, su doctrina era revolucionaria. La fe de Hegel en la razón humana y en los derechos de ésta, y la tesis fundamental de la filosofía hegeliana, según la cual existe en el mundo un constante proceso de cambio y desarrollo, condujeron a los discípulos del filósofo berlinés que no querían aceptar la realidad, a la idea de que la lucha contra esa realidad, la lucha contra la injusticia existente y el mal reinante procede también de la ley universal del desarrollo perpetuo. Si todo se desarrolla, si ciertas instituciones son remplazadas por otras, ¿por qué, entonces, deben perdurar eternamente el absolutismo del rey prusiano o del zar ruso, el enriquecimiento de una ínfima minoría a expensas de la inmensa mayoría, el dominio de la burguesía sobre el pueblo? La filosofía de Hegel hablaba del desarrollo del espíritu y de las ideas: era idealista. Del desarrollo del espíritu deducía el de la naturaleza, el del hombre y el de las relaciones entre los hombres en la sociedad. Marx y Engels conservaron la idea de Hegel sobre el perpetuo proceso de desarrollo *, y rechazaron su preconcebida concepción idealista; el estudio de la vida real les mostró que el desarrollo del espíritu no explica el de la naturaleza, sino que por el contrario conviene explicar el espíritu a partir de la naturaleza, de la materia. . . Contrariamente a Hegel y otros hegelianos, Marx y Engels eran materialistas. Enfocaron el mundo y la humanidad desde el punto de vista materialista, y comprobaron que, así como todos los fenómenos de la naturaleza tienen causas materiales, así también el desarrollo de la sociedad humana está condicionado por el de fuerzas materiales, las fuerzas productivas. Del desarrollo de estas últimas dependen las relaciones que se establecen entre los hombres en el proceso de producción de los objetos necesarios para satisfacer sus necesidades. Y son dichas relaciones las que explican todos los fenómenos de la vida social, las aspiraciones del hombre, sus ideas y sus leyes. El desarrollo de las fuerzas productivas crea las relaciones sociales, que se basan en la propiedad privada; pero hoy vemos también cómo ese mismo desarrollo de las fuerzas productivas priva a la mayoría de toda propiedad para concentrarla en manos de una ínfima minoría. Destruye la propiedad, base del régimen social contemporáneo, y tiende por sí mismo al mismo fin que se han planteado los socialistas. Estos sólo deben comprender cuál es la fuerza social que por su situación en la sociedad contemporánea está interesada en la realización del socialismo, e inculcar a esa fuerza la conciencia de sus intereses y de su misión histórica. Esta fuerza es el proletariado. Engels lo conoció en Inglaterra, en Manchester, centro de la industria inglesa, adonde se trasladó en 1842 para trabajar en una firma comercial de la que su padre era accionista. Engels no se limitó a permanecer en la oficina de la fábrica, sino que recorrió los sórdidos barrios en los que se albergaban los obreros y vio con sus propios ojos su miseria y sufrimientos. No se limitó a observar personalmente; leyó todo lo que se había escrito hasta entonces sobre la situación de la clase obrera inglesa y estudió minuciosamente todos los documentos oficiales que estaban a su alcance. Como fruto de sus observaciones y estudios apareció en 1845 su libro La situación de la clase obrera en Inglaterra. Ya hemos señalado más arriba cuál fue el mérito principal de Engels como autor de dicho libro. Es cierto que antes que él muchos otros describieron los padecimientos del proletariado y señalaron la necesidad de ayudarlo. Pero Engels fue el primero en afirmar que el proletariado no es sólo una clase que sufre, sino que la vergonzosa situación económica en que se encuentra lo impulsa inconteniblemente hacia adelante y lo obliga a luchar por su emancipación definitiva. Y el proletariado en lucha se ayudará a sí mismo. El movimiento político de la clase obrera llevará ineludiblemente a los trabajadores a darse cuenta de que no les queda otra salida que el socialismo. A su vez, éste sólo será una fuerza cuando se convierta en el objetivo de la lucha política de la clase obrera. Estas son las ideas fundamentales del libro de Engels sobre la situación de la clase obrera en Inglaterra, ideas que todo el proletariado que piensa y lucha ha hecho suyas, pero que entonces eran completamente nuevas. Fueron expuestas en un libro cautivante en el que se describe del modo más fidedigno y patético las penurias que sufría el proletariado inglés. La obra constituía una terrible acusación contra el capitalismo y la burguesía. La impresión que produjo fue muy grande. En todas partes comenzaron a citar la obra como el cuadro que mejor representaba la situación del proletariado contemporáneo. Y en efecto, ni antes de 1845, ni después, ha aparecido una descripción tan brillante y veraz de los padecimientos de la clase obrera.

Engels se hizo socialista sólo en Inglaterra. En Manchester se puso en contacto con militantes del movimiento obrero inglés y empezó a colaborar en las publicaciones socialistas inglesas. En 1844, al pasar por París de regreso a Alemania, conoció a Marx, con quien ya mantenía correspondencia. En París, bajo la influencia de los socialistas franceses y de la vida en Francia, Marx también se hizo socialista. Allí fue donde los dos amigos escribieron La sagrada familia, o crítica de la crítica crítica. Esta obra, escrita en su mayor parte por Marx, y que fue publicada un año antes de aparecer La situación de la clase obrera en Inglaterra, sienta las bases del socialismo materialista revolucionario, cuyas ideas principales hemos expuesto más arriba. La sagrada familia es un apodo irónico dado a dos filósofos, los hermanos Bauer, y a sus discípulos. Estos señores practicaban una crítica fuera de toda realidad, por encima de los partidos y de la política, que negaba toda actividad práctica y sólo contemplaba "críticamente" el mundo circundante y los sucesos que ocurrían en él. Los señores Bauer calificaban desdeñosamente al proletariado como una masa sin espíritu crítico. Marx y Engels protestaron enérgicamente contra esa tendencia absurda y nociva. En nombre de la verdadera personalidad humana, la del obrero pisoteado por las clases dominantes y por el Estado, exigieron, no una actitud contemplativa, sino la lucha por una mejor organización de la sociedad. Y, naturalmente, vieron en el proletariado la fuerza capaz de desarrollar esa lucha en la que está interesado. Antes de la aparición de La sagrada familia, Engels había publicado ya en la revista Anales franco-alemanes, editada por Marx y Ruge, su Estudio crítico sobre la economía politica, en el que analizaba, desde el punto de vista socialista, los fenómenos básicos del régimen económico contemporáneo, como consecuencia inevitable de la dominación de la propiedad privada. Sin duda, su vinculación con Engels contribuyó a que Marx decidiera ocuparse de la economía política, ciencia en la que sus obras produjeron toda una revolución.

De 1845 a 1847 Engels vivió en Bruselas y en París, alternando los estudios científicos con las actividades prácticas entre los obreros alemanes residentes en dichas ciudades.

Allí Engels y Marx se relacionaron con una asociación clandestina alemana, la "Liga de los Comunistas" que les encargó expusieran los principios fundamentales del socialismo elaborado por ellos. Así surgió el famoso Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels, que apareció en 1848. Este librito vale por tomos enteros: inspira y anima, aún hoy, a todo el proletariado organizado y combatiente del mundo civilizado.

La revolución de 1848, que estalló primero en Francia y se extendió después a otros países de Europa occidental determinó que Marx y Engels regresaran a su patria. Allí en la Prusia renana, asumieron la dirección de la Nueva Gaceta Renana, periódico democrático que aparecía en la ciudad de Colonia. Los dos amigos eran el alma de todas las aspiraciones democráticas revolucionarias de la Prusia renana. Ambos defendieron hasta sus últimas consecuencias los intereses del pueblo y de la libertad, contra las fuerzas de la reacción. Como se sabe, éstas triunfaron, Nueva Gaceta Renana fue prohibida, y Marx, que durante su emigración había perdido los derechos de súbdito prusiano, fue expul sado del país; en cuanto a Engels, participó en la insurrección armada del pueblo, combatió en tres batallas por la libertad, y una vez derrotados los insurgentes se refugió en Suiza, desde donde llegó a Londres.

