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2/04/2026

El «Por ahora» tras las rejas: una guerrillera y la aurora bolivariana Geraldina Colotti Rebibbia, Sección de Alta Seguridad, 1992. Las paredes grises y el eco metálico de las puertas eran ahora el universo de la joven, otrora militante de las Brigadas Rojas. Su ideal de transformación social, forjado en la efervescencia de los llamados años de plomo, la había llevado a un camino de clandestinidad y, finalmente, después de sobrevivir a un tiroteo en el que los carabineros querían acabar con ellos, a esta celda fría donde el tiempo se medía en el parpadeo fluorescente del techo, en el olor de los libros sin cubierta –los únicos permitidos– , en la tinta de los periódicos que se podían encontrar, que manchaba los dedos, pero daba la ilusión de continuar con un hábito indispensable de los años de la guerrilla, cuando era esencial mantenerse informado sobre la situación política y los movimientos del enemigo. Y luego estaba el ritual de los noticieros, que afuera se escuchaban y comentaban juntos en las casas clandestinas. En la celda, ella los escuchaba sola, después de cerrar los libros o los cuadernos, y los comentaba maldiciendo en voz baja, para evitar que las guardias la tomaran por loca. En la pequeña pantalla, incrustada en el muro, las imágenes parpadeaban con la monotonía de siempre: política italiana enredada en escándalos, ecos lejanos de la caída del Muro, la omnipresente sombra de la Guerra del Golfo. Pero una tarde, una figura inesperada irrumpió en la rutina visual. Un militar joven, de uniforme verde oliva y boina roja, con una determinación palpable en la mirada, se dirigía a las cámaras tras un fallido intento de rebeldía en un país lejano llamado Venezuela: «El típico golpe de estado del típico gorila latinoamericano», había comentado el cronista. Pero ella, curtida en el análisis político y la lectura entre líneas, sintió una punzada de curiosidad. Las palabras del comandante, un tal Hugo Chávez, resonaron en el aire viciado del encierro: «Por ahora». Una promesa suspendida, una derrota que no era final. En ese «por ahora», la brigadista sentenciada, vislumbró una chispa, un eco distante de la rebeldía que creía extinguida en los laberintos de su encierro carcelario, mientras se iba imponiendo la narrativa posmoderna del fin de las ideologías y de toda esperanza de cambio para las clases populares. Años después, las rejas de Rebibbia comenzaron a ceder levemente. Gracias a permisos de trabajo externo, la brigadista experimentó el contraste brutal entre la rigidez del encierro y la relativa libertad del mundo exterior, pero bajo una censura y un control igualmente brutal, de un sistema cómplice para el cual solo eran peligrosos terroristas a silenciar. Trabajaba en un pequeño periódico de izquierda, en medio de “sobrinos políticos” que apenas soportaban sus elecciones, y menos aún los constantes controles armados de las fuerzas policiales. Fue allí donde la figura de Chávez y su Revolución Bolivariana comenzaron a tomar forma, nutriéndose de retazos de noticias, comentarios sesgados y la persistente propaganda negativa que los medios occidentales vertían sobre el proceso venezolano, aderezada incluso con apreciaciones racistas. Para la brigadista, que ahora empuñaba el teclado como antes las armas, la distorsión informativa era una vieja conocida. Reconocía las estrategias de demonización, la simplificación burda de procesos complejos, la omisión sistemática de las voces populares. La Revolución Bolivariana era presentada como una deriva autoritaria, un régimen populista abocado al fracaso, una amenaza para la «democracia» y el «orden internacional». Pero la imagen del joven comandante diciendo «por ahora» seguía grabada en su memoria. Había algo genuino en esa derrota anunciada, una conexión palpable con un pueblo que parecía hastiado de la vieja política. Ahora, desde su segunda vida, la brigadista comenzó una silenciosa labor de contrainformación. Devoraba artículos académicos, buscaba fuentes alternativas en internet (una tecnología aún incipiente pero reveladora), analizaba los discursos de Chávez con la misma meticulosidad con la que antes planificaba acciones clandestinas. En la redacción, junto a los pocos que mantenían un juicio abierto sobre la revolución bolivariana, aprovechaba cualquier resquicio para deslizar comentarios que cuestionaban la narrativa dominante. Con sus colegas, debatía sobre la nacionalización del petróleo, los programas sociales masivos, la participación popular en la política venezolana. Su mirada analítica, entrenada en la crítica radical, detectaba las inconsistencias y las manipulaciones de la propaganda anti-bolivariana. Del contacto con las embajadas, llegaban noticias de primera mano, diferentes a las difundidas por las agencias de prensa. No se trataba de una conversión automática ni de una adhesión ciega. Como revolucionaria del siglo XX, y como marxista de escuela europea, ella conservaba su espíritu crítico y sus reservas sobre ciertos aspectos del proceso, sobre todo sobre el tema de la toma del poder y de la falta de expropiación de la burguesía. Pero reconocía en la Revolución Bolivariana un intento real, aunque imperfecto, de desafiar el statu quo, de dar voz a los excluidos, de construir una alternativa al neoliberalismo rampante que asolaba el planeta. Para la brigadista que vio una promesa tras las rejas, la Revolución Bolivariana se había convertido en una interrogante crucial. Ya no se trataba de la lucha armada en las calles italianas, sino de una batalla más sutil, pero igualmente trascendente: la lucha por la verdad contra el imperio de la desinformación. Y en esa trinchera, con las herramientas de su formación política y de su actual profesión, comenzaba a desenmascarar las sombras proyectadas sobre la esperanza que había germinado de un simple «por ahora» pronunciado al otro lado del Atlántico. Su «por ahora» personal se había transformado en una búsqueda incansable por comprender y difundir la complejidad de un proceso revolucionario que resonaba con ecos de sus propios sueños inconclusos. Por eso, jamás, en ningún momento, abandonaría la revolución bolivariana. “Por ahora”. Y para siempre. Cuando la militante terminó su condena y pudo viajar, vivió de cerca la fuerza del Chávez orador y comunicador de la historia. No solo transmitía directrices políticas; narraba la epopeya bolivariana, conectando el presente de la Revolución con las gestas independentistas de Simón Bolívar. Chávez usó la comunicación como una herramienta pedagógica para elevar la conciencia de clase, forjar la identidad soberana y recordar al pueblo sus raíces de lucha. Su insistencia en la historia no era nostalgia, sino un recordatorio constante de que la lucha contra el imperialismo y la oligarquía era un ciclo que se repetía, y que la victoria dependía de la unidad y la voluntad popular. Esta conexión histórica resulta vital para entender la opción revolucionaria en el siglo XXI. Para la ex guerrillera, formada en la militancia radical europea, la experiencia de la Revolución Bolivariana - aunque sin dictatura del proletariado - devolvía la vigencia a la necesitad de la ruptura radical. El siglo XX, con sus intentos de toma del poder por la vía armada, como fue el caso de la guerrilla urbana en Italia, representa una fase histórica cuyas lecciones deben ser comunicadas y analizadas sin los filtros de la condena oficial. Estas experiencias, si bien no siempre exitosas o exentas de errores, demostraron la disposición de algunos sectores a llevar la lucha de clases a sus últimas consecuencias. Comunicar esta historia en el presente no es hacer apología de la violencia, sino recordar que la oligarquía y los grandes grupos económicos jamás cederán su poder voluntariamente. La firmeza revolucionaria es una necesidad histórica. La opción revolucionaria, comunicada y mantenida como principio, es lo que da a un líder la fuerza moral y política para no ceder. Chávez lo demostró: nunca se doblegó ante los diktat de Washington porque mantenía la soberanía como un valor no negociable. Una lección aprendida de la historia, que Nicolás Maduro, otro gran comunicador popular, sigue enseñando con la misma determinación y valentía: más aún en este momento en que, como prisionero de guerra del imperialismo estadounidense, nos envía el símbolo de la firma de Chávez, para renovar de este modo la promesa del “por ahora”.

