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6/21/2026

Venezuela. Entre la Realpolitik y el poder popular

 



Geraldina Colotti /RedContactoSur


Foto: Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias «Niño Guerrero»


El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela ha formalizado, con la publicación en Gaceta Oficial, la renovación del «Estado de Conmoción Exterior» por un período de 90 días. La medida, adoptada anteriormente por Maduro, ha completado el procedimiento constitucional con la ratificación de la Asamblea Nacional y el control de legitimidad de la Sala Constitucional del TSJ. No es la renovación de un acto burocrático de rutina, sino la continuación de la respuesta institucional al escenario inédito y crítico que se abrió el 3 de enero de 2026. En esa fecha, el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, la diputada Cilia Flores, ocurrido en Caracas a manos de tropas especiales estadounidenses, imprimió una fractura profunda en la continuidad del Estado. Desde ese momento, Venezuela ya no opera en una dimensión política convencional: ha entrado en una fase cinética en la que cada decisión del gobierno encargado —desde la gestión de las infraestructuras estratégicas hasta la política exterior— es una respuesta obligada a un ataque que ha golpeado a la cúpula de la autoridad nacional. El decreto de renovación, que confiere al Ejecutivo facultades excepcionales, incluida la militarización de los nodos estratégicos de los hidrocarburos y la facultad de requisiciones para la defensa, retrata a un Estado en trinchera. Indica una condición impuesta desde el exterior, en la que la salvaguardia de la soberanía se juega en el filo de una supervivencia que ha transformado la gestión política en una crisis de seguridad permanente.


El perímetro de este asedio está dictado por el amenazante plan en tres fases preparado por los aparatos de seguridad liderados por el Secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio. No se trata de una presión externa genérica, sino de una hoja de ruta quirúrgica e ideológicamente radical. Un plan que apunta a desarticular al Estado venezolano a través de un asfixiamiento financiero dirigido, la promoción de redes criminales como «caballos de Troya» para la desestabilización y la presión constante en vistas a una insurrección interna. Una especie de “revolución de color”, evitada hasta ahora, que allane el camino al retorno de María Corina Machado y desmonte la arquitectura completa del chavismo, basada en la constitución de 1999.


Machado, galardonada con el Nobel de la Paz 2025 como símbolo de “resistencia a la dictadura”, es hoy el eje de una extrema derecha que, aunque desprestigiada en el país, es apoyada por partidos xenófobos como Vox en España y segmentos del neofascismo europeo e internacional: una internacional suprematista que, nacida con la Carta de Madrid y usando la cabeza de ariete de sus padrinos de Miami, apunta al derrocamiento del sistema bolivariano, transformando cada instancia de malestar social —provocado por ellos con años de estrangulamiento económico-financiero (las sanciones)— en una palanca para la desestabilización final. Un proyecto fuertemente inervado en el entumecimiento cotidiano de las noticias, en un juego constante entre alarmas y teorías conspirativas. En este contexto, Machado ha anunciado que volverá en julio


El vínculo entre el sector privado local, que presiona por la abolición de la Ley Orgánica del Trabajo (LOTTT), y la extrema derecha internacional, no es casual: es un proyecto de «remigración» económica que apunta a vaciar al Estado socialista de toda función social, transformando a Venezuela en una economía subordinada como aquella de la que intentó esforzadamente liberarse con el chavismo. Pero la clase obrera, a quien Maduro antes de ser secuestrado le había encomendado el plan B —fusiles a los obreros y quemar los pozos en caso de invasión enemiga— está más vigilante y atenta que nunca. Y se empeña en mantener una firme caracterización ideológica, tendiente a contrarrestar el aguamiento simbólico que va tomando fuerza en este intento de “unidad nacional” que busca involucrar también a los sectores tibios o de la derecha más moderada.


El gobierno bolivariano, liderado por la vicepresidenta Delcy Rodríguez en calidad de presidenta encargada, no actúa como espectador pasivo, sino como un actor que intenta hacer impracticable la estrategia de Rubio, buscando pasos con resultados inciertos. La Realpolitik aplicada en Caracas, que muchos observadores externos califican apresuradamente de rendición, es en realidad un intento de crear una red de intereses económicos —con actores internacionales como Shell— que hagan demasiado costoso para Washington completar la agresión sin infligir daños colaterales a sus propios activos. Como hizo Maduro, se intenta reabrir la puerta, con promesas más tentadoras, a aquellas multinacionales que siempre han hecho negocios en Venezuela, antes de que Trump les impusiera irse, y que ahora deben ser incentivadas a invertir readaptando estructuras petroleras altamente deterioradas.


El Arco Minero del Orinoco se ha convertido en el cuadrante donde se concentra el conflicto entre soberanía y depredación. El área, rica en oro, coltán y tierras raras, es desde hace tiempo terreno de choque entre la construcción del poder popular, intentada por el gobierno, y la infiltración de redes criminales heredadas de la IV República. Como explicó hace algunos años un articulado reportaje de Maurice Lemoine, y como hemos documentado a nuestra vez en dos libros —Lo vi, no me lo contaron y Después de Chávez—, la apuesta del socialismo bolivariano fue la de desmontar ese sistema no con la represión, sino construyendo una realidad productiva cooperativista y respetuosa del medio ambiente, y con una audaz perspectiva antiextractivista.


Un proyecto que el gigantesco complejo de intereses alimentado por la política de “máxima presión” impuesto por el imperialismo con las “sanciones” se ha dedicado a desmontar, multiplicando las contradicciones internas, los puntos débiles y los errores de un proceso de democracia participativa audaz, pero aún incompleto. La realidad actual muestra un territorio donde la producción legal está puesta a dura prueba, si no fuera de control: mientras las estimaciones indican una contracción del sector petrolero apenas en recuperación, el gobierno intenta maximizar el rendimiento de los recursos del subsuelo para eludir el asfixiamiento financiero, apenas atenuado por algunas licencias parciales de la OFAC.