También Marx fue a vivir a Londres; Engels no tardó en emplearse de nuevo, y después se convirtió en socio de la misma casa de comercio de Manchester en la que había trabajado en la década del 40. Hasta 1870 vivió en Manchester, y Marx en Londres, lo cual no les impidió estar en estrecho contacto espiritual: se escribían casi a diario. En esta correspondencia los amigos intercambiaban sus opiniones y conocimientos, y continuaban elaborando en común el socialismo científico. En 1870, Engels se trasladó a Londres, y hasta 1883, año en que murió Marx, continuaron esa vida intelectual compartida, plena de intenso trabajo. Como fruto de la misma surgió, por parte de Marx, El Capital, la obra más grandiosa de nuestro siglo sobre economía política, y por parte de Engels, toda una serie de obras más o menos extensas. Marx trabajó en el análisis de los complejos fenómenos de la economía capitalista. Engels esclarecía en sus obras, escritas en un lenguaje muy ameno, polémico muchas veces, los problemas científicos más generales y los diversos fenómenos del pasado y el presente, inspirándose en la concepción materialista de la historia y en la doctrina económica de Marx. De estos trabajos de Engels citaremos la obra polémica contra Dühring (en ella el autor analiza los problemas más importantes de la filosofía, las ciencias naturales y la sociología)**, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (traducida al ruso y editada en San Petersburgo, 3a ed. de 1895), Ludwig Feuerbach (traducción al ruso y notas de J. Plejánov, Ginebra, 1892)[2], un artículo sobre la política exterior del gobierno ruso (traducido al ruso y publicado en Sotsial-Demokrat, núms. 1 y 2, en Ginebra)[3], sus magníficos artículos sobre el problema de la vivienda[4], y finalmente, dos artículos, cortos pero muy valiosos, sobre el desarrollo económico de Rusia (Federico Engels sobre Rusia, traducción rusa de V. Zasúlich, Ginebra 1894)[5]. Marx murió sin haber podido terminar en forma definitiva su grandiosa obra sobre el capital. Sin embargo, estaba concluida en borrador, y después de la muerte de su amigo, Engels emprendió la ardua tarea de redactar y publicar los tomos II y III. En 1885 editó el II y en 1894 el III (no tuvo tiempo de redactar el IV[6]). Estos dos tomos le exigieron muchísimo trabajo. El socialdemócrata austríaco Adler observó conrazón que, con la edición de los tomos II y III de El Capital, Engels erigió a su genial amigo un monumento majestuoso en el cual, involuntariamente, grabó también con trazos indelebles su propio nombre. En efecto, esos dos tomos de El Capital son la obra de los dos, Marx y Engels. Las leyendas de la antiguedad relatan diversos ejemplos de emocionante amistad. El proletariado europeo puede decir que su ciencia fue creada por dos sabios y luchadores cuyas relaciones superan a todas las conmovedoras leyendas antiguas sobre la amistad entre los hombres. Siempre, y por supuesto, con toda justicia, Engels se posponía a Marx. "Al lado de Marx -- escribió a un viejo amigo suyo -- siempre toqué el segundo violín."[7] Su afecto por Marx mientras vivió, y su veneración a la memoria del amigo desaparecido fueron infinitos. Este luchador austero y pensador profundo, tenía una gran sensibilidad.

Durante su exilio, después del movimiento de 1848-1849, Marx y Engels se dedicaron no sólo a la labor científica. Marx fundó en 1864 la "Asociación Internacional de los obreros"[8] que dirigió durante un decenio. También Engels participó activamente en sus tareas. La actividad de la "Asociación Internacional" que, de acuerdo con las ideas de Marx, unía a los proletarios de todos los países, tuvo una enorme importancia para el desarrollo del movimiento obrero. Pero inclusive después de haber sido disuelta dicha asociación en la década del 70, el papel de Marx y Engels como unificadores de la clase obrera no cesó. Por el contrario, puede afirmarse que su importancia como dirigentes espirituales del movimiento obrero seguía creciendo constantemente, porque propio movimiento continuaba desarrollándose sin cesar. Después de la muerte de Marx, Engels siguió siendo el consejero y dirigente de los socialistas europeos. A él acudían en busca de consejos y directivas tanto los socialistas alemanes, cuyas fuerzas iban en constante y rápido aumento, a pesar de las persecuciones gubernamentales, como los representantes de países atrasados, por ejemplo españoles, rumanos, rusos, que se veían obligados a estudiar minuciosamente y medir con toda cautela sus primeros pasos. Todos ellos aprovechaban el riquísimo tesoro de conocimientos y experiencias del viejo Engels.

Marx y Engels, que conocían el ruso y leían las obras aparecidas en ese idioma, se interesaban vivamente por Rusia, seguían con simpatía el movimiento revolucionario y mantenían relaciones con revolucionarios rusos. Antes de ser socialistas, los dos habían sido demócratas y el sentimiento democrático de odio a la arbitrariedad política estaba profundamente arraigado en ellos. Este sentido político innato, agregado a una profunda comprensión teórica del nexo existente entre la arbitrariedad política y la opresión económica, así como su riquísima experiencia de la vida, hicieron que Marx y Engels fueran extraordinariamente sensibles en el aspecto político. Por lo mismo, la heroica lucha sostenida por un puñado de revolucionarios rusos contra el poderoso gobierno zarista halló en el corazón de estos dos revolucionarios probados la más viva simpatía. Y por el contrario, era natural que la intención de volver la espalda a la tarea inmediata y más importante de los socialistas rusos -- la conquista de la libertad política --, en aras de supuestas ventajas económicas, les pareciese sospechosa e incluso fuese considerada por ellos como una traición a la gran causa de la revolución social. "La emancipación del proletariado debe ser obra del proletariado mismo", enseñaron siempre Marx y Engels. Y para luchar por su emancipación económica, el proletariado debe conquistar determinados derechos políticos. Además, Marx y Engels veían con toda claridad que una revolución política en Rusia tendría también una enorme importancia para el movimiento obrero de Europa occidental. La Rusia autocrática ha sido siempre el baluarte de toda la reacción europea. La situación internacional extraordinariamente ventajosa en que colocó a Rusia la guerra de 1870, que sembró por largo tiempo la discordia entre Alemania y Francia, no hizo, por supuesto, más que aumentar la importancia de la Rusia autocrática como fuerza reaccionaria. Sólo una Rusia libre, que no tuviese necesidad de oprimir a los polacos, finlandeses, alemanes, armenios y otros pueblos pequeños, ni de azuzar continuamente una contra otra a Francia y Alemania, daría a la Europa contemporánea la posibilidad de respirar aliviada del peso de las guerras, debilitaría a todos los reaccionarios de Europa y aumentaría las fuerzas de la clase obrera europea. Por lo mismo, Engels, deseó fervientemente la instauración de la libertad política en Rusia, pues también contribuiría al éxito del movimiento obrero en Occidente. Con su muerte los revolucionarios rusos han perdido al mejor de sus amigos.

¡Memoria eterna a Federico Engels, gran luchador y maes tro del proletariado!



* Señalaron más de una vez que, en gran parte, debían su desarrolío intelectual a los grandes Lilósofos alemanes, y en particular a Hegel. "Sin la filosofía alemana -- dijo Engels -- no existiría tampoco el socialismo cientifico."[9]
** Es un libro admirablemente instructivo y de rico contenido[10]. Por desgracia sólo se ha traducido al ruso una pequeña parte de esta obra, que contiene un esbozo histórico del desarrollo del socialismo (Desarrollo del socialismo cientifico[11], 2a ed., de Ginebra, 1892).




NOTAS

1. Las palabras citadas en el epígrafe al artículo Federico Engels las tomó V. I. Lenin de la poesía del poeta ruso Nikolái Alexéievich Nekrásov En memoria de Dobroliúbov.
2. Se refiere a la obra de F. Engels Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana.
3. Se alude al artículo de F. Engels "La política exterior del zarismo ruso" (C. Marx y F. Engels, Obras Completas, t. XXlI), imprimido en los dos primeros números de la revista Sotsial-Demokrat de 1890 bajo el título "La politica exterior del Imperio Ruso".
Sotsial-Demokrat: revista literaria y politica editada por el grupo "Emancipación del Trabajo" en 1890 en Londres y en 1892 en Ginebra; en total se publicaron cuatro números.
4. Lenin alude al artículo de F. Engels "Contribución al problema de la vivienda". (C. Marx y F. Engels, Obras Completas, t. XXI.)
5. Se alude al artículo de F. Engels, "Acerca de las cuestiones sociales en Rusia" y el epílogo a dicho artículo. (C. Marx y F. Engels, Obras Completas, t. XVIII y XXII.)
6. En consonancia con una indicación de F. Engels, V. I. Lenin llama cuarto tomo de El Capital a la obra de C. Marx Teorías de la plusvalía. En el prefacio al segundo tomo de El Capital, Engels escribió: "Me reservo el derecho de publicar la parte crítica de este manuscrito en concepto de IV volumen de El Capital, con la particularidad de que se suprimirán de él numerosos pasajes, agotados en los tomos II y III". Sin embargo, Engels no tuvo tiempo de preparar para la prensa el IV tomo de El Capital. Teorías de la plusvalía se publicaron por vez primera en alemán redactadas por K. Kautsky en 1905-1910.
7. Se alude a la carta de F. Engels a I. Ph. Becker del 15 de octubre de 1884.
8. Asociación Internacional de los Obreros (I Internacional): se trata de la primera organizacion internacional del proletariado fundada en Londres por Marx en otoño de 1864. La I Internacional encabezada por Marx y Engels dirigia la lucha económica y politica de los obreros de los diferentes paises, realizaba la lucha enconada contra la corriente antimarxista del proudhonismo, bakuninismo, tradeunionismo y lassalleanismo, fortaleciendo la solidaridad obrera internacional. La I Internacional dejó de existir en realidad en 1872 despues de la Conferencia de la Haya y fue disuelta oficialmente en 1876. Como lo señalaba Lenin, la I Internacional "sentó los fundamentos de la organización internacional de los trabajadores para preparar su ofensiva revolucionaria contra el capital". (V. I. Lenin, Obras Completas, t. XXIX.)
9. Véase F. Engels, "Prefacio a La guerra campesina en Alemania. (C. Marx y F. Engels, Obras Completas, t. XVIII.)
10. Se alude a la obra de F. Engels Anti-Dühring.
11. Con este título se publicó en la edición rusa de 1892 la obra de F. Engels Del socialismo utópico al socialismo científico, basada en tres capítulos del libro de F. Engels Anti-Dühring.