 El «Por ahora» tras las rejas: una guerrillera y la aurora bolivariana



Geraldina Colotti RedContactoSur 

Rebibbia, Sección de Alta Seguridad, 1992. Las paredes grises y el eco metálico de las puertas eran ahora el universo de la joven, otrora militante de las Brigadas Rojas. Su ideal de transformación social, forjado en la efervescencia de los llamados años de plomo, la había llevado a un camino de clandestinidad y, finalmente, después de sobrevivir a un tiroteo en el que los carabineros querían acabar con ellos, a esta celda fría donde el tiempo se medía en el parpadeo fluorescente del techo, en el olor de los libros sin cubierta –los únicos permitidos– , en la tinta de los periódicos que se podían encontrar, que manchaba los dedos, pero daba la ilusión de continuar con un hábito indispensable de los años de la guerrilla, cuando era esencial mantenerse informado sobre la situación política y los movimientos del enemigo.


Y luego estaba el ritual de los noticieros, que afuera se escuchaban y comentaban juntos en las casas clandestinas. En la celda, ella los escuchaba sola, después de cerrar los libros o los cuadernos, y los comentaba maldiciendo en voz baja, para evitar que las guardias la tomaran por loca.


En la pequeña pantalla, incrustada en el muro, las imágenes parpadeaban con la monotonía de siempre: política italiana enredada en escándalos, ecos lejanos de la caída del Muro, la omnipresente sombra de la Guerra del Golfo. Pero una tarde, una figura inesperada irrumpió en la rutina visual. Un militar joven, de uniforme verde oliva y boina roja, con una determinación palpable en la mirada, se dirigía a las cámaras tras un fallido intento de rebeldía en un país lejano llamado Venezuela: «El típico golpe de estado del típico gorila latinoamericano», había comentado el cronista.


Pero ella, curtida en el análisis político y la lectura entre líneas, sintió una punzada de curiosidad. Las palabras del comandante, un tal Hugo Chávez, resonaron en el aire viciado del encierro: «Por ahora». Una promesa suspendida, una derrota que no era final. En ese «por ahora», la brigadista sentenciada, vislumbró una chispa, un eco distante de la rebeldía que creía extinguida en los laberintos de su encierro carcelario, mientras se iba imponiendo la narrativa posmoderna del fin de las ideologías y de toda esperanza de cambio para las clases populares.


Años después, las rejas de Rebibbia comenzaron a ceder levemente. Gracias a permisos de trabajo externo, la brigadista experimentó el contraste brutal entre la rigidez del encierro y la relativa libertad del mundo exterior, pero bajo una censura y un control igualmente brutal, de un sistema cómplice para el cual solo eran peligrosos terroristas a silenciar. Trabajaba en un pequeño periódico de izquierda, en medio de “sobrinos políticos” que apenas soportaban sus elecciones, y menos aún los constantes controles armados de las fuerzas policiales.


Fue allí donde la figura de Chávez y su Revolución Bolivariana comenzaron a tomar forma, nutriéndose de retazos de noticias, comentarios sesgados y la persistente propaganda negativa que los medios occidentales vertían sobre el proceso venezolano, aderezada incluso con apreciaciones racistas. Para la brigadista, que ahora empuñaba el teclado como antes las armas, la distorsión informativa era una vieja conocida. Reconocía las estrategias de demonización, la simplificación burda de procesos complejos, la omisión sistemática de las voces populares. La Revolución Bolivariana era presentada como una deriva autoritaria, un régimen populista abocado al fracaso, una amenaza para la «democracia» y el «orden internacional».


Pero la imagen del joven comandante diciendo «por ahora» seguía grabada en su memoria. Había algo genuino en esa derrota anunciada, una conexión palpable con un pueblo que parecía hastiado de la vieja política. Ahora, desde su segunda vida, la brigadista comenzó una silenciosa labor de contrainformación. Devoraba artículos académicos, buscaba fuentes alternativas en internet (una tecnología aún incipiente pero reveladora), analizaba los discursos de Chávez con la misma meticulosidad con la que antes planificaba acciones clandestinas.


En la redacción, junto a los pocos que mantenían un juicio abierto sobre la revolución bolivariana, aprovechaba cualquier resquicio para deslizar comentarios que cuestionaban la narrativa dominante. Con sus colegas, debatía sobre la nacionalización del petróleo, los programas sociales masivos, la participación popular en la política venezolana. Su mirada analítica, entrenada en la crítica radical, detectaba las inconsistencias y las manipulaciones de la propaganda anti-bolivariana. Del contacto con las embajadas, llegaban noticias de primera mano, diferentes a las difundidas por las agencias de prensa.


No se trataba de una conversión automática ni de una adhesión ciega. Como revolucionaria del siglo XX, y como marxista de escuela europea, ella conservaba su espíritu crítico y sus reservas sobre ciertos aspectos del proceso, sobre todo sobre el tema de la toma del poder y de la falta de expropiación de la burguesía. Pero reconocía en la Revolución Bolivariana un intento real, aunque imperfecto, de desafiar el statu quo, de dar voz a los excluidos, de construir una alternativa al neoliberalismo rampante que asolaba el planeta.


Para la brigadista que vio una promesa tras las rejas, la Revolución Bolivariana se había convertido en una interrogante crucial. Ya no se trataba de la lucha armada en las calles italianas, sino de una batalla más sutil, pero igualmente trascendente: la lucha por la verdad contra el imperio de la desinformación. Y en esa trinchera, con las herramientas de su formación política y de su actual profesión, comenzaba a desenmascarar las sombras proyectadas sobre la esperanza que había germinado de un simple «por ahora» pronunciado al otro lado del Atlántico. Su «por ahora» personal se había transformado en una búsqueda incansable por comprender y difundir la complejidad de un proceso revolucionario que resonaba con ecos de sus propios sueños inconclusos. Por eso, jamás, en ningún momento, abandonaría la revolución bolivariana. “Por ahora”. Y para siempre.


Cuando la militante terminó su condena y pudo viajar, vivió de cerca la fuerza del Chávez orador y comunicador de la historia. No solo transmitía directrices políticas; narraba la epopeya bolivariana, conectando el presente de la Revolución con las gestas independentistas de Simón Bolívar. Chávez usó la comunicación como una herramienta pedagógica para elevar la conciencia de clase, forjar la identidad soberana y recordar al pueblo sus raíces de lucha. Su insistencia en la historia no era nostalgia, sino un recordatorio constante de que la lucha contra el imperialismo y la oligarquía era un ciclo que se repetía, y que la victoria dependía de la unidad y la voluntad popular. Esta conexión histórica resulta vital para entender la opción revolucionaria en el siglo XXI.


Para la ex guerrillera, formada en la militancia radical europea, la experiencia de la Revolución Bolivariana - aunque sin dictatura del proletariado - devolvía la vigencia a la necesitad de la ruptura radical. El siglo XX, con sus intentos de toma del poder por la vía armada, como fue el caso de la guerrilla urbana en Italia, representa una fase histórica cuyas lecciones deben ser comunicadas y analizadas sin los filtros de la condena oficial.


Estas experiencias, si bien no siempre exitosas o exentas de errores, demostraron la disposición de algunos sectores a llevar la lucha de clases a sus últimas consecuencias. Comunicar esta historia en el presente no es hacer apología de la violencia, sino recordar que la oligarquía y los grandes grupos económicos jamás cederán su poder voluntariamente. La firmeza revolucionaria es una necesidad histórica.