Para escapar de la asfixia económica, en los años el chavismo ha intentado ofrecer a precio regalado las inmensas reservas de oro (las segundas del mundo), incurriendo, también, en las inevitables desviaciones. Las organizaciones locales denuncian que el vacío dejado por el Estado en algunas áreas ha favorecido la consolidación de actores ilegales, alimentados por una cadena internacional, que transita desde el Caribe hacia las refinerías europeas y que esquiva los controles cambiarios.


La lucha en esta zona no es solo ambiental o anti-criminal, sino una partida geopolítica por el control de materias primas estratégicas que Washington busca sustraer de la influencia de los socios orientales. Y que ahora, aprovechando la nueva situación, busca asegurarse en seguridad, resolviendo a su manera el control sobre las organizaciones criminales, que ha oportunamente equiparado a organizaciones terroristas, como en el caso del Tren de Aragua.


Esta organización nació alrededor de 2010 dentro de la prisión de Tocorón, en el estado venezolano de Aragua. El nombre deriva originalmente de un sindicato de obreros comprometidos en un proyecto ferroviario nunca completado en la región, cuyos miembros comenzaron a ejercer el control a través de la extorsión. Bajo la guía de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias «Niño Guerrero» —uno de los «marginales» que el chavismo había intentado recuperar—, el penitenciario de Tocorón fue transformado en una base operativa de facto, en esa sociedad paralela que eran las cárceles de la IV República antes de que el socialismo bolivariano lograra bonificarlas (una situación que hemos podido documentar ampliamente en los años).


Tras la evasión de aquella cárcel, el bandido se puso a la cabeza de una organización que se expandió a lo largo de las rutas migratorias, estableciendo células en Colombia, Chile, Perú, Brasil y, más recientemente, en Estados Unidos. Sus actividades van desde la extorsión al tráfico de seres humanos, drogas y armas. En 2025, el Departamento de Estado de EE. UU. designó oficialmente al grupo como «organización terrorista extranjera».


Ahora, la eliminación de Guerrero Flores, en una acción conjunta de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana con el ejército estadounidense, ha suscitado comprensibles protestas, más o menos motivadas, basadas sobre todo en el hecho de que la constitución bolivariana prohíbe cualquier presencia militar extranjera en el territorio (y sobre todo las bases militares extranjera).


Un argumento crítico planteado por los movimientos sociales (como los colectivos o las organizaciones comunitarias) es que las operaciones «conjuntas» con EE. UU. no busquen realmente desmantelar el crimen, sino crear un vacío de poder que las corporaciones y los actores privados ligados a Washington (o a la oposición radical) querrían ocupar. El temor es que, bajo el pretexto de la lucha contra el crimen y la defensa de la legalidad, se quiera desmantelar la arquitectura socialista del Estado y las formas de poder popular (y de autodefensa), que son la  verdadera barrera contra la criminalidad organizada local, gestionada por los poderes fácticos.


Quien defiende la actual línea gubernamental sostiene, sobre la base de datos e investigaciones documentadas, que la colaboración entre las fuerzas de seguridad venezolanas y agencias internacionales, tanto francesas como españolas como estadounidenses, ya han ocurrido, y que esto no debe considerarse un «traición» de la soberanía, sino una praxis consolidada para gestionar expedientes criminales específicos que superan las fronteras nacionales. Por otro lado, la advertencia lanzada al continente con el secuestro de Maduro, y motivado por EE. UU. como defensa de su seguridad nacional amenazada por bandas armadas equiparadas a terroristas, ha llevado inmediatamente, después del 3 de enero, a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, a realizar junto con las tropas estadounidenses una sangrienta operación de varios días contra el cabecilla de un grupo criminal, por lo demás perdedor, reivindicándola a los cuatro vientos.


El cuadro en Venezuela se ha complicado también con la misión del general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, llegado a Caracas el 3 de junio con un vuelo oficial gestionado en secreto. La misión, presentada oficialmente como confrontación bilateral, ha suscitado dudas ligadas al perfil de Caine, socio de riesgo en varios fondos de inversión, entre ellos Ribbit Capital. La hipótesis que emerge del análisis de los actos de gobierno es que tales contactos busquen el posicionamiento de actores privados en sectores clave —defensa y ciberseguridad— en un contexto en el que el ala más radical de la oposición presiona por una apertura económica desregulada.


Para el gobierno encargado, se trataría de otro capítulo obligado de ese “repliegue táctico” que implica la elección de cooperar en terrenos limitados para evitar el choque total, entendido como único camino para preservar el proyecto revolucionario a largo plazo, evitando el colapso total que la extrema derecha ansía.


En este cuadro, Venezuela asume los rasgos de la «Zona» descrita en la película Stalker de Andrei Tarkovsky: un perímetro cercado donde las leyes de la política y de la física tradicional están suspendidas, las coordenadas espacio-temporales están alteradas y cada paso en falso puede conducir hacia trampas mortales. En la Venezuela de 2026, la «Zona» es el espacio político suspendido entre la soberanía defendida y la agresión externa. Entrar en ella significa confrontarse con los propios deseos más profundos y con los propios miedos. La dirigencia bolivariana, en esta Zona, busca no dejarse «aniquilar» (para usar los términos de Mao), adoptando tácticas que tienen raíces profundas en la historia revolucionaria, pero que, en el estado actual de las relaciones de fuerza, en el continente y a nivel global, no proporcionan las mismas garantías.


El gobierno bolivariano se mueve dentro de este espacio defendiendo su propia soberanía, pero constantemente condicionado por el «fantasma en la habitación»: el trauma del golpe chileno de 1973. La solicitud de una «prueba de vida» dirigida por el grupo dirigente superviviente —Delcy y Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello y Padrino López— a los secuestradores estadounidenses, al día siguiente del 3 de enero, ha revelado la desnudez de las relaciones de fuerza: ¿qué habría sucedido si el destino de Maduro hubiera sido el de Salvador Allende?