Via https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1890s/engels.htm

 

 

 

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6/05/2023

Necesidad emergente: Una política cultural de nuevo signo”, por Wilson Javier Cardozo



“Necesidad emergente: Una política cultural de nuevo signo”, por Wilson Javier Cardozo



En nombre de mis colegas de abrelabios, celebro esta oportunidad de exponer y dialogar asuntos que debiéramos debatir con más detenimiento y profundidad y procurando resultados pasibles de verificación. Abrelabios, nuestro grupo de gestión cultural, acumula más de un cuarto de siglo realizando actividades no solo en Uruguay sino también en otros países de la región. Eso nos ha permitido disponer de una lectura propia, desde nuestra experiencia en territorio y –en mayor o menor grado– en las tres áreas en que se propuso centrar este panel (cultura, educación y comunicación).
La exposición de algunos aspectos que nos preocupan, a los que refieren nuestras críticas, pretende (evitando la facilidad de la queja) advertir, para futuras decisiones, sobre equívocos cuya revisión podría habilitar una política cultural de nuevo signo. A nivel de los Estados, tenemos la impresión de que la distribución de los recursos económicos (siempre finitos) se realiza con la centralización como lógica predominante.
Así, cuando debe elegirse dónde, se prefiere la ciudad capital macrocefálica, antes que el resto del país; en lo hace a lo departamental, se procede mediante un calco de decisiones más o menos similares. E, incluso, dentro de las propias ciudades, también se practica la centralización y concentración de los recursos en áreas muy delimitadas.

Los resultados de esta tendencia y, en los hechos, de las políticas de Estado predominantes en la región, determinan realidades como las que probablemente cualquiera de mis colegas de panel podrían atestiguar. Los “efectos positivos” que se logran son más o menos previsibles. En visibilidad ante
los medios masivos tradicionales de comunicación, con repercusiones inmediatas, porque suceden en un espacio donde tienen congelada su atención.

En repercusión de público, diríamos que de relativo resultado, porque llegan a grupos de personas que ya disponen de un variado menú de oferta cultural. Es decir, generalmente deben competir con otras muchas opciones preexistentes. En capacidad logística de ejecución, sin demasiados inconvenientes u
obstáculos, porque operan en medio de ambientes burocráticos habituales, cuyos tiempos y comportamientos más o menos dominan. En cuanto a los “efectos negativos”, ese centralismo reduccionista reproduce (más que exclusión) una incapacidad de visualizar todo lo que se ubique fuera del centro desde el cual
se decide, además de profundizar distancias entre áreas físicas complementarias: capital-resto del país, ciudad-periferia, centro de una ciudad – demás barrios.¿Casos concretos? Hace once años participé (en la Intendencia departamental de Montevideo, junto a colegas de la Unidad Temática por los Derechos de los
Afrodescendientes) en un trabajo de relevamiento, reivindicación y visibilización de los aportes afro a la identidad nacional. Expusimos, en abril de 2012, los avances de “Identidad oculta”, como se denominó ese material, en un Encuentro de Ciudades Educadoras que se hizo en Montevideo. (Me detengo brevemente en este detalle de mi experiencia personal, más que del grupo abrelabios, porque considero que también nos aportó evidencia de la desproporcionada concentración de recursos culturales en un área urbana específica; o de cómo la priorización, en los hechos, de dos o tres municipios, sin necesidad de leerse como una actuación en detrimento de los demás, se comprende como desfavorecedora del resto de la ciudad.)
Ese trabajo nos permitió comprender que casi toda la estatuaria de Montevideo está ubicada en la zona céntrica y, de manera aislada, en zonas más o menos residenciales. Salvo excepciones, como podría ser el parque de esculturas al costado del edificio Libertad.
Ayer mismo, mientras dialogábamos con los demás colegas de abrelabios sobre los contenidos de esta exposición, el profesor José Luis Machado me recordaba lo siguiente: En el cerro de Montevideo residen aproximadamente doscientas mil personas y el único teatro instalado cuenta con doscientas sillas de plástico. Se carece de cine y, aunque existen bibliotecas, siquiera existe una librería adonde adquirir libros. Entonces, si ubicáramos (como les comenté en el caso de la estatuaria para el trabajo de “Identidad oculta”) los teatros, cines y librerías en el plano montevideano, ese tipo de instituciones y comercios culturales quedaría confinado a una pequeña, reducida y selecta zona de la capital uruguaya.

A riesgo de caer en lugares comunes, corresponde advertir que cuando se trata de forma igualitaria situaciones de notoria desigualdad solo se perpetúan las desigualdades. Si sabemos, por ejemplo, que las zonas fronterizas de Uruguay y Brasil registran muy bajos niveles de desarrollo humano, en contraposición con la realidad de las capitales estaduales próximas, los recursos económicos debieran privilegiar ese territorio para la acción cultural.
Si es que, de verdad, se pretende usar el potencial disponible del MerCoSur para mejorar la realidad desde la cual surgió ese mercado común. A partir de estas constataciones, no pareciera forzado advertir que existe una clara emergencia: la necesidad de una política cultural de nuevo signo. Que surja y evidencie una
mirada distinta del territorio, que decida (sobre los recursos disponibles) de otra manera, que articule el peso relativo de sus intervenciones en favor de políticas de incorporación –o reincorporación– social de los grupos excluídos, que no esté condicionada a las afinidades político-partidarias de los gobernantes de turno.
Aunque no nos corresponda delimitar con precisión cómo debiera ser esa política cultural de nuevo signo, es claro que debiera encaminarse a corregir errores y consecuencias sobre los que estamos advirtiendo. Y es muy probable que sus resultados inmediatos no satisfagan las evaluaciones que se realicen bajo los mismos parámetros con que se evalúan las actuales políticas culturales.
La cultura, la educación, la comunicación, son –en definitiva– productos de mercado. Su acrecentamiento, su potencial económico y de desarrollo y su distribución también merecen la atención y el cuidado que se le asigna a otros productos del mercado. Solo que, hay políticas que no favorecen ni el acceso ni la democratización de esos productos. En definitiva, una política cultural de nuevo signo también tiene que dar muestras del cambio de rumbo en cuanto a cómo se articulan y distribuyen socialmente productos tales como la cultura, la educación y la comunicación en las comunidades mercosureñas.

CIDH llama a El Salvador a restablecer los derechos

 🌎 *CIDH llama a El Salvador a restablecer los derechos


y garantías suspendidos por el régimen de excepción*                                                                                                                                                                      La perspectiva de los derechos humanos permite abordar la problemática de la criminalidad y la violencia y su impacto en la seguridad ciudadana mediante el fortalecimiento de la participación democrática y la implementación de políticas centradas en la protección de la persona humana. En ese sentido, la CIDH hace un llamado a adoptar las medidas necesarias para restablecer los derechos y garantías suspendidos y reitera su disposición para realizar una visita al país y colaborar técnicamente en la implementación de los estándares interamericanos de derechos humanos.


La CIDH es un órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo mandato surge de la Carta de la OEA y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. La Comisión Interamericana tiene el mandato de promover la observancia y la defensa de los derechos humanos en la región y actúa como órgano consultivo de la OEA en la materia. La CIDH está integrada por siete miembros independientes que son elegidos por la Asamblea General de la OEA a título personal, y no representan sus países de origen o residencia.


https://www.oas.org/es/CIDH/jsForm/?File=/es/cidh/prensa/comunicados/2023/058.asp

Quiénes y cómo destruyen la unidad de las fuerzas revolucionarias*

 *Quiénes y cómo destruyen la unidad de las fuerzas revolucionarias*


Por Juan Carlos Valdez





Uno de los principales argumentos de quienes, en la izquierda, no toleran o no comprenden la crítica en la política, ha sido que no debe haber contradicciones de ninguna naturaleza ya que debe prevalecer la unidad ante todo; una suerte de unida por la unidad.


Todo aquel que señale una posible falla en la política del gobierno o del partido, es atacado inmediatamente; independientemente que el señalamiento esté bien sustentado y además esté acompañado de una propuesta de rectificación. Pareciera que esos compañeros no entienden que la unidad política es una unidad entre deferentes y entre diferencias. No hay unidad entre iguales, porque por antonomasia están unidos.


La unidad surge entre las diferencias. Las diferencias se mantienen en la unidad, pero se someten a los factores que producen la unidad. Vale decir, la unidad rige, en principio, sólo en relación con los puntos unitarios.