La opción revolucionaria, comunicada y mantenida como principio, es lo que da a un líder la fuerza moral y política para no ceder.


Chávez lo demostró: nunca se doblegó ante los diktat de Washington porque mantenía la soberanía como un valor no negociable. Una lección aprendida de la historia, que Nicolás Maduro, otro gran comunicador popular, sigue enseñando con la misma determinación y valentía: más aún en este momento en que, como prisionero de guerra del imperialismo estadounidense, nos envía el símbolo de la firma de Chávez, para renovar de este modo la promesa del “por ahora”.

China y Uruguay profundizan mano a mano su cooperación e inyectan un nuevo dinamismo a las relaciones China-América Latina

 

El presidente uruguayo, Yamandú Orsi, acompañado de una la delegación empresarial más numerosa en la historia de su país, se encuentra actualmente en China para realizar una visita de Estado de siete días al país asiático. Orsi es el primer jefe de Estado de América Latina en visitar China este 2026, en un viaje que coincide, además, con el 38° aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre China y Uruguay. Asimismo, en un contexto internacional marcado por cambios y turbulencias, la visita contribuye de manera destacada a la profundización de la asociación estratégica integral entre ambos países y al desarrollo de la cooperación entre China y América Latina.


Abundantes frutos alcanzados durante la visita


Después de la reunión sostenida el 4 de febrero, los jefes de Estado de los dos países presenciaron conjuntamente la firma de más de 10 documentos de cooperación en áreas como la promoción de inversiones y el comercio, que abarcan múltiples campos importantes, incluyendo el comercio, las finanzas, la agricultura y ganadería, y la economía digital. En la comitiva del presidente Orsi, formada por más de 150 personas, la proporción de empresarios fue extremadamente alta, lo que demuestra la determinación estratégica del país sudamericano de "confiar en China". Ambas partes no solo centran su cooperación en industrias con ventajas tradicionales, sino que también exploran el potencial de campos emergentes como la inteligencia artificial, la energía limpia y la biotecnología. Es particularmente destacable que las dos naciones alcanzaron un consenso sobre la actualización del acuerdo de inversión y la promoción de la implementación del plan de cooperación en el marco de la iniciativa de la Franja y la Ruta. Al combinar la ventaja geográfica de Uruguay como nodo logístico del Atlántico Sur con la ventaja industrial de China, no solo se potencia la interconexión de Uruguay, sino que también se impulsa el desarrollo integrado de la región sur de Sudamérica.


Buen ejemplo de las relaciones China-América Latina








La profundización de la cooperación entre China y Uruguay ofrece un modelo práctico para el desarrollo de las relaciones entre China y América Latina. Aunque las dos partesestán separadas por océanos, comparten amplios consensos en torno a la oposición al hegemonismo unilateral y a la defensa del multilateralismo. La visita del presidente Orsi a China no solo es una continuación de la política de Uruguay hacia el país asiático, sino que también refleja las expectativas compartidas de los países latinoamericanos de profundizar la cooperación con China. Como el inicio de los intercambios de alto nivel entre China y América Latina en 2026, esta visita promueve la construcción más sólida y efectiva de la comunidad China-América Latina de futuro compartido.


La "nueva Doctrina Monroe" estadounidense afecta la soberanía y los intereses de desarrollo de los países latinoamericanos, lo que hace que el valor estratégico de la cooperación entre China y América Latina sea aún más prominente. China y Uruguay reafirmaron su apoyo mutuo a los principales intereses de cada uno: Uruguay se adhiere firmemente al principio de una sola China, y China apoya a los países latinoamericanos en la defensa de sus derechos e intereses de desarrollo. Esta confianza mutua estratégica es la piedra angular para que las relaciones entre China y América Latina avancen de manera estable ycontinua.


La visita del presidente Orsi a China no solo ha fortalecido aún más la amistad entre China y Uruguay, sino que también ha transmitido al mundo una señal firme de que China y América Latina trabajan conjuntamente para hacer frente a los retos y buscar el desarrollo común.

2/02/2026

Inicio | Secciones | Educación Delegación de la Udelar encabezada por el rector Cancela integra misión a China para firmar acuerdos de cooperación

 

30.01.2026

MONTEVIDEO (Uypress) – La Universidad de la República (Udelar) integra la comitiva presidencial en el viaje a la República Popular China, que se desarrollará del 1 al 7 de febrero de 2026 en las ciudades de Beijing y Shanghái.

 

La delegación de la casa de estudios está encabezada por el rector Héctor Cancela, acompañado de su secretario técnico, Agustín Cano; la prorrectora de Gestión, Laura González, y el presidente del Servicio de Relaciones Internacionales de la Udelar, Gonzalo Vicci.

La visita oficial tiene por objetivo la integración de ciencia, tecnología e innovación. En este sentido, el rector de la Udelar firmará una decena de convenios y memorándum de entendimiento con diversas universidades chinas, con la empresa de telecomunicaciones Huawei y con el Instituto de Investigación de Recursos Hídricos y Energía Hidroeléctrica (IWHR) de la República Popular China.

Los acuerdos se efectuarán con la Universidad de Shantou, la Universidad de Qingdao, la Universidad Agrícola del Sur de China, la Universidad de Ciencia y Tecnología de Macao, la Universidad Lingnan de Hong Kong y la Universidad de Estudios Internacionales Jilin.

Según informa la Udelar a través de su servicio de comunicación, los convenios implican desde el fomento de intercambios estudiantiles y académicos hasta el desarrollo de laboratorios conjuntos en Bio-Nano-Farma y en la aplicación de inteligencia artificial para identificar patologías orales. Otros acuerdos incluyen cooperación en materia artística y fomentar innovaciones tecnológicas para potenciar la seguridad alimentaria.

Para Cancela, esta visita supone «una oportunidad privilegiada para profundizar vínculos existentes con China y para generar nuevas oportunidades en lo que respecta a la formación, el desarrollo de nuevas líneas de investigación y el acceso a plataformas y equipamientos de alta tecnología». 

«Valoro la posibilidad de ser parte de una misión país, en conjunto con el gobierno y con otros actores académicos y empresariales, ya que la diversificación de los vínculos internacionales y la búsqueda de sinergias y complementariedades refuerzan las posibilidades del desarrollo nacional. Para ello, tenemos que fortalecer el ecosistema interno y desarrollar áreas estratégicas que aporten a la soberanía del país y a mejorar las condiciones de vida de toda la población», manifestó el rector.

Tras acompañar la misión presidencial, el equipo de la Udelar permanecerá una semana más en China para continuar la agenda de trabajo con visitas a la Ciudad Universitaria (CityU) de Hong Kong, la Hong Kong Academy for Performing Arts, la universidad Lingnan, la incubadora tecnológica CyberPort y la empresa de alta tecnología MUST.

 

Imagen: Uypress/DFP

1/31/2026

MIGRACIÓN, IMPERIALISMO, RACISMO Y COLONIZACIÓN

 

 

MIGRACIÓN, IMPERIALISMO, RACISMO Y COLONIZACIÓN

La hipocresía del poder en la mal llamada América

Este no es un texto neutral. No busca equilibrio entre víctimas y victimarios. Es una toma de posición política e histórica frente a un sistema de dominación que se recicla, cambia de discurso, pero conserva intacta su lógica: saqueo, exclusión, represión y mentira.
Hablar de migración, racismo y xenofobia sin señalar a los verdaderos responsables es seguir siendo cómplices. Por eso este manifiesto nombra, acusa y contextualiza. Porque el silencio también es una forma de violencia.