Es un interrogante que pesa sobre cada nombramiento ministerial, sobre cada negociación y sobre cada silencio “pedagógico”. La prudencia del cuadro dirigente, a menudo leída por la base como estasis si no rendición, es la respuesta forzada a una infiltración militar que ha revelado grietas profundas en las estructuras de defensa. El repliegue táctico, análogo por lógica al de figuras históricas como Páez en los momentos de máxima presión, busca preservar el núcleo revolucionario evitando la ruptura frontal que Washington persigue.


Sin embargo, esta maniobra de supervivencia choca con una realidad de clase que no perdona: el riesgo, para quien gobierna, es que el pragmatismo necesario para evitar el aniquilamiento se transforme en una capitulación rastrera si no es apoyada por una transparencia radical hacia las organizaciones populares. El llamado a José Antonio Páez, el héroe de los llanos que supo alternar choques frontales con retiradas estratégicas, sirve para contextualizar la prudencia de hoy. Como para Mao durante la Larga Marcha, o para Lenin con la NEP —dice quien respalda el gobierno encargado—, el repliegue no es una rendición. La retirada maoísta sirvió para preservar el núcleo revolucionario del aniquilamiento del Kuomintang; la NEP leninista fue la «retirada» necesaria para evitar el colapso total después del Comunismo de Guerra.


El gobierno, hoy, aplica esta lógica: el «doble carril» diplomático —las licencias petroleras concedidas para inhibir la agresión estadounidense— es el empuje al extremo de la NEP venezolana, inaugurada por Maduro para hacer frente a las “sanciones”. El problema, que genera el conflicto con el poder popular, es la falta de esa «pedagogía de la crisis» que Lenin usó para explicar que la retirada era el preludio a un nuevo avance. Sin esta explicación, apoyada por acciones concretas, el tacticismo parece sin horizonte.


El proyecto de derrocamiento del sistema bolivariano pasa por la abolición de las tutelas laborales. Frente a esto, también la reestructuración administrativa iniciada por el gobierno para combatir la burocracia ha generado alarma. Diosdado Cabello —el vicepresidente del PSUV que para muchos es peligrosamente el blanco de EE. UU.— ha tenido que precisar que la fusión de los ministerios no apunta a los despidos, como ocurrió en Argentina con Milei, sino a la remoción de una burocracia que el gobierno mismo define como paralizante, en continuidad con el plan de revolución administrativa, y de revolución judicial anunciado por Maduro. La base sindical, sin embargo, permanece en alerta: pide que la eficiencia no se convierta en tecnocracia y que cada paso sea monitoreado por el poder popular.


El nombramiento de la poeta Rosa Inés Chávez (la hija menor del Comandante) a la cabeza de la Misión Venezuela Joven responde precisamente a la necesidad de reanclar simbólicamente el proyecto a la herencia paterna, buscando tranquilizar a la base mientras en los pasillos se desvanecen los símbolos históricos y se integran figuras de la Cuarta República para ampliar el consenso. El riesgo, para el gobierno, es que el pragmatismo, justificado como «mal menor», vacíe de significado la subjetividad política organizada que hasta ahora ha sido la única barrera contra el imperialismo.


El plazo del 22 de julio en Nueva York, cuando se llevará a cabo la audiencia para Maduro y Flores que inicialmente había sido fijada para el 30 de junio, precedida por la campaña internacional por su liberación, representará un ulterior punto de giro en la estrategia a adoptar.


Mientras tanto, la diplomacia bolivariana, en esta fase de transición obligada, busca mantener su apuesta también en el plano del orden multicéntrico y multipolar, en el que Venezuela permanece firmemente insertada. El fortalecimiento de los vínculos con el bloque ASEAN, junto con el mantenimiento en su propio territorio de las representaciones diplomáticas antiimperialistas (Cuba, Irán, Palestina, Rusia…), y la consolidación de la cooperación estratégica con Vietnam indican la actuación práctica de una visión que busca sustraer al país del chantaje del dólar y del asedio atlántico. Es la búsqueda de una geografía política alternativa que pueda garantizar a Venezuela el espacio necesario para respirar, lejos de la tenaza definida por los aparatos de Rubio.


Frente a este escenario complejo, no es tiempo para conclusiones esquemáticas y definitivas. Para quien no quiera adoptar la posición de João Pedro Stedile, del MST, que enumera las muchas razones por las cuales se debe seguir apoyando a la revolución bolivariana, más útil nos parece un ejercicio de análisis basado en la epoché: la puesta entre paréntesis, la suspensión del juicio para permitir a la realidad decantar. El destino del proyecto bolivariano no se juega solo en las cancillerías, sino en la capacidad de transformar la resistencia defensiva en un nuevo ciclo de iniciativa política revolucionaria, en el que la soberanía ya no sea defendida solo como bastión, sino relanzada como promesa de transformación social. La Venezuela de finales de junio es, en definitiva, un campo de fuerzas suspendido: su historia futura dependerá de la tenencia del vínculo entre la dirección política y la base social, el único verdadero termómetro capaz de medir, al neto de toda maniobra, la vitalidad de la transición al socialismo

6/19/2026

BOLIVIA Gobierno y COB acuerdan avanzar en la pacificación e instruyen levantar los bloqueos

 


La Paz, 19 de junio de 2026.- El Gobierno nacional y la Central Obrera Boliviana (COB) alcanzaron acuerdos orientados a la pacificación del país, la reconciliación entre los distintos actores sociales y la construcción de consensos para enfrentar los desafíos nacionales, tras semanas de movilizaciones.

Durante la firma de los acuerdos, el presidente Rodrigo Paz destacó que el entendimiento alcanzado representa una oportunidad para mirar hacia adelante y construir un proyecto común para todos los bolivianos, basado en la reconciliación y el desarrollo nacional. “Nuestro debate no es el pasado, es el futuro. Y eso es lo que tenemos que construir”, afirmó el mandatario al referirse a la nueva etapa que se abre para el país.