Una alianza entre partidos no puede concebirse de la misma forma que se concibe un partido político. Una alianza entre partidos supone una dirección colectiva donde deben ser debatidas diversas acciones comunes y el respeto entre los partidos es fundamental para mantener la alianza, Cuando algún partido de la alianza, trata a sus aliados como miembros de su partido, pone en peligro la continuidad de la alianza.


Las divergencias en toda alianza son siempre probables, pero además terminan siendo incluso necesarias, porque es en la divergencia que se corrigen los errores. No se corrige un error si no hay alguien que lo detecte y se contraponga.



Incluso en los partidos políticos hay discrepancias entre sus militantes. El partido político que tenga la inteligencia de utilizar las discrepancias para avanzar, avanza.


El liderazgo juega un importante papel en la unidad. Los líderes genuinos son líderes unitarios. Son los que saben sortear los desacuerdos en favor de elementos comunes, sean elementos programáticos o simplemente simbólicos. Podemos reconocer a un verdadero líder en aquel que es el primero en respetar la unidad de las fuerzas y las diferencias que la unidad supone. Es el que produce acuerdos en las discordias. Eso significa dominar el arte de sumar. Los que quieren ser líderes y sólo saben restar, jamás serán líderes.


Hay dos tipos de líderes: los líderes generales y los líderes sectoriales. Los primeros son reconocidos por el conjunto de sectores que forman una alianza (por ejemplo, Chávez). Los segundos son sólo líderes de un partido o de un movimiento. Pero ninguna de estas categorías de líderes debe cometer el grave error de creer que pueden sustituir la disciplina por la obediencia; entendiendo la disciplina como el respeto a los acuerdos o normas previamente establecidas y reconocidas por todas las partes. La obediencia forma parte de la doctrina militar, jamás de la doctrina de los partidos.


Entendido todo lo antes dicho, no se hace difícil identificar quienes ponen en peligro la unidad de la izquierda, y con ello, la continuidad del proceso histórico revolucionario que vive Venezuela.


La arrogancia y la prepotencia pueden encontrarse en cualquier lugar; con mayor facilidad en donde se detentan posición de dominio, ya sea en un partido político o en el gobierno. Este tipo de conducta es el gusano que nos indica que hay algo que tiene ya tiempo en descomposición.


Para mantener la unidad en la izquierda y fortalecer las políticas conjuntas, es necesario tratar de encontrar, en las discrepancias, los puntos de encuentro o mejor aún, el complemento de nuestra posición, que nos permite construir juntos la política correcta.


6/04/2023

Choquehuanca participa del Encuentro del COGNASOR

 *Choquehuanca participa del Encuentro del COGNASOR donde reafirma compromiso de hermandad entre culturas milenarias*


*VPEP/Oruro.-* El Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, David Choquehuanca Céspedes, participó del Primer Encuentro Jacha Tantachawi Jatun - Tantakuy de las Autoridades Originarias Milenarias de los Cuatro Suyus del Departamento de Oruro (COGNASOR), donde reafirmó su compromiso con la unidad y la hermandad entre las culturas milenarias de Bolivia.


“Las culturas milenarias, todos los pueblos nunca nos hemos alejado de nuestro Tiwanaku, nunca nos hemos adaptado al mundo del divisionismo, no lo hemos aceptado, tampoco el colonialismo”, dijo Choquehuanca.


El Vicepresidente expresó su respeto, cariño y admiración hacia los presentes, destacando la importancia de las culturas milenarias y su conexión con Tiwanaku. Resaltó que a lo largo de los siglos, estas culturas nunca se alejaron de sus raíces y no aceptaron el divisionismo ni el colonialismo impuesto. El Vicepresidente afirmó que es momento de regresar a nuestro "sarawi", a nuestro camino, el cual ha resistido 500 años de opresión.


Además, Choquehuanca hizo hincapié en que durante mucho tiempo las culturas indígenas, como los quechuas, los aymaras, guaraníes, entre otros, no fueron tomados en cuenta en la República, y no se encontraban representados en la Constitución Política del Estado. Sin embargo, gracias a la lucha constante de estos pueblos, se pudo instalar la Asamblea Constituyente y lograr la inclusión de las voces indígenas en el Estado Plurinacional de Bolivia.


El Vicepresidente enfatizó que la ideología y el pensamiento propio son fundamentales para la construcción de un Estado Plurinacional, donde la diversidad y la hermandad sean valores fundamentales. Asimismo, resaltó el significado del poncho y la Wiphala como símbolos de solidaridad y pensamiento comunitario, recordando que aquellos que portan un poncho no tienen bolsillos, lo cual representa la importancia de pensar en el pueblo y no en intereses personales.


"Por eso esta nuestra Whipala y el Estado Plurinacional, tenemos que construir con pensamiento propio con nuestro amuyo (pensamiento propio). Pensamos, tenemos ideología y este proceso de cambio es para recuperar nuestra ideología de la hermandad y la unidad", agregó la autoridad.


A su vez, la autoridad señaló que el proceso de reconstrucción que están llevando a cabo tiene como objetivo volver al camino de la verdad y alejarse de la cultura del odio y el racismo. Por lo que, enfatizó que el respeto por la comunidad y por la Madre Tierra (Pachamama) son fundamentales en esta nueva etapa de Bolivia.


Choquehuanca destacó la importancia del diálogo y el consenso en la resolución de problemas, sin imposiciones de ningún tipo. 


"La voluntad del pueblo boliviano es nuestra guía, y trabajaremos en conjunto para construir un futuro mejor, basado en la unidad, la diversidad y la inclusión", reafirmó la autoridad.






6/03/2023

DOSSIER 200 AÑOS DE LA DOCTRINA MONROE



 🇺🇸💀🏴‍☠️  *DOSSIER 200 AÑOS DE LA DOCTRINA MONROE* 


 *Democracy Now.EE.UU.* 


 *La Doctrina Monroe, Revisada: Cómo 200 Años de Política Estadounidense Ayudaron a Desestabilizar las Américas | ¡Democracia Ya!* 


 *Ascenso y caída de la doctrina Monroe. Claudio Katz -* 

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 *La doctrina Monroe ha organizado la primacía de los Estados Unidos en todo el continente durante 200 años. Resume la estrategia que tramaron los fundadores de la mayor potencia contemporánea para controlar la región. Este principio exige la gestión del territorio por parte del Norte y el despliegue de cualquier competidor del principal yanqui. Todos los encargados de Casa Blanca aplicaron y perfeccionaron esta guía.* 


La doctrina fue inicialmente concebida como un instrumento defensivo del poder naciente, para resistir las ambiciones del colonialismo europeo. Surgió cuando Monroe rechazó la propuesta de una acción conjunta de Estados Unidos con Inglaterra y Francia, para bloquear los intentos de reconquista española (1823).


Esta negativa ya incluía un principio de supremacía de la naciente nación sobre el resto del continente, que se codificaba con la curiosa denominación de "América para los americanos". Esta frase no implica la soberanía de la población autóctona sobre su territorio, sino la sustitución del dominio europeo por la gestión estadounidense.


La siembra realizada por los siglos fue expuesta como un proyecto de país en ciernes, guió la conversión de esa nación en la potencia dominante de la región. Monroe postuló la legitimidad de ese derecho por el papel inaugural de Estados Unidos en la independencia del continente. Consideré que esta anticipación le dio a su país la responsabilidad de comandar todo el desarrollo zonal (Rinke, 2015: 48-51).


Durante la primera mitad del siglo XIX, Inglaterra, Francia y España cuestionaron esa afirmación. Intentaron detener la expansión del territorio estadounidense o forzar su partición, pero perdieron una batalla que se dio en todos los rincones de América Latina.


 *EL DEBUT IMPERIAL* 


La doctrina Monroe inspiró su propia definición de las fronteras estadounidenses, a través de la absorción de territorios que pertenecían al ámbito hispanoamericano. Esta expropiación significó, desde su origen, el gran impulso del nuevo país para extenderse hacia el sur y considerar a todo el continente como un área de pertenencia propia.


El primer impulsor de esta expansión fue la captura de tierras por parte de los plantadores de esclavos. Necesitaban extender sus campos de manera permanente, para agregar una modalidad de cultivo intrínsecamente extensiva. Como esta forma de explotación precapitalista reemplazó las mejoras en la productividad agraria por la mera multiplicación de las zonas sembradas, la absorción de nuevas tierras se hizo indispensable para la supervivencia de los Confederados del Sur.


Este expansionismo precipitó el despojo de México, que acabó perdiendo la mitad de su configuración original. Esta amputación comenzó con la revolución separatista y la anexión de Texas (1845) y terminó en una guerra que se libró con dinero. La potencia emergente del Norte se apropió por muy pocos dólares de las enormes porciones del Suroeste, que formaron el perfil definitivo de los Estados Unidos.