América Latina, América Central y América del Norte son territorios construidos por migrantes, pueblos originarios esclavizados y poblaciones desplazadas por la colonización. Sin embargo, hoy quienes gobiernan —hijos, nietos y bisnietos de migrantes— levantan muros, deportan pobres y reproducen políticas xenófobas al servicio del imperialismo.

AMÉRICA: UN CONTINENTE MIGRANTE GOBERNADO POR XENÓFOBOS

Resulta profundamente paradójico —y criminal— que en un continente forjado por la migración, la conquista y el desplazamiento forzado, los actuales gobiernos adopten políticas antimigratorias, represivas y racistas.
La mayoría de los presidentes, ministros y funcionarios del continente tienen raíces migrantes. Sus familias llegaron huyendo del hambre, de guerras o de persecuciones. Hoy, convertidos en administradores del poder, reprimen, censuran, deportan y estigmatizan a quienes hacen exactamente lo mismo que hicieron sus abuelos.
El llamado “sueño americano” ha sido una de las estafas ideológicas más grandes de la historia. Estados Unidos no es ningún paraíso: es el país con mayor consumo de drogas, con sistemas de prostitución legal e ilegal gigantescos, con casinos, mafias financieras, corrupción estructural y cárceles convertidas en negocios.
Ese “sueño” solo existe para una minoría. Para el resto, es explotación, persecución y descarte.

ESTADOS UNIDOS: IMPERIO, INVASIÓN Y SAQUEO

Estados Unidos no es una democracia ejemplar: es un imperio.
 Desde su conformación ha intervenido, invadido o desestabilizado más de 400 veces a países del continente, desde México hasta la Patagonia.
Algunos ejemplos sobran:
México (1846–1848): robo de más de la mitad del territorio.
Cuba, Puerto Rico y Filipinas (1898).
Nicaragua, Haití, República Dominicana, Panamá, Granada.
Guatemala (1954), Chile (1973), Argentina y el Cono Sur mediante dictaduras.
Irak, Afganistán, Libia, Siria fuera del continente, con la misma lógica criminal.
Cuando no puede imponer gobiernos lacayos, invade directamente.
 Cuando no invade, bloquea, asfixia, sanciona y financia golpes.
El 3 de enero de 2026, Venezuela volvió a ser víctima de una agresión directa del imperialismo estadounidense, en continuidad con décadas de ataques, sabotajes, intentos de magnicidio y guerra económica contra un pueblo que decidió no someterse.

ICIS, MIGRACIÓN Y VIOLENCIA INSTITUCIONAL

La creación y funcionamiento de organismos como ICIS responde a una lógica de control y castigo del migrante pobre. No persiguen mafias ni capitales ilegales: persiguen cuerpos, rostros, acentos y pieles.
El migrante es tratado como sospechoso, como delincuente potencial, como amenaza. Se lo encierra, se lo deporta, se lo separa de sus familias, se lo humilla. Todo bajo discursos de “seguridad” que esconden racismo y clasismo.

ARGENTINA: ESTIGMATIZACIÓN Y DEPORTACIÓN DEL MIGRANTE BOLIVIANO

En Argentina, la estigmatización del migrante tiene un rostro claro: la población boliviana.
 Trabajadores de la construcción, del campo, de la industria textil, del comercio informal, hoy son señalados como culpables de crisis que no generaron.
Se los acusa, se los persigue, se los amenaza con deportaciones, mientras el gran capital extranjero saquea sin control. El pobre molesta. El rico extranjero es bienvenido.
Esto no es casual: es parte de una matriz colonial que necesita enemigos internos para justificar el ajuste y la represión.

LAS CÁRCELES DEL SISTEMA IMPERIAL Y EL MODELO BUKELE

Las cárceles del sistema imperial no buscan justicia: buscan disciplinamiento social.
 El modelo de Nayib Bukele en El Salvador es el ejemplo perfecto de un dispositivo represivo vendido como éxito, pero funcional a Estados Unidos.
Cárceles masivas, detenciones sin debido proceso, violaciones a derechos humanos, militarización de la vida civil. Todo aplaudido por el poder mediático internacional porque garantiza “orden” para el capital, no dignidad para los pueblos.

LA IGLESIA CATÓLICA: PILAR HISTÓRICO DEL RACISMO Y LA COLONIZACIÓN

No puede hablarse de racismo y xenofobia sin señalar a uno de sus principales pilares históricos: la Iglesia Católica Apostólica Romana.
La Iglesia llegó a la mal llamada América con la espada en una mano y la Biblia en la otra. Bendijo conquistas, justificó esclavitudes y legitimó genocidios. Todo aquel que no se sometía era perseguido, torturado o decapitado.
Durante más de dos mil años, la Iglesia nunca tuvo un Papa indígena ni un Papa negro. Esa ausencia expresa una estructura racista, eurocéntrica y colonial.
Incluso dentro de la Iglesia hubo denuncias.
 Bartolomé de las Casas describió a los pueblos originarios como:
“los más humildes, más pacíficos y más obedientes del mundo”
y denunció que los cristianos:
“con caballos, espadas y lanzas, comenzaron a hacer matanzas y crueldades nunca antes vistas”.
La fe fue usada como excusa para el saqueo y el exterminio. Ese legado sigue vivo en el racismo actual.

LLAMADO POLÍTICO

Nada de lo que ocurre hoy es casual. Migración, racismo, cárceles, represión y saqueo son partes de un mismo sistema imperial.
Frente a eso, no alcanza con indignarse: hay que organizarse.
 La soberanía no se pide: se ejerce.
 La dignidad no se negocia.
Los pueblos de América tienen memoria, historia y derecho a decidir su destino sin imperios, sin colonialismo y sin hipocresía.

Lic. Rubén Suárez
 Director – RedContactoSur
 


1/30/2026

POR LA LIBERACIÓN DE LOS PUEBLOS CONTRA EL FASCISMO Y EL IMPERIALISMO**


 POR LA LIBERACIÓN DE LOS PUEBLOSCONTRA EL FASCISMO Y EL IMPERIALISMO**


Saludamos al mundo entero a los pueblos en lucha,a quienes resisten el fascismo, la opresión la colonización del siglo XXI.
Porque este siglo debe y va a ser el siglo de la liberación total de los pueblos.


Una vez más como lo venimos haciendo desde el siglo pasado reafirmamos que seguiremos luchando, sin claudicar, por una comunicación libre, popular e independiente, al servicio de los procesos revolucionarios y liberadores del mundo entero.


Hoy reafirmamos nuestro compromiso inquebrantable con la soberanía, con la autodeterminación de los pueblos, con el pueblo de Chávez, con el pueblo de Simón Bolívar, con el pueblo de Nicolás Maduro y con tantos y tantas compañeras y compañeros que resisten la dominación imperialista.


Hoy alzamos nuestra voz en repudio absoluto a la agresión yanqui, apoyada por los escuálidos, los vende patria, los servidores internos del imperio.


Denunciamos ante el mundo y ante las llamadas organizaciones internacionales como. OEA /ONU su silencio cómplice, su hipocresía, su inacción frente a una nueva agresión sobre este continente mal llamado América, pero que es Abya Yala, territorio de pueblos libres y rebeldes.


Denunciamos la agresión sistemática del imperialismo yanqui contra Venezuela, Nicaragua, Cuba y contra todos los pueblos que se atreven a salir de la opresión imperialista.  


Por eso llamamos a reforzar la militancia antifascista, a reafirmar el compromiso revolucionario, a seguir luchando, a seguir participando, porque la Patria Grande ya no es solo un continente: la Patria Grande hoy es el mundo entero.