La autoridad remarcó que las organizaciones sociales y los trabajadores son actores fundamentales en este proceso. “La patria sale junta o no sale”, sostuvo, al enfatizar que el esfuerzo para superar las dificultades debe ser colectivo y nacional.

Por su parte, el secretario ejecutivo de la COB, Mario Argollo, destacó que el diálogo permitió superar diferencias y alcanzar entendimientos esperados por la población. “Creemos que hemos llegado a un punto que el país está esperando”, afirmó, al anunciar la instalación de mesas de trabajo destinadas a atender las demandas de los distintos sectores.

Argollo señaló que el momento exige responsabilidad de todos los actores y un compromiso firme con la estabilidad del país. “Hay un país que está esperando que haya humo blanco el día de hoy”, expresó el dirigente sindical, quien además enfatizó la responsabilidad de la COB de brindar certidumbre a la población. "A partir de este momento se están levantando las medidas de presión a nivel nacional", manifestó. 

En el acto, el jefe de Estado llamó a dejar atrás los resentimientos y priorizar el entendimiento entre los bolivianos. “En el futuro la cooperación es una obligación entre bolivianos. Si queremos salir adelante, tenemos que cooperar entre todos”, dijo. 

Asimismo, valoró el resultado de las negociaciones como un hecho trascendental para el país. “Creo que esto es una luz de esperanza para todos los bolivianos”, afirmó.

En medio de la presión social y la expectativa ciudadana por una solución al conflicto, el presidente destacó que el diálogo permitió encauzar las diferencias y alcanzar acuerdos. “El diálogo cuesta más, es difícil de entender, es difícil de interpretar, pero si llegamos a un punto de encuentro, el diálogo es más fuerte que la propia fuerza”, afirmó, al señalar que el entendimiento alcanzado demuestra que la concertación es el camino para superar las tensiones y construir consensos.

Ambas partes coincidieron en que Bolivia debe avanzar hacia una etapa de diálogo permanente, respeto mutuo y trabajo conjunto. Mientras la COB reafirmó la necesidad de generar certezas y estabilidad para la población, el presidente convocó a construir un proyecto común donde “la patria esté por encima de todo”, consolidando así un proceso de reconciliación y pacificación orientado al desarrollo y bienestar de todos los bolivianos. “Les agradezco por este momento histórico”, concluyó.
















Los amici del Orsi

viernes, 19 de junio de 2026

Los amici del Orsi



Los vínculos del comité de campaña de Orsi con La Tahona


Cosecha canaria

Brecha, 5 junio 2026
Betania Núñez Camilo Salvetti


Ya amainada la tormenta política que generó el episodio de la camioneta Hyundai Santa Fe, el estudio de las trayectorias de dos integrantes del comité de campaña de Yamandú Orsi –exjerarcas de la comuna canaria estrechamente vinculados al grupo La Tahona– permite desentrañar una política de relacionamiento con puertas giratorias y conflictos de intereses entre la función pública y la privada. Además, expone cómo los desarrolladores de barrios privados –beneficiados durante las gestiones de Orsi en la intendencia– apoyaron y financiaron sus campañas.

 

Vista de uno de los barrios de La Tahona. La Tahona Propiedades.


Como una madreselva, el empresariado crece y se enreda con la política. Pero hay riesgos: puede terminar robándole la luz a la planta huésped, así como generar un efecto estrangulador e impedir que corra la savia.

En la trayectoria política del presidente de la república, Yamandú Orsi, ambos tallos están firmemente entrelazados desde hace años. El episodio del descuento de 25 mil dólares en la compra de su camioneta Hyundai Santa Fe y la entrega de un vehículo donado por Car One para la campaña como parte del pago son solo una muestra de su estrecho vínculo con empresarios que invirtieron en Canelones mientras estuvo al frente del gobierno departamental.

En el centro de estas inversiones, que se llevaron los aplausos y los elogios de muchos defensores de la «teoría del derrame» y fueron, en parte, una plataforma sobre la que se paró Orsi para lanzarse al escenario nacional, estuvo la Agencia de Promoción a la Inversión (API) de la Intendencia de Canelones, liderada por Julio César Filippini durante la década que abarcó sus dos períodos como intendente. Para alguien que se mueve en la «puerta giratoria» entre lo privado y lo público, es fácil enredarse.

Filippini –frenteamplista, contador, exfutbolista– comenzó a trabajar en la comuna canaria durante el mandato de Marcos Carámbula, mientras Orsi se desempeñaba como secretario general. En 2010 ya era contador general de la Intendencia de Canelones (IC) y para abril de 2015 aún continuaba ejerciendo como contador de La Tahona (véase en la web del semanario el documento público que explicita su vínculo profesional con Runtuna SA,1 una de las principales empresas del grupo). Pocos meses después Orsi asumía como intendente y se creaba la API, e inmediatamente Filippini adquiría su titularidad. Diez años más tarde, el jerarca le diría a un medio especializado: «Orsi me dio la llave de una agencia de inversiones que no existía»; desde ese momento «decidimos que teníamos que ser la mejor agencia de América» (Comex Latam, 2-X-25).

A lo largo de esos años en los que fue jerarca de la IC, Filippini se desempeñó como síndico de La Tahona Inversiones SA –una función interna de contralor de la gestión que rinde cuentas a los accionistas– y en 2023 firmó su último informe de cara a la asamblea ordinaria, en el que señalaba, tal como lo hacía desde hacía años, en cada abril: «Dejo constancia que desde mi designación he procedido a controlar la gestión y la administración de la sociedad a través del examen de la documentación e información proporcionada por la Gerencia, no planteando observaciones a la forma en que ha desarrollado su actividad». La memoria anual de La Tahona Desarrollos SA correspondiente a 2023 indica que Filippini renunció a su cargo como síndico en mayo. Sin embargo, un documento de ese mismo año lo ubica de vuelta como integrante del Comité de Auditoría y Vigilancia de la empresa, en el que aún se mantiene.