Esa captura determinó los contornos limítrofes, pero no diluyó las ambiciones del nuevo coloso sobre su debilitado vecino. Las tropas yanquis ingresaron a México en innumerables ocasiones durante la segunda mitad del siglo XIX, para neutralizar las expediciones de los rivales europeos. Con estas incursiones frustraron la pretensión de reconquista española y una aventura de conquista francesa.


Los marinos irrumpieron también en las primeras décadas del siglo pasado, para hacer frente a los efectos de la Revolución Mexicana (1910). No gravitaba tanto en estas intervenciones la pretensión expansionista como la intención de sofocar la acción de los rebeldes en la frontera del nuevo imperio. Anticiparon esta acción las tropas yanquis, el plantel de gendarmería internacional que desplegó el Pentágono durante todo el siglo XX.


Un proceso similar se desarrolló al mismo tiempo en el Mar Caribe. Con la toma de Puerto Rico (1898) y las sucesivas ocupaciones de Cuba (1906-1909), Haití (1915-1934) y República Dominicana (1916-1924), el gigante del Norte tanteó el sueño imperial de un Mediterráneo americano. Este objetivo sólo se cumplió a medias, mediando la absorción de algunas islas y el dominio efectivo de una enorme configuración marítima.


Washington ocupó las aduanas de varios países para garantizar el cobro de pasivos dudosos, se apropió de las plantaciones de azúcar e impuso su gestión de los puertos. También garantizó una presencia militar permanente y se asoció con diferentes élites, para fomentar los enfrentamientos locales y sofocar los levantamientos populares en las islas invadidas.


En estas intervenciones se constató el carácter puntual y fulminante del proyecto expansivo americano. El nuevo imperio mezcló las antiguas formas de dominación colonial, con los ninedosos mecanismos de sujeción semicolonial. La doctrina Monroe sintetizó ambas dimensiones.


Otra variedad del mismo expansionismo se implementó en Centroamérica, luego del intento de apropiación consumado por el filibustero Walker (1855-56). La incursión en Nicaragua de este aventurero tejano que se autoproclamó presidente fracasó, pero allanó el camino para la posterior sucesión de ocupaciones que los marinos perpetraron hasta 1925.


Esta combinación de emprendimientos militares privados, con intervenciones formales del ejército, perfiló otra modalidad, que reapareció en numerosas ocasiones posteriores. Basta recordar el trabajo autónomo de los mercenarios contratados por el Pentágono en Afganistán o Irak, para constatar la continuidad de esa mezcla de uniformados con pistoleros, en las incursiones de Estados Unidos.


Al igual que en México y el Caribe, la presencia activa de la infantería de marina en las primeras décadas del siglo XX reforzó el despliegue de rivales que resistieron la primacía estadounidense. Los británicos no pudieron asegurar sus frágiles bases en Honduras y comenzaron a resolver la disputa con varias potencias europeas sobre la construcción del Canal de Panamá. En esta batalla por el control del tráfico interoceánico, la fuerza del nuevo imperialismo se hizo transparente a sus pares del Viejo Continente. El principio de Monroe se quedó con ese resultado.


Estados Unidos también hizo efectiva su amenaza militar en América del Sur contra los competidores europeos. Ha desplegado este poder en diversos conflictos por el usufructo de los recursos naturales de Chile, Perú, Bolivia y Paraguay. Este protagonismo yanqui fue especialmente relevante ante el bloqueo de las costas de Venezuela por parte de Inglaterra, Alemania e Italia, para exigir el cobro de una deuda (1902).


En ese caso, Estados Unidos impuso su arbitraje advirtiendo que no toleraría la incursión de barcos europeos. Esta contundente intervención demostró quién tenía la última palabra en el Nuevo Mundo (Cockcroft, 2002: 21-75)


Theodore Roosevelt hizo explícito este predominio con su política de cañones e introdujo la conversión de los embajadores yanquis, en funcionarios dominantes de la política local latinoamericana. Esta primacía ratificó en todo ámbito nacional la preeminencia del principio de Monroe.


 *DESCOMPOSICIÓN ECONÓMICA EN LA REGIÓN* 


La consolidación económica de Estados Unidos como imperialismo naciente se consumó en las primeras décadas del siglo pasado en el espacio latinoamericano. En este territorio se expandieron inicialmente sus empresas, que gozaron de todos los beneficios de la inversión extranjera.


La nueva potencia compitió con éxito con los rivales europeos por el control de los mares y el fondo de los recursos naturales. América Latina fue el gran mercado de puesta en marcha de una economía que se expandía a un ritmo vertiginoso. Entre 1870 y 1900 la población de Estados Unidos se duplicó, el PIB se triplicó y la producción industrial se multiplicó por siete (Rinke, 2015: 82-86).


En el lado sur del Río Grande se fraguaron las rutas marítimas requeridas para descargar los excedentes y capturar las preciadas materias primas. El 44% de todas las inversiones yanquis se ubicaron en esta zona, con gran centralidad en el transporte (rutas, canales, ferrocarriles) y las actividades más rentables de la época (minería, azúcar, caucho, banano).


El modelo de los enclaves exportadores tiene preeminencia junto a un proceso de recolonización. Estados Unidos combinó la ocupación de territorios (Puerto Rico, Nicaragua, Haití, Panamá) con la apropiación de aduanas (Santo Domingo), el manejo del petróleo (México), el dominio de las minas (Perú, Bolivia, Chile), el control de los frigoríficos (Argentina) y la gestión de finanzas (Brasil).


El nuevo poder tomó la delantera en muy poco tiempo, transformando los llamados iniciales de Monroe en realidades palpables. La soberanía de los países latinoamericanos se vio abruptamente reducida por esta devastación económica extranjera (Katz, 2008: 10). La temprana emancipación política -que América Latina había logrado al mismo tiempo que Estados Unidos- se revirtió drásticamente. América Central fue balcanizada, alienada e invadida a voluntad por el hermano mayor, mientras que América del Sur inició una asociación subordinada con el gigante del Norte (Vitale, 1992: ch 4, 6).


El proyecto Panamericano sintetizó la ambición yanqui de dominación sin restricciones. La idea inicial de una gran Unión Aduanera bajo el mando de Washington (1881) fue propiciada entre tres conferencias sucesivas. Incluyó la construcción de un ferrocarril transcontinental y diferentes contratos para asegurar la primacía estadounidense, a través de un tribunal de arbitraje controlado por el Norte.


Este plan fracasó por la resistencia convergente que interpusieron los tres objetores de la iniciativa. Los cuestionamientos del sector más proteccionista del capitalismo yanqui, fueron aplastados por los saneamientos de las economías más autónomas (como Argentina) y las presiones por el repliegue de Inglaterra en la región.


Este fracaso temprano del panamericanismo ilustró el gran peso del sector industrial estadounidense hostil al comercio sin restricciones, en un escenario altamente favorable para los exportadores estadounidenses. Cien años después, la misma oposición ha bloqueado varios intentos norteamericanos de competir con China en la arena del libre comercio. Lo que, a principios del siglo XX, pasó desapercibido como un episodio menor del ascenso estadounidense, constituye en la actualidad una manifestación de la crisis que enfrenta la primera potencia.


 *DEPLAZAMIENTO DE ESPAÑA E INGLATERRA* 


El perfil explícitamente ofensivo de la doctrina Monroe comenzó a tomar forma en la guerra contra España (1898-99). Este conflicto condujo a operaciones agresivas de Estados Unidos en toda la región. Avanzando en un argumento que repitió en innumerables episodios posteriores, el Departamento de Estado forjó una agresión externa para hacerse con el control de las antiguas colonias hispanas en el Caribe y logró transformar todas las islas que se entrelazaban en protectorados yanquis.


El paso ulterior fue la liberación de los rivales británicos de Centroamérica, mediante una combinación de intervenciones militares, capturas geopolíticas y negocios ventajosos. La apropiación de Panamá ilustró quién fue el ganador de la disputa.


En lugar de frustrar los intentos ingleses (y franco-alemanes) de construir el canal a través de Nicaragua, Estados Unidos compró la concesión para construir el pasaje interoceánico (1903). Para llevar a cabo esta labor, Panamá se convirtió en colonia bajo su estricto dominio. De esta forma, conectaba las dos costas de su territorio y aseguraba el comercio del Pacífico, que se abrió anteriormente con la adquisición de Filipinas.


La doctrina Monroe se utilizó con la misma intensidad, para motorizar el desplazamiento menos vertiginoso del competidor inglés de sus bastiones sudamericanos. Estados Unidos señaló a su aliado peruano en las disputas con los gobiernos anglófilos chilenos y afirmó su autoridad arbitral en los conflictos entre Venezuela y Gran Bretaña por Guayana.


Inglaterra perdió la preeminencia que había mantenido desde principios del siglo pasado, a través de mayores inversiones que el retador estadounidense. Este equilibrio se invirtió con la gran expansión manufacturera de los Estados Unidos, que primero (1880) y después (1894) duplicó la producción industrial británica (Soler, 1980: 199-216). Sobre esta base económica se basó el predominio yanqui en América Central antes de la Primera Guerra Mundial y en América del Sur después de esa conflagración.