Con Chávez en el corazón, seguimos construyendo Patria Grande.
Exigimos la liberación inmediata de Nicolás Maduro y Cilia, reafirmamos nuestro apoyo incondicional a la Revolución Bolivariana, a su conducción política, a la compañera Delcy Rodríguez, y a todos los pueblos y militantes que hoy enfrentan la opresión imperialista.


¡No al fascismo!¡No al imperialismo!¡Sí a la soberanía de los pueblos!¡Viva la Revolución Bolivariana!¡Viva la Patria Grande!



Lic. Rubén Suárez   Ana Juarez   Luis Alves                                 Secretaría Internacional – Red Contacto Sur
30 de enero 2025

1/25/2026

Manifiesto por la Paz en América Latina y el Caribe


 El mundo en el que nos despertamos este 3 de enero es diferente y más peligroso. Con una agresión militar vertiginosa de parte de EEUU, se inauguró el 2026. Secuencia militarista incremental que tuvo un giro a partir de octubre pasado con el desplazamiento de tropas de los EEUU en el Caribe y su accionar ilícito durante meses.

La agresión criminal y el secuestro del presidente en ejercicio Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores, fueron una acción imperialista y colonial que enterraron de hecho al derecho internacional. La cantidad de víctimas venezolanas y cubanas fatales, superó el centenar.

Las normas establecidas desde los tratados de Westfalia en 1648 hasta la paz de Yalta, la Carta de Naciones Unidas, los Convenios de Ginebra de 1949, y todo el orden jurídico regional e internacional (Declaración de los DDHH 1948, Pacto internacional de los Derechos Civiles y Políticos 1966, CELAC 2014, entre muchos otros) y la propia Constitución de Estados Unidos, saltaron por los aires. Hoy solo vuelve a regir la ley del más fuerte: la fuerza bruta, que se ha manifestado también en el genocidio en Palestina.

La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 es una declaración de intenciones para expandir un imperio estadounidense desde Groenlandia hasta la Patagonia. Trump ha repetido (basado en la doctrina Monroe) que el continente americano le pertenece a EEUU y que solo Washington determinará quién y qué se hace en él.

Brasil, Colombia, Cuba, México, además de Groenlandia: Trump afirma que los someterá a todos y disparará sin previo aviso cuando así lo quiera y requieran sus intereses. Es una amenaza abierta contra todos nosotros.

El artero ataque a Venezuela marca un primer paso expansionista. Trump dijo que quería el petróleo de Venezuela y "otros recursos" (tierras raras, litio, agua, etc.). Esto es fascismo.

Un nuevo peligro obliga a condenar sin demora: las armas nucleares han dejado de ser un factor disuasorio. Ya no hay reglas.

Es imprescindible un posicionamiento claro y responsable de todos los países del mundo, porque todos estamos en riesgo, y de manera particular los pueblos de América Latina y el Caribe, históricamente expuestos.

La hora de los pueblos ha llegado para mantenernos como región de Paz y libre de armamento nuclear. En este momento no somos ni lo uno ni lo otro. De nosotros, dependerá también, el futuro pacífico de la Humanidad.

Porque no somos “patio trasero” de nadie, porque queremos construir en paz nuestro futuro:

¡Sí al diálogo! ¡Sí a la Paz!

¡Por una América Latina y el Caribe que continúe siendo territorio de Paz!

Comité Uruguayo Antiimperialista de Solidaridad con Cuba y los Pueblos del Mundo.

Fronteras compartidas, futuros compartidos


Fronteras compartidas, futuros compartidos


La paz no siempre se desmorona por culpa de rivales lejanos. La paz se quiebra cuando los vecinos dejan de dialogar. Las fronteras se cuestionan y la confianza se erosiona. Pequeños desacuerdos se enquistan y acaban volviéndose permanentes. En un mundo atravesado por múltiples focos de tensión global, a menudo son las relaciones entre países vecinos las que, de forma silenciosa, determinan si una región avanza o queda estancada.



 Sobre la autora: Niu Honglin es productora y presentadora de CGTN. También es una de las editoras de Historias de Xi Jinping.


Edición en español: Tu Xiaoling


La paz no siempre se desmorona por culpa de rivales lejanos. La paz se quiebra cuando los vecinos dejan de dialogar.


Las fronteras se cuestionan y la confianza se erosiona. Pequeños desacuerdos se enquistan y acaban volviéndose permanentes. En un mundo atravesado por múltiples focos de tensión global, a menudo son las relaciones entre países vecinos las que, de forma silenciosa, determinan si una región avanza o queda estancada.


Esta idea ocupa un lugar central en uno de los episodios de una serie de pódcast en la que he estado trabajando, dedicada a la gobernanza global y a la construcción de un futuro compartido para la humanidad. Al prepararlo, volví a observar el mismo patrón: cuando los vecinos optan por el diálogo en lugar de la presión, y por la cooperación en lugar de la rivalidad, el desarrollo se abre camino. Cuando no lo hacen, la estabilidad se vuelve frágil. Por ello, los líderes con visión estratégica prestan especial atención a las asociaciones regionales, fundamentales para una paz duradera.



¿Por qué los vecinos importan más que nadie?


Ya en 2013, en una conferencia centrada en la diplomacia con los países vecinos, el presidente Xi Jinping formuló cuatro principios destinados a guiar el enfoque de China: amistad, sinceridad, beneficio mutuo e inclusión. Las palabras en sí son sencillas. Lo que me interesó fue observar cómo se traducen en la práctica.


Poco después de aquella reunión, durante una visita a Kazajistán, Xi Jinping planteó la idea de construir conjuntamente la Franja Económica de la Ruta de la Seda. Ese momento sembró la semilla de lo que más tarde se convertiría en la iniciativa de la Franja y la Ruta.


Asia Central, ubicada en la encrucijada de continentes, fue una de las primeras regiones en poner a prueba este enfoque centrado en los países vecinos. Además, a los países de la región no se les exige encajar en un modelo preestablecido; la cooperación se diseña en función de las prioridades locales.


Kazajistán ofrece un ejemplo elocuente. Cuando el país comenzó a incorporar vehículos de nuevas energías a gran escala, surgió un desafío práctico: la falta de técnicos capacitados. La solución resultó evidente: formar a los jóvenes del país.


Así fue como entraron en escena los Talleres Luban. El primero se estableció en 2023 y se centró en la tecnología del transporte. En 2025 se inauguró el segundo, esta vez enfocado en la inteligencia artificial. Los docentes cruzaron fronteras para impartir clases y los planes de estudio se adaptaron a los mercados laborales locales.


Anasyr Meyrashev, profesor visitante de Kazajistán, explicó cuán distinto resultaba este enfoque respecto de la educación que había recibido años atrás. Hoy, señaló, los estudiantes pueden aplicar la teoría directamente en la práctica, y los empleadores lo han percibido. Los graduados de estos programas están siendo incorporados por grandes empresas en todo el país.

Así es como se manifiesta en la vida real la cooperación entre vecinos cuando funciona de verdad. No es meramente simbólica: cubre carencias, desarrolla capacidades y genera la percepción de que el desarrollo es compartido, no impuesto.



Del comercio a la confianza


Los vínculos económicos entre China y Asia Central han crecido rápidamente, pero lo que más me llamó la atención fue el énfasis en construir mecanismos de cooperación duraderos. Se celebraron cumbres periódicas, se reunieron los ministros de Asuntos Exteriores y, finalmente, se estableció un mecanismo formal para la Cumbre China–Asia Central.


En 2025, China y los cinco países de Asia Central firmaron un tratado de buena vecindad y cooperación amistosa permanentes. Tratados como este no acaparan titulares como lo hacen las crisis, pero son fundamentales. Fijan expectativas y envían una señal clara de que la estabilidad es una responsabilidad compartida.