Al mismo tiempo, Filippini estuvo al frente de la API, de la comuna canaria, cargo que ocupó hasta el 20 de febrero de 2025, cuando se despidió de «compañeros, empresarios y amigos» –según consta en una foto que publicó en su cuenta de Instagram–, en una cena con la hoy ministra de Industria, Fernanda Cardona, integrantes de la Fundación para la Competitividad, la Innovación y el Desarrollo de Canelones, empresarios del Parque de las Ciencias, La Tahona y el Parque Industrial Olmos. Pasaría entonces, según anunciaba, a integrar el gobierno nacional.



Filippini fue designado el 10 de junio de 2025 como ministro del Servicio Exterior, cargo de particular confianza del Ministerio de Relaciones Exteriores. El 27 de ese mes comenzó a cumplir funciones en la embajada uruguaya en Paraguay como encargado de inversiones y negocios. Hoy continúa en Paraguay y, al mismo tiempo, según consta en la página web del Banco Central del Uruguay, es uno de los tres administradores de La Tahona Inversiones SA. Poco antes, en diciembre de 2024, Leandro Añón, CEO y fundador de La Tahona, decía a Forbes Uruguay que uno de los planes del grupo es expandirse a Asunción, Paraguay. Brecha intentó contactarse con Filippini a su celular personal y llamó a su despacho en la embajada, donde le dejó un mensaje dando cuenta de la importancia de contar con sus posibles descargos de cara a esta nota, pero no obtuvo respuesta.

«La actual Intendencia de Canelones no mantuvo la tónica de Yamandú Orsi, que favoreció el desarrollo de barrios privados», dijo en diciembre de 2024 Leandro Añón en referencia al breve período en el que se desempeñó como intendente interino Marcelo Metediera.

LOS AMIGOS DE ORSI

En 2024, Filippini fue uno de los cuatro integrantes del comité de campaña que Yamandú Orsi designó ante la Corte Electoral en su camino a la Presidencia. Según pudo saber este semanario, era el encargado de las finanzas.

Mucho se dijo sobre el evento convocado por la candidatura de Orsi en el hotel Enjoy en el verano 2024, con mesas a 10 mil dólares y conferencia de Carlos Páez. Pero entre el glamour de Punta del Este pasó desapercibida otra cena que recaudó más del doble del dinero que la del Enjoy. Fue en el Club House Viñedos de La Tahona, participaron empresas y personalidades de distintos sectores y se recaudaron más de 6 millones y medio de pesos, de acuerdo a la rendición de cuentas presentada por la fórmula presidencial del Frente Amplio ante la Corte Electoral. Brecha solicitó a la Presidencia que informara cuándo se realizó el evento, si se abonó el arrendamiento del lugar o fue una cortesía de su dueño y quiénes asistieron, pero al cierre de esta edición aún no había recibido respuesta. En la rendición de cuentas consta únicamente que el evento tuvo un costo de 48.276 pesos, probablemente asociado a organización y catering.

«Fue una charla con una parrillada. Sí, sí, recuerdo; en el Club House de Viñedos de La Tahona», dijo a Brecha otro de los integrantes del comité de campaña de Orsi, el ingeniero agrimensor Fernando Lema, quien aclaró que trabajó en la campaña en calidad de «amigo de Orsi» para aportar a la capacidad de recaudación, a partir de la invitación a «amigos, conocidos, profesionales, comerciantes, promoviendo la asistencia, vendiendo tickets a mesas. Un trabajo muy de hormiga», pero no en un rol de diseño político de la contienda electoral. «Formamos un equipo de amigos de Orsi para ordenar la parte financiera, recibir el dinero, administrarlo, declararlo», aclaró. Lema confirmó que ya había participado de las anteriores campañas de Orsi de cara a la Intendencia de Canelones, momentos en los que la cantidad y variedad de aportantes fue aún mayor.

Lema y Orsi coincidieron durante el mandato de Marcos Carámbula, cuando el hoy presidente era secretario general y el agrimensor era subdirector de Planificación Territorial y Acondicionamiento Urbano. Lema había trabajado en los noventa en el fraccionamiento de un barrio privado, un emprendimiento que se fundiría durante la crisis de 2002 y sería retomado por el grupo La Tahona. Antes de la gestión de Carámbula, había tenido participación en la elaboración de la Ley de Urbanizaciones de Propiedad Horizontal, durante el gobierno nacional de Jorge Batlle. Más tarde, desde la IC, impulsó nuevas normativas relacionadas con el ordenamiento territorial del departamento e incentivó la creación de la API, que lideraría Filippini. Una vez fuera de la gestión pública, retomó su actividad privada y realizó los fraccionamientos de Mirador, Viñedos y Cavas de La Tahona.

El origen de la gran ganancia que lograron los desarrolladores de barrios privados tuvo que ver con la recategorización de suelos rurales que, con el aval del gobierno departamental, pasaron a ser urbanos, incrementando exponencialmente su valor. Este tipo de emprendimientos tiene la particularidad, además, de encadenar distintos negocios vinculados al sector inmobiliario, así como también al de la construcción, los servicios y el financiero.



Cuando Orsi se postuló para su segundo mandato a la IC en 2020, aportaron a su campaña figuras como Alejandro Ruibal (de la constructora Saceem), Fernando de Posadas (del estudio Posadas, Posadas y Vecino), Juan Antonio Damiani (director de DDC Desarrollos, encargado del proyecto Lagos en Parque Miramar), el economista Eduardo Ache (estrechamente vinculado al desembarco de Car One en Uruguay), los empresarios Jorge Tomasi, Fernando Pache y Daniel Boix, distintos integrantes de la familia Añón, el desarrollador de barrios privados Juan Balsa, entre otros, por un total de casi 3 millones de pesos. Solo el Parque de las Ciencias y Urufarma, en tanto, hicieron contribuciones por más de 1 millón. En la elección departamental de 2015, La Tahona había aportado, como empresa, 133.500 pesos.