La victoria estadounidense sobre Inglaterra se consumó por completo al final de la Segunda Guerra Mundial. El dominador del Norte salió vencedor por la inconmensurable ventaja que le trajo su propia retaguardia territorial. No surgió como competidor en el Viejo Mundo de un lugar pequeño (Holanda, Portugal) o mediano (Gran Bretaña), sino apoyado por el gigantesco asentamiento que pobló torrentes de inmigrantes.


Este territorio maleable y diversificado alimentó un modelo económico egocéntrico (nutrido por el mercado interno), muy superior al esquema extrovertido (dependiendo del mercado mundial) de sus rivales. Con esta base se construyó el nuevo potencial con un margen de tiempo suficiente para expandir primero su frontera agrícola, luego desarrollar una industria protegida y finalmente forjar el poderoso banco que le facilitó la conquista del mundo (Arrighi, 1999: capítulo 3).


Mientras Gran Bretaña tuvo que salir rápidamente al extranjero (para colocar sus restos industriales elaborados con materias primas importadas), Estados Unidos se perfiló como el principal exportador de ambos recursos. En lugar de expulsar una mano de obra excedente, absorbió masas de colonos ajenos a rémoras no comerciales y atraídos por una alta movilidad social.


Estados Unidos también logró una superioridad militar, que Gran Bretaña no logró ni durante su esplendor victoriano. Obtuve un control del espacio más significativo que el manejo inglés de los mares y con esa ventaja hice valer la doctrina Monroe, en todo el continente americano.


 *CONSOLIDACIÓN POLÍTICA MILITAR* 


La Primera Guerra Mundial fue un punto de inflexión para la primacía estadounidense en América Latina, no solo por el avance económico sobre el rival británico. Washington conquistó su dominio con instrumentos geopolíticos, comprometiendo el tamaño del hemisferio en términos de entrada a la contienda militar.


Esta adhesión la impuse a ocho gobiernos que declararon la guerra ya otros cinco que rompieron relaciones diplomáticas con el adversario. Los pocos países que mantuvieron su neutralidad, exhibieron una autonomía que Estados Unidos se ha esforzado por cortar por diferentes caminos. Las conflagraciones del mundo irrumpieron como un nuevo terreno para erradicar las disputas y consumar la subordinación a la supremacía del Norte.


En los años de entreguerras, la Casa Blanca comenzó a practicar la política de Estado hacia América Latina, que comparten republicanos y demócratas. Perfeccionó el uso del garrote y la zanahoria y mezcló las amenazas con la cooptación. La virulencia agresiva de Theodore Roosevelt se articuló con los mensajes de buena vecindad de Franklin Delano Roosevelt. Este juego de agresividad y consideración siempre ha seguido un libreto definido por el establishment de Washington, para garantizar su control del hemisferio.


El primado yanqui alcanzó mayor fuerza en la segunda mitad del siglo XX. Su dominio pasó a ser indiscutible, tanto por la expansión económica de Europa como por la conversión de América Latina en zona de enfrentamiento con la Unión Soviética. Estados Unidos afirmó su dominio del sistema imperial para reafirmar la pertenencia de toda la región a sus dictadores.


Washington estableció claramente esta dominación sobre los opresores locales, como un regalo de pago por su protección contra el peligro del socialismo. América Latina se delineó como un Patio Trasero de la gendarmería, que luchó contra la insurgencia popular en todos los rincones del planeta. El Pentágono aseguró esta cruzada mundial imponiendo una opresión política ilimitada en el continente.


Esta dominación asumió formas de control militar directo a partir de la imposición del pacto de guerra TIAR (1947) y la creación de la OEA (1948), para alinear a toda la región en una campaña fanática contra el comunismo. Latinoamérica se convirtió en una gran retaguardia de la guerra fría, con descaradas intervenciones del Departamento de Estado para contener el peligro rojo. Esta escalada de agresión desestabilizó estructuralmente a toda la región.


Para garantizar la preeminencia de gobiernos serviles, Estados Unidos recurrió al auxilio de feroces dictaduras. Sólo entre 1962 y 1968 hubo 14 golpes de Estado, con la presencia enmascarada de la CIA en algunos casos (Guatemala 1954) o con incursiones de la Marina en otros (República Dominicana 1965). La guerra fría fue una era de tiranías sangrientas intercaladas con pausas por una fachada constitucional (Guerra, 2006: 195-196). La cruzada anticomunista fue la tapadera que utilizó el imperialismo estadounidense para consolidar su reinado absoluto en la región (Godio, 1985: 130-138).


El uso del garrote (Truman, Eisenhower) se combinó de nuevo con mensajes de cooperación (Roosevelt, Kennedy), anticipándose a la posterior mezcla de arrogancia (Reagan, Bush, Trump) con contemplación (Carter, Clinton, Obama). La dominación imperial estadounidense de América Latina se naturalizó en ese período, como un hecho actual del escenario regional.


 *UNA DOCTRINA PERDURABLE, PERO INEFICAZ* 


El inicio de Monroe fue durante la segunda mitad del siglo XX la bruja del Departamento de Estado para América Latina. Ningún rival europeo ha desafiado a Washington y en todos los conflictos ha priorizado la subordinación a la Casa Blanca. En la guerra de Malvinas, por ejemplo, Thatcher actuó en consulta permanente con su homólogo estadounidense. Esta misma orientación prevaleció en todas las administraciones.


En el contexto de la mayor adversidad del nuevo milenio, Obama hizo una novia de júbilo a la doctrina Monroe (2009). Anunció el inicio de una nueva "relación entre iguales" con los países de la región. Su vicepresidente incluso declaró explícitamente el fin del principio vigente desde 1823 (Morgenfeld, 2018).


Pero ese punto de inflexión fue sepultado en la década siguiente por Trump, quien revitalizó la doctrina para enfrentar a Rusia y China (2018). Esta norma fue recreada con la misma intensidad que todo el léxico de la guerra fría.


En realidad, el magnate se limitó a enunciar la continuidad de un principio que nunca abandonó (García Iturbe, 2018). La sumisión de América Latina a los dictadores de Washington no ha sido reconsiderada seriamente por ningún administrador de la Casa Blanca.


El hostigamiento sistemático sufrido por Venezuela ha sido la evidencia más reciente de esta continuidad. Todos los representantes norteamericanos han conspirado para aplastar a los gobiernos bolivarianos. Se constató que la doctrina Monroe bloquea la presencia de cualquier otra potencia en la región, porque antes asfixia cualquier desván de la soberanía latinoamericana.


Biden también ratificó la actualidad de la doctrina sobre la Cumbre de las Américas. Dispuse la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela del encuentro, haciendo valer este principio de supremacía imperial (Redacción, 2022). Esa discriminación ilustró hasta qué punto la norma Monroe continúa guiando la política de Washington.


Pero esta Cumbre también demostró que el Departamento de Estado ya no puede manejar a América Latina como un títere. En la reunión, Biden no implementó ninguna de sus iniciativas. Quedé aislado, desacreditado y debilitado, porque la doctrina Monroe ya no permite someter a los países de la región con la naturalidad del pasado. Este principio también es efectivo para detener al nuevo retador asiático.


 *IMPOTENCIA FRENTE AL NUEVO RIVAL* 


La vertiente trumpista revive la bandera de Monroe contra la presencia económica de China en América Latina. Sus exponentes (Matt Gaetz) exigen la urgente actualización de este principio para expulsar a Biejing, en línea con anteriores declaraciones de otros funcionarios (Tillerson). Impulsan una geoestrategia neomonroísta para el siglo XXI, con el objetivo de expulsar al gigante asiático del Patio Trasero (Paz, 2023).


Esta agresividad se complementa en los casos más extremos con un lenguaje extraído del universo gansteril (Boron, 2023). Pero nadie ha sido capaz de transformar estas brutales convocatorias en acciones efectivas. Los funcionarios de Biden repitieron con más elegancia las mismas llamadas con idénticos resultados.


Esta impotencia de dos bandos del establishment norteamericano es muy ilustrativa del retroceso que afecta a la primera potencia. Por primera vez en dos siglos, un rival simplemente ignora el principio de Monroe. La causa de este fracaso es evidente. Washington afirmó sobre América Latina una supremacía económica que está perdiendo, frente a la fortaleza inversora, comercial y financiera de China.


La región nunca ha tenido la misma gravitación por el gigante oriental que por su competidor. No es el territorio vecino el que sustenta la liberación del nuevo poder. Los mercados asiáticos jugaron este papel en el debut de la expansión de Beijing. Por ese lugar secundario para China y decisivo para Estados Unidos, la disputa por América Latina es doblemente ilustrativa del avance oriental y el retroceso occidental.


La doctrina Monroe sirvió para afianzar primero la naciente economía estadounidense frente a Europa y posteriormente para trasladarla al Viejo Continente. En esta era altamente competitiva, Estados Unidos impuso acuerdos comerciales y de inversión hechos a su medida. Para asegurar la protección de su inmenso mercado interno, evitó aplicar al máximo el libre comercio, pero utilizó todos los mecanismos del liberalismo para asegurar su manejo en América Latina.