Una frase de Xi Jinping lo expresó con claridad. Afirmó que, sin importar cómo cambie el mundo, China seguirá siendo un vecino y un socio confiable para los países de Asia Central. Ese tipo de certidumbre es lo que más valoran quienes viven junto a uno.



Más allá de las fronteras, rige el mismo principio


La idea de asociación no se limita a los vecinos inmediatos; se extiende hacia otras regiones, pero la lógica permanece igual.


En África, las relaciones de China han puesto desde hace tiempo el énfasis en la sinceridad, la igualdad y el respeto mutuo. Guinea Ecuatorial puede estar lejos, pero su historia demuestra cómo la confianza se construye con el tiempo. Carreteras, puertos, hospitales y programas de formación transformaron la vida cotidiana. Al mismo tiempo, los gestos de gratitud fluyeron en ambas direcciones, incluida la ayuda ofrecida a China en momentos de crisis.


Uno de los momentos que más me marcó fue la historia de una escuela primaria en la provincia de Yunnan, construida gracias a una donación del presidente de Guinea Ecuatorial. Hoy, miles de estudiantes de distintos grupos étnicos estudian allí. Es un recordatorio de que la amistad entre países se prolonga a través de generaciones que nunca vivieron las dificultades originales que unieron a las naciones.


¿Qué relevancia tiene esto en la actualidad?


Todas estas historias apuntan a una verdad sencilla: la paz regional comienza cuando los vecinos eligen la cooperación en lugar de la desconfianza. Cuando esa elección se repite a lo largo de los años, se abre espacio para el desarrollo, y el desarrollo, a su vez, refuerza la seguridad.

En el pódcast, estas ideas se transmiten mediante voces, lugares y pequeños detalles que no siempre pueden capturarse en el texto escrito. Si este tema te interesa, te recomiendo escuchar este episodio de Historias de Xi Jinping, que ofrece una dimensión adicional que la escritura por sí sola no logra transmitir.


En un momento en que las tensiones globales suelen dominar los titulares, conviene recordar que la paz duradera rara vez se construye mediante grandes gestos. Con mayor frecuencia, se forja a través del trabajo constante y paciente entre vecinos que deciden crecer juntos en lugar de alejarse.


https://espanol.cgtn.com/specials/2024/Historias_de_Xi_Jinping.html

Carta al Presidente Nicolas Maduro y Cilia

 



Caracas, enero de 2026


A Nicolás y Cilia, prisioneros de guerra, corazón de la resistencia

Nicolás, Cilia, os escribo con la tinta de la memoria, esa que nunca palidece porque fue

templada entre las paredes de una celda. Os escribo como quien sabe que el silencio de

una prisión puede ser más atronador que un bombardeo, pero que también puede

convertirse en el coro de un pueblo entero que no se rinde.

Oírte decir, Nicolás, con las muñecas encadenadas: "Soy un prisionero de guerra, soy el

presidente de Venezuela", hizo temblar los cimientos del viejo mundo. Rechazar el pacto

con los tribunales no fue solo un acto de valentía individual; fue el gesto con el que

rescataste la dignidad de todo el Continente. Elegiste no ser una víctima, sino un

combatiente que ocupa una nueva trinchera: la de la cárcel imperial.


Y para ti, Cilia, las palabras se hacen tierra y raíz. Tú no estás allí como sombra o reflejo,

sino como un cuerpo político que el imperio teme. Eres la Primera Combatiente que supo

transformar la ley en escudo y el derecho en espada. Tu cautiverio es el ataque del imperio

a la dignidad de la mujer revolucionaria, aquella que no se dobla y que sostiene la mitad del

cielo con la fuerza de la razón. Como escribió Neruda en su Canto General: Sube a nacer

conmigo, hermano. Y nosotras hoy subimos a nacer contigo, hermana, porque tu silencio

fiero es un grito que desenmascara la cobardía de los carceleros. Eres la prueba de que el

feminismo o es revolucionario y antiimperialista, o no es.


Vuestro orgullo me remite a los tiempos de Brecht, a la fuerza de aquellos prisioneros que

bajo el yugo del nazi-fascismo hacían de su integridad el arma más afilada. El que lucha

puede perder, pero el que no lucha ya ha perdido. Vosotros estáis luchando, incluso detrás

de esos barrotes que intentan en vano cercar la idea misma de la soberanía.


Recuerdo cuando advertías a la historia: decías que cada líder latinoamericano que se

atrevió a desafiar al imperio terminó bajo tierra, como Árbenz o Allende. Pero también

recordabas la excepción de fuego de Fidel, de Daniel y de nuestro eterno Chávez, a quien

el pueblo devolvió al poder arrancándolo de las garras del golpe. Nicolás, no estás solo:

eres la excepción que se hace regla. La historia no se repetirá como tragedia, sino como

victoria, porque el pueblo que trajo a Chávez de vuelta a Miraflores es el mismo que hoy

marcha para traer a vosotros a casa.


Inundaremos de cartas vuestras celdas y la Casa Blanca, para que cada mensaje sea un

golpe contra el muro de vuestro secuestro. Llevaremos la denuncia de vuestro secuestro a

cada tribunal e institución del planeta, sin descanso. Convocaremos a los medios

internacionales para mostrar la fuerza de vuestra verdad contra sus mentiras. Los muros de

cada ciudad hablarán de vosotros a través de murales que llevarán vuestros rostros, y en

las puertas de cada casa y de cada sede pegaremos vuestro manifiesto, porque cada casa

es vuestro bastión, cada calle multiplica vuestra voz.

Nicolás, Cilia: vuestro Por ahora es nuestro Para siempre. El mundo está mirando, y lo que

ve es a un imperio que tiene miedo de dos prisioneros que le sonríen en la cara. ¡Siempre

de pie!


Aclaración

 Esta Carta de nuestra compañera Geraldina Colotti la tomamos como si fuese de la RedContactosur ,pues refleja nuestro pensamiento y accionar

Ruben Suarez Director de RedContactoSur 

1/23/2026

El pan y el acero: por qué la izquierda sin memoria es una izquierda sin futuro

 El pan y el acero: por qué la izquierda sin memoria es una izquierda sin futuro



por Geraldina Colotti RedContactoSur


Hay un momento, en la historia de las revoluciones y de sus derrotas, en el que el enemigo no necesita disparar para vencer: le basta con despuntar las armas de la crítica de quienes deberían estar al otro lado de la barricada. Hoy, mientras el socialismo bolivariano sufre el ataque más feroz —militar, económico y simbólico— la izquierda europea parece hallarse a merced de todos los vientos, incapaz de reconocer en la agresión a Caracas la agresión a sí misma.



Esta narrativa hegemónica, que demoniza y criminaliza cualquier intento de ruptura con el orden establecido, no busca solo derrocar a un gobierno: busca quitarnos el derecho a la memoria de las revoluciones. Al arrebatarnos el recuerdo de los procesos que osaron desafiar al capital, nos han quitado el derecho a la lucha de clases y, por consecuencia, la posibilidad de construir una paz basada en la justicia social.



Precisamente para contrastar este vaciamiento de las conciencias, la Internacional Antifascista propuso recientemente cinco líneas de acción durante un encuentro virtual coordinado por Ronald Gómez, en el que participaron cientos de delegados de todo el mundo. Las propuestas, resumidas por el diputado Nicolás Maduro Guerra —hijo del presidente, músico y economista marxista— son un manifiesto de movilización permanente: inundar de cartas la Casa Blanca y las cárceles donde están recluidos los secuestrados; llevar la denuncia del rapto a todas las sedes institucionales; exigir a los medios que informen sobre la realidad de un doble secuestro que viola todas las leyes internacionales; realizar murales en cada ciudad; activar cuentas regresivas públicas y colocar las fotos de Nicolás y Cilia en cada casa y sede política. Es un llamado a cumplir con nuestra parte, justo ahora que el Pentágono ataca y la revolución insurge.