Sobre algunos de estos empresarios, Añón comentaba a Forbes (15-I-25): «Eso es lo que hace un emprendedor, llevás lo que hacés a tu lugar, a donde vivís. Hoy ese mismo grupo de abanderados de la ruta 101, entre los que están Tomasi y Fernando Pache, trajeron a Google, que instala su data center con una inversión de 850 millones de dólares en la ampliación del Parque de las Ciencias». El empresario le aseguraba al medio que los comercios de la zona «crecieron increíblemente».

«Está Car One, con Tienda Inglesa y 20 tiendas de primera línea, hay colegios, farmacias, deliveries», sostuvo Añón, que auguraba que en los próximos diez años La Tahona crecerá tanto como en los últimos 30: «Vamos a desarrollar más de 200 hectáreas. Para esto ya tenemos la tierra y los permisos encaminados». Sin modestia y sin conflicto, aseguraba, además: «Somos en Uruguay el Nordelta de Argentina».

La inversión inmobiliaria trajo un aumento exponencial de los barrios privados en Canelones. En un artículo de 2025, el doctor en Estudios Urbanos y profesor de la Universidad de la República Marcelo Pérez Sánchez2 señalaba que, en marzo de 2020, había 17 barrios privados –ya sean clubes de campo o barrios cerrados– en Canelones, lo que representaba el 27 por ciento de los de todo el país, con una superficie de 658,8 hectáreas. En el período posterior a marzo de 2020, indica Pérez Sánchez, la IC tenía en carpeta otros ocho desarrollos de barrios privados.

«El modelo Canelones» tiene ahora vía libre en la Torre Ejecutiva. A un mes de asumir como presidente de la república y durante su primer Consejo de Ministros, Orsi aprobó un decreto (el 85/25) con el que extendía por un año un polémico beneficio que había otorgado Luis Lacalle Pou a los barrios privados.

La administración anterior estableció que, antes del asesoramiento de la Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones, el Poder Ejecutivo otorgara una serie de beneficios fiscales para la construcción (incluidas, explícitamente, las «urbanizaciones de iniciativa privada»), como la exoneración de tributos referentes a la importación de maquinaria para la obra civil, así como deducciones al impuesto a las rentas de las actividades económicas y al impuesto al patrimonio. El decreto estaba enfocado en obras de más de 60 millones de unidades indexadas, pero luego ese mínimo se redujo a 30 millones. Aunque originalmente aplicaba para aquellos proyectos presentados antes del 31 de diciembre de 2021, la fecha límite se fue postergando hasta el cambio de gobierno. La actual administración decidió continuar con esta política para los proyectos presentados antes del 1 de enero de 2026 y que tengan ejecución prevista para antes del 30 de setiembre de 2028. Así, la enredadera sigue apretando.



  1.  La Tahona tiene una arquitectura financiera compleja, con distintas sociedades anónimas cruzadas –unas invierten en terrenos, otras se encargan de la gestión–, entre las que se cuentan Tahona Inversiones, La Tahona Desarrollos (ambas cotizan en la Bolsa de Valores de Montevideo), Tecnufar SA, La Tahona Golf Club SAD, Fomex SA, Moraine SA y Runtuna SA. ↩︎

  2. Marcelo Pérez Sánchez y otros, Conflictos territoriales: discusiones, experiencias y aprendizajes en el Área Metropolitana de Montevideo, Universidad de la República, 2025. 

  3. ↩︎

Estado de situación patrimonial de Runtuna SA compilado por Julio Filippini – 2015 Descarga


Rendición de cuentas – Elecciones departamentales 2020 – Orsi Descarga


Rendición de cuentas – Elecciones nacionales 2024 – Orsi Descarga



Via El muerto https://elmuertoquehabla.blogspot.com/2026/06/los-amici-del-orsi.html




6/13/2026

Social-network: la semi-ottica dell'urlatore

 Social-network: la semi-ottica dell'urlatore




Geraldina Colotti


Quanta nostalgia di Raymond Queneau davanti a questo campionario di fauna digitale! Viviamo tempi di complottismo spicciolo e di un raglio digitale che si pretende dottrina. Oggi, chiunque abbia letto un titolo a metà si sente investito del potere di spiegare il mondo, trasformando la rete in un'assemblea di asini convinti di cantare in un'opera di gala. L'urlatore da salotto ha una missione chiara: spiegare il mondo tra un post e uno spritz, trasformando la rete in un'assemblea di certezze sguaiate.


Il suo metodo è la semi-ottica terminale: osserva la storia dal buco della serratura e il suo ego e ne trae sentenze universali. Il geopolitico da salotto non analizza: decora il vuoto con la propria prosopopea, ignaro di ogni porta stretta che la storia impone. Anche le pulci tossiscono, dice il proverbio. L'urlatore digitale soffre di una sapienza da vetrina, esponendo in bella mostra ciò che non ha in dispensa, e scambiando u piritu per un ruggito. È il trionfo della pulce che, in piena crisi di tosse, si guarda allo specchio e vede un terremoto.


Come direbbe Queneau, siamo di fronte a un esercizio di stile dove il vuoto del bicchiere cerca grottescamente un pieno di significato. E se la realtà non collima? Tanto peggio per lei: l'urlatore da tastiera la manipolerà come plastilina, fino a farla conincidere con la profezia che lui, tra uno spritz e l'altro, ha annunciato per primo.


Ecco il decalogo che guida la sua "scienza":

Il tuo ego è il metro della storia: Tutto ciò che non è filtrato dal tuo feed non ha dignità di cronaca.

U piritu è il tuo argomento principe: Non serve una tesi per stroncare l'altro.

Crea il sospetto dal nulla: Se un fatto non è torbido, sei ancora tre passi indietro nel delirio.

Non avrai altra verità che quella virale: Scarta l'analisi, che è noiosa; divinizza la fake, che è succosa.

Farai pongo dei dati: Se le cifre non quadrano, cambiale; la verità è un'opinione, il tuo capriccio un dogma.

Disprezza la misura: Di fronte a un problema, non cercare il nesso, brandisci lo schema.