Esta misma carta juega ahora China en la región, con los tratados que suscribe en exceso del principal yanqui. Concretar una amplia variedad de TLC con mayor rapidez y eficacia que los Panamericanos anteriores. Una comparación entre ambos procesos confirma que el vertiginoso cambio en curso se basa en la pérdida de competitividad de EE.UU.


La pertenencia de “América” (latina) a los “americanos” (del norte) que postularon la doctrina Monroe siempre protegen los negocios de Estados Unidos con la amenaza militar. Este pilar bélico permanece inalterable, pero ahora debe apuntar a una economía replicante, frente a un retador que desconcierta a Washington.


En el pasado, los marines lograron afirmar la preeminencia de Estados Unidos en la región con guerras fulminantes (España), desembolsos expeditos (Francia) o maniobras de liderazgo (Inglaterra). Otros contendientes de menor influencia (Japón, Alemania) nunca se atrevieron a pisar la tierra del dominador yanqui.


Pero en pleno siglo XXI, China desembarca en América Latina con atractivos negocios que despiertan el código de socios locales, eludiendo al mismo tiempo cualquier conflicto con el Pentágono. La doctrina Monroe carece de respuestas a un desafío de este tipo. Basta observar lo ocurrido en Panamá para corroborar esta dificultad.


El bastión que construyó el imperialismo estadounidense en torno al Canal ha sido erosionado por la privilegiada relación financiero-comercial que Beijing ha pactado con los gobernantes del istmo. Sin enviar un solo gendarme, amenazan el control histórico de Washington sobre un cruce esencial para el dominio de los océanos.


En el pasado, Casa Blanca habría superado esa adversidad con una gran advertencia militar. El Pentágono contempla actualmente esta opción, pero sus márgenes de intervención se han reducido significativamente.


Este cambio sustancial en curso también se está verificando en el comportamiento de las clases dominantes latinoamericanas. Todas las presiones del Departamento de Estado para anular los acuerdos que firma este sector con el gobierno chino han resultado infructuosas. Ningún país ha renunciado al aumento de sus exportaciones ni al retorno de las inversiones que le ha proporcionado Pekín. A diferencia del pasado, Washington exige una subordinación geopolítica sin ofrecer contrapartes económicas.


Esta orfandad explica la resistencia que exhiben los grandes capitalistas latinoamericanos al alineamiento pasivo con las peticiones del Departamento de Estado. Ante la guerra de Ucrania, el grueso de los gobernantes de la región optó por la declamación o el aval diplomático, soslayando las penalidades contra Moscú.


Esa respuesta dista mucho de la ruptura de relaciones o el envío de tropas que primó durante la Primera o la Segunda Guerra Mundial. Tampoco sintoniza con la total subordinación de las elites latinoamericanas a la posterior cruzada anticomunista. También en este plano, la doctrina Monroe ya no disuade los negocios de las clases dominantes con su rival asiático.


 *REPLIEGUE IDEOLÓGICO* 


La doctrina Monroe también flaquea en el plano ideológico. Ese principio nutrió los conceptos propagados por los teóricos del imperialismo, para postular la superioridad de los anglosajones del Norte sobre los latinos del Sur.


Ese supuesto comenzó con la idea de un hemisferio occidental separado de la matriz europea, corporizado en la denominación "América", que los políticos estadounidenses adoptaron como sinónimo de su propio país. Esa apropiación presupuso de entrada la inexistencia (o descalificación) del resto del continente (Frade, 2021).


Esa identificación lingüística afianzó el sentido del principio de Monroe ("América para los americanos"), como una pertenencia de todo el continente al dominador del Norte. Esa asociación se consolidó aún más, con otra generalización idiomática para el resto del continente.


La vieja denominación de Hispanoamérica o Iberoamérica (previa a la Independencia) fue sustituida por América Latina, adoptando un apelativo de cuño francés que contraponía el universo latino-romano con su equivalente anglosajón. Esa designación inspirada en un distanciamiento crítico hacia el coloso del Norte, derivó posteriormente en la captura estadounidense del término América (a secas) para su propio y excluyente uso.


Estas peripecias de la lengua tuvieron serias connotaciones ideológicas para el sentido que asumió cada término. En la mirada imperial, América quedó definitivamente identificada con la prosperidad, el bienestar y el padrinazgo del Norte. Por el contrario, Latinoamérica fue asemejada al subdesarrollo, la corrupción y la incapacidad para el autogobierno.


Durante las dos centurias de surgimiento y apogeo del expansionismo yanqui, esa contraposición fue motorizada por los ideólogos del imperio y aceptada por las elites del continente. El declive actual de la primera potencia ha erosionado ese legado. América continúa como sinónimo corriente de Estados Unidos, pero sin la carga de elogio, admiración o reverencia del pasado.


El mismo declive se extiende a otros conceptos, como el "destino manifiesto", que justificaba la expansión territorial de Estados Unidos. Ese término fue introducido a mitad del siglo XIX para convalidar con mandatos divinos la violenta ampliación de la frontera, mediante el genocidio de los indios, la esclavización de los negros y el sometimiento de los latinos.


La captura de territorios era presentaba como una misión encomendada por Dios, para hacer valor la superioridad de la blancura anglosajona y las creencias protestantes. La misma mitología fue utilizada en la segunda mitad de esa centuria, para enaltecer las masacres de los marines en el exterior.


Esa ideología imperial combinó la exhibición de superioridad, con mensajes paternalistas de domesticación del vecindario latinoamericano, que era frecuentemente encasillado en algún estereotipo de salvaje o incivilizado. El Panamericanismo debía corregir esas rémoras precoloniales, con el liberalismo cultural que aportaban los inversores, funcionarios e intelectuales que Estados Unidos ofrecía a sus vecinos.


Ninguna de estas oprobiosas caracterizaciones persiste en la actualidad con la crudeza del pasado. Sus propagadores suelen endulzarlas o encubrirlas para disimular su obsolescencia. El retroceso económico quita credibilidad al autoelogio estadounidense.


Por las mismas razones ya no es tan sencillo estigmatizar a los latinos, con los descalificativos que previamente se utilizaron para despreciar a los pueblos originarios. El contraste entre el próspero emprendedor anglosajón con el inepto asalariado del Sur choca con el manifiesto fracaso del capitalismo estadounidense, para hacer frente a un competidor asiático significativamente alejado del prototipo occidental.


 *SIN FÓRMULAS PARA DOMINAR* 


Hasta hace poco tiempo, los chinos ocupaban un lugar semejante a otras etnias menospreciadas por el dominador occidental. La derrota económica que sufre Estados Unidos en el territorio latinoamericano frente al rival asiático, socava todos los vestigios de identificación del capitalista anglosajón con el éxito mercantil.


Como ese retroceso económico ha impactado sobre el sistema político estadounidense, tampoco la plutocracia bipartidista (que comparten los Demócratas con los Republicanos) puede repetir las falacias del pasado. Después del asalto que perpetraron los seguidores de Trump al Capitolio han perdido sentido las burlas imperiales a las "Repúblicas Bananeras" de América Latina. En Washington anida el mismo golpismo y las mismas disputas entre mafias, que en los despreciados territorios de la región.


También los contrapuntos entre americanistas del interior y globalistas de las costas acentúan la erosión de la mitología estadounidense. Esas tensiones siempre afectaron al gigante del Norte, como correlato de los intereses que contraponen a la enorme economía doméstica con los negocios en el exterior.


Esa fractura quedó atemperada en la posguerra, a través la síntesis que generó un programa común de dominación económica global. Esa convergencia reconcilió el aislacionismo rural e industrial del Medio Oeste, con el internacionalismo financiero de las Costas. Las fortunas generadas en otros países incrementaban los beneficios de todos los sectores internos (Anderson, 2013: 20-35).


Pero la vieja división ha reaparecido en las últimas décadas, al compás de los fracasos económicos y esa fractura se proyecta al exterior. Los discursos y actitudes de personajes como Trump, demuelen la vieja veneración de las elites latinoamericanas por el hermano mayor.


La ideología imperial estadounidense ha sido más perdurable que su par europea, porque sustituyó el viejo discurso colonialista por la simple exaltación del capitalismo, Enalteció como su antecesor la superioridad del hombre blanco, potenció los prejuicios euro centristas y exaltó las virtudes de Occidente. Pero reemplazó el mensaje de primacía colonial por una vacua veneración de la libertad, buscando suscitar identificaciones emblemáticas con los ideales del desarrollo y la democracia. Sustituyó la obsoleta veneración del colonizador por una ilusión de bienestar asociada con la expansión del capitalismo estadounidense (Anderson, 2010).


Ese mito logró un gran arraigo en incontables lugares del planeta, pero en América Latina siempre chocó con las modalidades descarnadas de la opresión estadounidense. Incluso la singularidad no colonial del imperialismo yanqui estuvo muy acotada en el Patio Trasero, que padeció un récord de ocupaciones, intervenciones y golpes de estado.