Debemos observar con extrema atención lo que sucede en Caracas. El gobierno liderado por Delcy Rodríguez es un gobierno encargado: una fórmula que sanciona la vacante temporal del puesto, reafirmando que la presidencia de Nicolás Maduro no ha cesado, sino que ha sido interrumpida por un acto de fuerza externo. En Venezuela, el pueblo no ha dejado de marchar. Las movilizaciones culminaron en la gran marcha del 23 de enero, una fecha fundamental que conmemora la expulsión del dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958.



Una jornada que recuerda la resistencia popular traicionada por los pactos de élite posteriores, un paralelismo amargo con nuestra Resistencia en Italia, a menudo vaciada de su impulso revolucionario original. Hoy, como entonces, la plaza exige que los prisioneros del imperialismo vuelvan a casa, rechazando cualquier normalización del atropello.



En este escenario, la propaganda tóxica trabaja a pleno rendimiento, pero sus mentiras chocan contra la dureza de los hechos.



Variación de la ubicuidad fantástica (Lo que decían antes)



Recordemos la fábrica de ruidos antes del mortífero ataque del 3 de enero. Nos vendían un guion a lo Queneau: Nicolás estaba en fuga, un fantasma que desayunaba en Teherán y cenaba en Moscú. Los laboratorios de la calumnia ensayaban sus ejercicios de estilo para anestesiar al mundo. Mientras preparaban los drones y aceitaban los fusiles, nos contaban la fábula de un presidente escapista. Era la cortina de humo mediática antes del zarpazo.



Variación del secuestro real (La verdad herida)



Pero el 3 de enero la ficción murió. El secuestro no fue un ejercicio literario; fue un acto de piratería imperial con mártires reales, con sangre derramada defendiendo una puerta de madera que hoy es el altar de la soberanía bolivariana. Nicolás y Cilia no se esfumaron: fueron arrancados de su tierra en una violación atómica de todo derecho humano y lucreciano. El secuestro es real, las cadenas duelen y el silencio de la izquierda domesticada en Europa es la complicidad necesaria para este crimen de guerra.



Variación de la telenovela de la traición (Las mentiras de hoy)



Hoy, con los cuerpos de los líderes en cautiverio, la fábrica intenta secuestrar también nuestra unidad. El guion ahora es el del todos contra todos: que si Diosdado ya firmó la entrega, que si Delcy está enfrentada con Padrino, que si el chavismo es un archipiélago de deslealtades. Es la traición cuántica: todos se venden en los titulares de la prensa de Madrid y Miami, pero en la realidad de Miraflores todos sostienen el mismo fusil de la dignidad. Como decía Lucrecio, nil igitur fieri de nilo posse fatendumst —nada nace de la nada—. Y estas calumnias nacen del vacío de poder de un imperio que, al no poder quebrar al pueblo, intenta inventar su rendición.



Como militantes y como periodistas, tenemos el deber de romper el asedio. Por ello, he querido dirigir a los secuestrados esta carta, que busca ser un puente entre mi experiencia como ex presa política y su resistencia actual.



Caracas, enero de 2026


A Nicolás y Cilia, prisioneros de guerra, corazón de la resistencia



Nicolás, Cilia, os escribo con la tinta de la memoria, esa que nunca palidece porque fue templada entre las paredes de una celda. Os escribo como quien sabe que el silencio de una prisión puede ser más atronador que un bombardeo, pero que también puede convertirse en el coro de un pueblo entero que no se rinde.



Oírte decir, Nicolás, con las muñecas encadenadas: "Soy un prisionero de guerra, soy el presidente de Venezuela", hizo temblar los cimientos del viejo mundo. Rechazar el pacto con los tribunales no fue solo un acto de valentía individual; fue el gesto con el que rescataste la dignidad de todo el Continente. Elegiste no ser una víctima, sino un combatiente que ocupa una nueva trincea: la de la cárcel imperial.



Y para ti, Cilia, las palabras se hacen tierra y raíz. Tú no estás allí como sombra o reflejo, sino como un cuerpo político que el imperio teme. Eres la Primera Combatiente que supo transformar la ley en escudo y el derecho en espada. Tu cautiverio es el ataque del imperio a la dignidad de la mujer revolucionaria, aquella que no se dobla y que sostiene la mitad del cielo con la fuerza de la razón. Como escribió Neruda en su Canto General: Sube a nacer conmigo, hermano. Y nosotras hoy subimos a nacer contigo, hermana, porque tu silencio fiero es un grito que desenmascara la cobardía de los carceleros. Eres la prueba de que el feminismo o es revolucionario y antiimperialista, o no es.



Vuestro orgullo me remite a los tiempos de Brecht, a la fuerza de aquellos prisioneros que bajo el yugo del nazi-fascismo hacían de su integridad el arma más afilada. El que lucha puede perder, pero el que no lucha ya ha perdido. Vosotros estáis luchando, incluso detrás de esos barrotes que intentan en vano cercar la idea misma de la soberanía.



Recuerdo cuando advertías a la historia: decías que cada líder latinoamericano que se atrevió a desafiar al imperio terminó bajo tierra, como Árbenz o Allende. Pero también recordabas la excepción de fuego de Fidel, de Daniel y de nuestro eterno Chávez, a quien el pueblo devolvió al poder arrancándolo de las garras del golpe. Nicolás, no estás solo: eres la excepción que se hace regla. La historia no se repetirá como tragedia, sino como victoria, porque el pueblo que trajo a Chávez de vuelta a Miraflores es el mismo que hoy marcha para traer a vosotros a casa.



Inundaremos de cartas vuestras celdas y la Casa Blanca, para que cada mensaje sea un golpe contra el muro de vuestro secuestro. Llevaremos la denuncia de vuestro secuestro a cada tribunal e institución del planeta, sin descanso. Convocaremos a los medios internacionales para mostrar la fuerza de vuestra verdad contra sus mentiras. Los muros de cada ciudad hablarán de vosotros a través de murales que llevarán vuestros rostros, y en las puertas de cada casa y de cada sede pegaremos vuestro manifiesto, porque cada casa es vuestro bastión, cada calle multiplica vuestra voz.



Nicolás, Cilia: vuestro Por ahora es nuestro Para siempre. El mundo está mirando, y lo que ve es a un imperio que tiene miedo de dos prisioneros que le sonríen en la cara. ¡Siempre de pie!



---- RedContactoSur suma su voz a la de la Hermana Geraldina Colotti siempre acertada en sus analisis ,como Director de la red nuestro apoyo total a Nicolás ,Cilia al pueblo ,no estan solos el mundo los acompaña los apoya y defiende .