Inquina, è il tuo dovere: abbaiare è il compito universale

Il silenzio è un'eresia, puniscila: Se non ragli al massimo, tradisci la community.

L'algoritmo è il tuo unico dio: Se non genera like, il fatto non esiste. La gloria dipende dal tuo ultimo post.

Tu sei il tuo profeta: la tua insignificanza è un mito, sei l'ultimo baluardo dello spritz.

Cuba-Venezuela. El fusil, la pluma y el deber de no traicionar: junio,mes de ejemplos y rupturas

 




Por Geraldina Colotti, RedContactoSur

«Quien intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo
de su suelo anegado en sangre, si no perece en la
lucha». Estas palabras, que la tradición revolucionaria
ha esculpido en la conciencia cubana como el eco
eterno de la Protesta de Baraguá, pertenecen al temple
de Antonio Maceo, el Titán de Bronce. Hombre de
orígenes humildes, nacido el 14 de junio de 1845 en
una familia mulata que hizo de la lucha por la libertad
un destino colectivo, Maceo fue un genio de la
estrategia militar.
La postura que asumió en Baraguá, en 1878 —cuando
ante el general Martínez Campos respondió con un
seco «No nos entendemos», rechazando el Pacto del
Zanjón— no fue un gesto aislado. Fue la semilla de la
conciencia que, años después, lo llevaría a dirigir la
legendaria Invasión de Oriente a Occidente (1895-
1896). Si en Baraguá Maceo había salvado la dignidad
de la revolución de la traición de la rendición, con la
Invasión demostró que esa misma dignidad se había

convertido en un proyecto nacional capaz de poner de
rodillas al Imperio.
La legendaria Invasión comenzaría en octubre de

  1. En aquella época, el grueso de las fuerzas
    españolas y la riqueza económica de la isla se
    concentraba en las provincias occidentales, mientras
    el Oriente permanecía como el foco de la revuelta. La
    estrategia de Maceo, compartida con Máximo Gómez,
    fue romper la ilusión de España de poder aislar la
    rebelión en una periferia remota y pobre.
    Atravesar toda la isla significaba recorrer cerca de
    1.800 kilómetros en poco más de tres meses,
    desafiando a decenas de miles de soldados enemigos,
    superando líneas fortificadas como la famosa Trocha
    de Júcaro a Morón y marchando en condiciones
    extremas. No se trataba de conquistar ciudades para
    presidirlas, sino de hacer la isla ingobernable,
    golpeando el motor económico de la colonia: las
    inmensas plantaciones de caña de azúcar que
    financiaban la guerra de represión española. Hacer
    imposible el beneficio colonial significaba quitarle a
    España la savia vital para mantener a su ejército.
    Cuando en enero de 1896 Maceo llegó a Mantua, en el
    extremo Occidente de Cuba, el objetivo había sido
    alcanzado. Aquella marcha fue la prueba de que la

revolución no era una cuestión regional, sino un
proyecto nacional. Demostró que un ejército
compuesto por campesinos y trabajadores, los
mambises, podía humillar a una de las potencias
militares más poderosas de la época.
Para el lector de hoy, la Invasión sigue siendo la
prueba de que Maceo no era un estratega de escritorio:
aquella fue su caminata de la verdad. Marchando
hacia el Occidente, Maceo rechazó la zona de confort,
desafiando lo imposible para llevar la revolución allí
donde el amo se sentía más seguro. Es el ejemplo
perfecto de cómo la teoría revolucionaria, que en
Baraguá había sido una idea de ruptura, se convierte
con la Invasión en una idea en movimiento capaz de
cambiar la realidad material. Fue el momento en que
la revolución salió de los bosques orientales y se
convirtió en un incendio que envolvió a toda la
nación, liberando a Cuba de la convicción de que el
dominio español podía ser eterno.
Maceo no era un aristócrata de la política, sino un
hombre que había conocido el peso de la esclavitud y
el sabor de la tierra. Su apodo, Titán de Bronce, no
evocaba solo la fuerza física, sino la indestructibilidad
de sus convicciones. Mientras la burguesía
terrateniente cubana buscaba salidas acomodaticias

con el poder español para salvar sus privilegios
económicos, Maceo comprendió que la libertad de
Cuba era una mentira si no traía consigo el fin de la
esclavitud y la ruptura radical con toda forma de
subordinación.
Por eso, su Protesta de Baraguá, el 15 de marzo de
1878, fue el momento en el que él eligió quedarse
solo, junto a sus hombres, antes que malvender el
futuro. La Guerra de los Diez Años (1868-1878) había
llegado entonces a una fase de estancamiento. El
Comité del Centro había firmado el Pacto del Zanjón
con el general español Arsenio Martínez Campos, un
acuerdo que ofrecía una paz sin independencia y,
sobre todo, sin la garantía de la abolición inmediata de
la esclavitud. Era un intento de poner fin al conflicto
garantizando el dominio colonial español.
Maceo, que no había participado en las tratativas, se
negó categóricamente a aceptar aquel pacto. Pidió un
encuentro con Martínez Campos precisamente en
Baraguá para comunicarle que el ejército que él
dirigía no se rendiría. En aquel «No» a Martínez
Campos, Maceo definió para siempre lo que significa
ser un revolucionario: no aquel que acepta las reglas
del juego para sobrevivir, sino aquel que rompe la
mesa cuando el juego está trucado.