La idea de un imperio estadounidense meramente informal -con presencias militares breves y restringidas- y sustento estructural en la dominación económica, no se aplica a pleno en la región. América Latina fue siempre un escenario de la Doctrina Monroe contra los rivales foráneos y las rebeliones antiimperialistas.


La singularidad del Patio Trasero como un coto privilegiado de la supremacía estadounidense afronta actualmente un cuestionamiento inédito. La presencia China hace tambalear ese presupuesto bicentenario y empuja a los gestores de la Casa Blanca a buscar alguna forma de conservación de la vieja hegemonía. Ningún mandatario encontró hasta ahora la fórmula de esa preservación, en la gran disputa con China que analizaremos en el próximo artículo.


9-3-2023


 *RESUMEN* 


Un principio defensivo se transformó en la guía estadounidense para desplazar competidores y reforzar la dominación regional. Legitimó inicialmente la ampliación territorial, el control de Centroamérica, la supremacía en el Caribe y la disputa por Sudamérica. La doctrina orientó el desplazamiento de España e Inglaterra y convalidó la primacía de las empresas norteamericanas. Ese barómetro apuntaló la cruzada anticomunista durante la guerra fría.


Ese mismo patrón reaparece en el siglo XXI, pero con decreciente efectividad. No logra disuadir la presencia china, ni los negocios asiáticos con las clases dominantes de la región. También pierde gravitación el autoelogio, el padrinazgo y la terminología imperial. Estados Unidos no encuentra fórmulas para retomar su dominación.


 *REFERENCIAS* 


Rinke, Stefan (2015). América Latina y Estados Unidos. Una historia entre espacios desde la época colonial hasta hoy, Madrid, El Colegio de México/Marcial Pons


Cockcroft, James (2002). América Latina y Estados Unidos, Siglo XXI, México.


Katz, Claudio (2008). Las disyuntivas de la izquierda en América Latina, Ediciones Luxemburg, Buenos Aires


Vitale, Luis (1992). Introducción a una teoría de la historia para América Latina, Planeta, Buenos Aires (cap 4, 6)


Soler, Ricaurte (1980). Idea y cuestión nacional latinoamericanas. De la independencia a la emergencia del imperialismo, Siglo XXI, México


Arrighi, Giovanni (1999). El largo siglo XX. Akal,


Guerra Vilaboy Sergio (2006). Breve Historia de América Latina, Habana, Ciencias Sociales,


Godio Julio (1985). Historia del movimiento obrero latinoamericano 3, Nueva Sociedad, Caracas.


Morgenfeld, Leandro (2018). Trump y el retorno a la Doctrina Monroe 6/02/2018 https://www.nodal.am/2018/02/trump-retorno-la-doctrina-monroe-leandro-morgenfeld/


García Iturbe, Néstor (2018). La Doctrina Monroe siempre ha estado vigente 10/02/2018


https://rebelion.org/la-doctrina-monroe-siempre-ha-estado-vigente/


Redacción (2022). Los casi 200 años de delitos de Estados Unidos sobre América Latina bajo la Doctrina Monroe May 14, 2022 https://www.conclusion.com.ar/internacionales/los-casi-200-anos-de-delitos-de-estados-unidos-sobre-america-latina-bajo-la-doctrina-monroe/05/2022/


Paz y Miño Cepeda, Juan (2023). Renacen ideales latinoamericanistas, 9-2-https://www.aporrea.org/internacionales/a319464.html


Boron, Atilio (2023). Mike Pompeo se confiesa en un libro, https://atilioboron.com.ar/mike-pompeo-se-confiesa-en-un-libro/


Frade, Ibis (2021) ¿Cuándo va a morir la Doctrina Monroe? diciembre 31, https://www.prensa-latina.cu/2021/12/31/escaner-cuando-va-a-morir-la-doctrina-monroe-fotos-info-video


Anderson, Perry (2013). Imperium et Consilium La política exterior norteamericana y sus teóricos, AKAL, Madrid


Anderson, Perry (2010). Algunas observaciones históricas sobre la hegemonía, en Crítica y emancipación. Revista latinoamericana de ciencias sociales, Año II, Nº 3, primer semestre.


junio 2021 (33)

PARTIDO COMUNISTA DE LOS TRABAJADORES BRASILEÑOS/PCTB . Tema Espectacular Ltda. Tecnología

6/02/2023

Eliminemos cucarachas





Las cucarachas son una de las plagas más comunes y también las más molestas, y si has intentado, de muchas maneras, deshacerte de ellas sin tener éxito, aquí te decimos cómo podrás alejarlas para siempre de tu hogar.


La realidad de las cosas es que no siempre tiene que haber suciedad en tu casa para tener cucarachas, están llegan hasta por el más mínimo detalle, hospedándose en tu hogar hasta formar una colonia de insectos.


Y hacen que nuestra casa tenga un aspecto feo ante las visitas que tengas y que pudieran llegar a ver un pequeño inquilino de estos. ¡La vergüenza que nos hace pasar!



Evidentemente, queremos que estos insectos desaparezcan de nuestro hogar, pero tampoco tenemos el corazón para matar cucarachas, por lo cual, podemos hacer uso del CLORO.


El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades, describe al cloro como << una sustancia química industrial que se usa en la manufactura de productos, y también se usa para desinfectar agua >>


Así que, en sí, el cloro podemos usarlo como un desinfectante para casi cualquier cosa, por lo cual aparte de alejar a las cucarachas, también podrá acabar con cualquier germen que estas dejen, porque, por si no lo sabías, las cucarachas son portadoras de un sinfín de gérmenes.


De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, estos son de los insectos más peligrosos para el humano, pues si bien son pequeños y no tienen fuerza para dañarnos físicamente, estos se desplazan con gran tranquilidad y facilidad entre alcantarillas, pozos sépticos, entre otros lugares que están oscuros, poco ventilados, húmedos y llenos de bacterias.


Siendo capaces de transmitir enfermedades como:



Cólera

Meningitis

Neumonía

Brucelosis

Tétanos

Tuberculosis

Difteria

Muermo


Así es, y estas no son todas las enfermedades que pueden contagiarnos, hay muchas más, sin embargo, estas son las más peligrosas para el ser humano.


Por lo cual, aquí te dejaremos unos tips para que puedas ahuyentar a esos molestos insectos con esta sustancia que es el cloro.


Evidentemente, tu casa tendrás que mantenerla lo bastante limpia para poder evitar que se sigan propagando más cucarachas. Dentro de la limpieza puedes incluir este prometedor desinfectante, que cumplirá su función de eliminar cualquier suciedad u olor que sea que esté atrayendo a las cucarachas.


Pero eso sí, deberás asegurarte de que solo sea mezclado con agua, no con ningún otro detergente o solución, de lo contrario podría resultar muy nocivo para tu salud, y siempre deberás portar guantes mientras estés usando el cloro.


Otro famoso truco es verter cloro dentro de una botella tipo atomizador, y a esto también agregarle agua, procurando que este último líquido sea el que más predomina dentro. Este atomizador podrás usarlo en los rincones de la casa donde veas que las cucarachas se hacen presentes, lo que dará como resultado un tipo repelente debido a su fuerte y mareador olor, las cucarachas se irán corriendo o volando, según su capacidad.


Y, como un último remedio, pero mucho más agresivo para las cucarachas, puedes poner agua con cloro en una tapa o traste que ya no uses, y este ponerlo en los rincones de tu hogar, donde tú hayas visto que se encuentran estos insectos. Al día siguiente estarán cucarachas muertas en tu hogar y habrás resuelto tu problema de plaga.


Y por último, no está de más recordarte que debes tener extremo CUIDADO con el empleo de este químico puesto que es muy fuerte y nocivo incluso para nuestra salud.




Vía https://ensedeciencia.com/2023/06/01/la-manera-correcta-de-usar-el-cloro-para-acabar-definitivamente-con-las-cucarachas/




  • 1/2 taza de restos de café.
  • 6 clavos de olor
  • La mecha de una vela.
  • Un recipiente mediano.

Preparación

  • Dejar secar los restos de café hasta que la humedad desaparezca.
  • En un recipiente, colocar la mecha y llena con el café, además de los clavos de olor.
  • Prender como una vela y colocarla en la habitación que prefieras.


El olor del laurel y la albahaca es muy desagradable para las cucarachas

Laurel

El laurel es comúnmente conocido en la cocina, siendo muy recurrente su uso en arroces o pucheros

 iStock

El laurel es comúnmente conocido en la cocina, siendo muy recurrente su uso en arroces o pucheros. Su uso para repeler insectos no es tan conocido pero resulta muy efectivo, pudiendo utilizarse también para ahuyentar pulgones, moscas, hormigas, polillas y mosquitos. El laurel no los mata, es el olor que desprende lo que hace que estos bichos salgan corriendo.


Es preferible que sean hojas frescas, puesto que su aroma es más potente, aunque si tienes secas debes saber que su olor dura cerca de un año. Sigue estos sencillos pasos para hacer un repelente casero y sostenible:

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