La comunicación alternativa consecuente con los principios de la liberación esta de su lado juntos venceremos al terrorista del planeta el gobierno de EEUU


Ruben Suarez Director

Luis Garcia Secretaria

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El «Por ahora» tras las rejas: una guerrillera y la aurora bolivariana Geraldina Colotti Rebibbia, Sección de Alta Seguridad, 1992. Las paredes grises y el eco metálico de las puertas eran ahora el universo de la joven, otrora militante de las Brigadas Rojas. Su ideal de transformación social, forjado en la efervescencia de los llamados años de plomo, la había llevado a un camino de clandestinidad y, finalmente, después de sobrevivir a un tiroteo en el que los carabineros querían acabar con ellos, a esta celda fría donde el tiempo se medía en el parpadeo fluorescente del techo, en el olor de los libros sin cubierta –los únicos permitidos– , en la tinta de los periódicos que se podían encontrar, que manchaba los dedos, pero daba la ilusión de continuar con un hábito indispensable de los años de la guerrilla, cuando era esencial mantenerse informado sobre la situación política y los movimientos del enemigo. Y luego estaba el ritual de los noticieros, que afuera se escuchaban y comentaban juntos en las casas clandestinas. En la celda, ella los escuchaba sola, después de cerrar los libros o los cuadernos, y los comentaba maldiciendo en voz baja, para evitar que las guardias la tomaran por loca. En la pequeña pantalla, incrustada en el muro, las imágenes parpadeaban con la monotonía de siempre: política italiana enredada en escándalos, ecos lejanos de la caída del Muro, la omnipresente sombra de la Guerra del Golfo. Pero una tarde, una figura inesperada irrumpió en la rutina visual. Un militar joven, de uniforme verde oliva y boina roja, con una determinación palpable en la mirada, se dirigía a las cámaras tras un fallido intento de rebeldía en un país lejano llamado Venezuela: «El típico golpe de estado del típico gorila latinoamericano», había comentado el cronista. Pero ella, curtida en el análisis político y la lectura entre líneas, sintió una punzada de curiosidad. Las palabras del comandante, un tal Hugo Chávez, resonaron en el aire viciado del encierro: «Por ahora». Una promesa suspendida, una derrota que no era final. En ese «por ahora», la brigadista sentenciada, vislumbró una chispa, un eco distante de la rebeldía que creía extinguida en los laberintos de su encierro carcelario, mientras se iba imponiendo la narrativa posmoderna del fin de las ideologías y de toda esperanza de cambio para las clases populares. Años después, las rejas de Rebibbia comenzaron a ceder levemente. Gracias a permisos de trabajo externo, la brigadista experimentó el contraste brutal entre la rigidez del encierro y la relativa libertad del mundo exterior, pero bajo una censura y un control igualmente brutal, de un sistema cómplice para el cual solo eran peligrosos terroristas a silenciar. Trabajaba en un pequeño periódico de izquierda, en medio de “sobrinos políticos” que apenas soportaban sus elecciones, y menos aún los constantes controles armados de las fuerzas policiales. Fue allí donde la figura de Chávez y su Revolución Bolivariana comenzaron a tomar forma, nutriéndose de retazos de noticias, comentarios sesgados y la persistente propaganda negativa que los medios occidentales vertían sobre el proceso venezolano, aderezada incluso con apreciaciones racistas. Para la brigadista, que ahora empuñaba el teclado como antes las armas, la distorsión informativa era una vieja conocida. Reconocía las estrategias de demonización, la simplificación burda de procesos complejos, la omisión sistemática de las voces populares. La Revolución Bolivariana era presentada como una deriva autoritaria, un régimen populista abocado al fracaso, una amenaza para la «democracia» y el «orden internacional». Pero la imagen del joven comandante diciendo «por ahora» seguía grabada en su memoria. Había algo genuino en esa derrota anunciada, una conexión palpable con un pueblo que parecía hastiado de la vieja política. Ahora, desde su segunda vida, la brigadista comenzó una silenciosa labor de contrainformación. Devoraba artículos académicos, buscaba fuentes alternativas en internet (una tecnología aún incipiente pero reveladora), analizaba los discursos de Chávez con la misma meticulosidad con la que antes planificaba acciones clandestinas. En la redacción, junto a los pocos que mantenían un juicio abierto sobre la revolución bolivariana, aprovechaba cualquier resquicio para deslizar comentarios que cuestionaban la narrativa dominante. Con sus colegas, debatía sobre la nacionalización del petróleo, los programas sociales masivos, la participación popular en la política venezolana. Su mirada analítica, entrenada en la crítica radical, detectaba las inconsistencias y las manipulaciones de la propaganda anti-bolivariana. Del contacto con las embajadas, llegaban noticias de primera mano, diferentes a las difundidas por las agencias de prensa. No se trataba de una conversión automática ni de una adhesión ciega. Como revolucionaria del siglo XX, y como marxista de escuela europea, ella conservaba su espíritu crítico y sus reservas sobre ciertos aspectos del proceso, sobre todo sobre el tema de la toma del poder y de la falta de expropiación de la burguesía. Pero reconocía en la Revolución Bolivariana un intento real, aunque imperfecto, de desafiar el statu quo, de dar voz a los excluidos, de construir una alternativa al neoliberalismo rampante que asolaba el planeta. Para la brigadista que vio una promesa tras las rejas, la Revolución Bolivariana se había convertido en una interrogante crucial. Ya no se trataba de la lucha armada en las calles italianas, sino de una batalla más sutil, pero igualmente trascendente: la lucha por la verdad contra el imperio de la desinformación. Y en esa trinchera, con las herramientas de su formación política y de su actual profesión, comenzaba a desenmascarar las sombras proyectadas sobre la esperanza que había germinado de un simple «por ahora» pronunciado al otro lado del Atlántico. Su «por ahora» personal se había transformado en una búsqueda incansable por comprender y difundir la complejidad de un proceso revolucionario que resonaba con ecos de sus propios sueños inconclusos. Por eso, jamás, en ningún momento, abandonaría la revolución bolivariana. “Por ahora”. Y para siempre. Cuando la militante terminó su condena y pudo viajar, vivió de cerca la fuerza del Chávez orador y comunicador de la historia. No solo transmitía directrices políticas; narraba la epopeya bolivariana, conectando el presente de la Revolución con las gestas independentistas de Simón Bolívar. Chávez usó la comunicación como una herramienta pedagógica para elevar la conciencia de clase, forjar la identidad soberana y recordar al pueblo sus raíces de lucha. Su insistencia en la historia no era nostalgia, sino un recordatorio constante de que la lucha contra el imperialismo y la oligarquía era un ciclo que se repetía, y que la victoria dependía de la unidad y la voluntad popular. Esta conexión histórica resulta vital para entender la opción revolucionaria en el siglo XXI. Para la ex guerrillera, formada en la militancia radical europea, la experiencia de la Revolución Bolivariana - aunque sin dictatura del proletariado - devolvía la vigencia a la necesitad de la ruptura radical. El siglo XX, con sus intentos de toma del poder por la vía armada, como fue el caso de la guerrilla urbana en Italia, representa una fase histórica cuyas lecciones deben ser comunicadas y analizadas sin los filtros de la condena oficial. Estas experiencias, si bien no siempre exitosas o exentas de errores, demostraron la disposición de algunos sectores a llevar la lucha de clases a sus últimas consecuencias. Comunicar esta historia en el presente no es hacer apología de la violencia, sino recordar que la oligarquía y los grandes grupos económicos jamás cederán su poder voluntariamente. La firmeza revolucionaria es una necesidad histórica. La opción revolucionaria, comunicada y mantenida como principio, es lo que da a un líder la fuerza moral y política para no ceder. Chávez lo demostró: nunca se doblegó ante los diktat de Washington porque mantenía la soberanía como un valor no negociable. Una lección aprendida de la historia, que Nicolás Maduro, otro gran comunicador popular, sigue enseñando con la misma determinación y valentía: más aún en este momento en que, como prisionero de guerra del imperialismo estadounidense, nos envía el símbolo de la firma de Chávez, para renovar de este modo la promesa del “por ahora”.

 El «Por ahora» tras las rejas: una guerrillera y la aurora bolivariana Geraldina Colotti RedContactoSur  Rebibbia, Sección de Alta Segurida...