«Los principios no se negocian», repite también hoy el
actual presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, frente
a la renovada agresión del imperialismo
norteamericano. La fuerza de Cuba es su historia, la
historia de la lucha de clases, que procede por saltos y
rupturas, dejando la tarea de dirigirlas a quien se
obstina en cambiarla. La historia que avanza, como
decía Benjamin, sobre pilas de ruinas y en la que,
como bien explicó Marx en El dieciocho brumario,
«la tradición de todas las generaciones muertas oprime
como una pesadilla el cerebro de los vivos».
En esta genealogía de la ruptura se inserta la figura de
Antonio Guiteras Holmes. Nacido en 1906 en Bala
Cynwyd, Estados Unidos, de padre cubano y madre
estadounidense, Guiteras eligió arraigarse plenamente
en la lucha por la emancipación de Cuba,
convirtiéndose en el puente necesario entre la herencia
mambisa de Maceo y el antimperialismo moderno. Su
vida, quebrada a solo 29 años en 1935, no fue una
trayectoria lineal, sino un salto dialéctico.
Comprendió antes que otros que la soberanía nacional
era una quimera, que el enemigo de Maceo había
cambiado de piel: no era solo el ejército de la
metrópoli, sino el capital extranjero el que dictaba las
leyes de la isla. Su praxis sigue siendo el monito de

quien, conociendo las contradicciones del
imperialismo desde adentro, decide combatirlo como
sistema, clase contra clase.
La Joven Cuba de Guiteras no fue solo una
organización clandestina, fue un laboratorio político
que sentó las bases para esa visión global que el Che
habría luego radicalizado. Para Guiteras, la ruptura
con el pasado no era solo una cuestión de soberanía
formal. Supo traducir el antimperialismo no como un
conflicto abstracto entre pueblos, sino como el terreno
en el que la lucha de clases se manifestaba con mayor
nitidez, sin las mediaciones hipócritas de la burguesía
nacional.
Esta intuición, que la tradición revolucionaria le ha
reconocido justamente, es el hilo conductor que une
su praxis a la del Che —nacido también un 14 de
junio, pero de 1928—, el revolucionario que supo
practicar la resistencia como ciencia de la liberación.
Como escribió en su Mensaje a la Tricontinental
invitando a «crear dos, tres, muchos Vietnam», para
Guevara la revolución no es un episodio circunscrito a
una sola nación, sino la construcción de un frente
mundial que rompa las cadenas de la acumulación
capitalista.

Una exhortación a la que han respondido, en el siglo
pasado, muchos revolucionarios: desde América
Latina, hasta África y Europa. Y que han pagado con
la vida, como ocurrió con el periodista venezolano
Fabricio Ojeda, de cuyo sacrificio también se recuerda
en este junio. Durante los gobiernos puntofijistas de la
IV República, cuando se creyó posible incendiar los
Andes como la Sierra Maestra, Ojeda escribió su
célebre carta de dimisión del Congreso (1962), en la
que explicaba precisamente que la asamblea se había
convertido en un «obstáculo» para la liberación
nacional y en una forma de «adormecer» al pueblo.
Fabricio Ojeda nos enseñó que la verdad no se cuenta,
se construye con el ejemplo: para él, la pluma del
periodista y el fusil del guerrillero no eran más que las
dos caras de una sola elección, la de no traicionar al
pueblo. Una ética que, en el pos-Novecento, Hugo
Chávez (28 julio 1954- 5 marzo 2013) recogió y
tradujo a una nueva gramática revolucionaria.
También para Chávez, la comunicación no era mera
propaganda, sino praxis: su «fusil» (que empuñó
contra la «democracia camuflada» el 4 de febrero de
1992) se convirtió en la palabra que despertaba las
conciencias: una forma de ejemplo que no se limitaba
a narrar el cambio, sino que lo hacía tangible a través

del contacto directo con las masas, transformando el
liderazgo en una batalla cotidiana de verdad.
Cuando dimitió del Parlamento, Fabricio Ojeda no
estaba abandonando la política, sino que la estaba
llevando a su grado de máxima coherencia. El 21 de
junio de 1966, no fue «víctima» de un suicidio como
escribieron los informes oficiales, fue asesinado por el
Estado venezolano en los sótanos del SIFA porque
había comprendido, antes que muchos, que la
democracia burguesa es una trampa de terciopelo.
La misma suerte correrá, diez años después, otro
revolucionario, Jorge Rodríguez, padre de la actual
presidenta encargada de Venezuela y del hermano, que
preside el parlamento. Jorge Rodríguez padre fue el
fundador y el máximo dirigente de la Liga Socialista.
Nacida oficialmente en 1973, la Liga representaba
precisamente aquel intento de superar las tácticas de la
guerrilla de los años ’60, desplazando el foco hacia un
trabajo de masas, organizativo y político, pero
manteniendo una posición de ruptura radical con el
sistema bipartidista de la IV República. Arrestado por
la policía política venezolana de la época (la Disip),
murió bajo tortura el 25 de julio de 1976.
La historia de la revolución bolivariana está
profundamente marcada por el sacrificio de quienes,

como Ojeda o Jorge Rodríguez, pagaron con su vida
el paso de la pluma al fusil. En este junio de una
resistencia complicada, a 5 meses del secuestro del
presidente Maduro y de la primera combatiente, su
esposa Cilia Flores, se recuerda sin embargo también
la dedicación de quienes transformaron la militancia
en un ejercicio cotidiano de resistencia. Es el caso de
Darío Vivas, incansable dirigente del PSUV, nacido el
12 de junio de 1950 y fallecido por el covid en 2020.
Su figura no pertenece a la memoria de los caídos en
combate, sino a la de quien hizo de la movilización
popular su único campo de batalla, permaneciendo
hasta el final al lado del pueblo, en esa trinchera no
armada pero igualmente decisiva que es el trabajo de
base: fundamental para preparar una nueva oleada de
revolución, a cien años del nacimiento de Fidel.

6/12/2026

Italia. Trabajo esclavo

 















Por Geraldina Colotti, 

Cuatro trabajadores migrantes encerrados dentro de un
vehículo por los intermediarios laborales (los
“caporales”) y quemados vivos en una auténtica
ejecución de corte mafioso, de la cual se salvó un
único superviviente que ha logrado contar toda la
verdad. Decenas de jornaleros muertos de fatiga, bajo
plásticos a más de 40 grados de temperatura en los
invernaderos del mediterráneo. Y el horror absoluto
en las campañas romanas, en el Agro Pontino, donde
un obrero agrícola indocumentado, tras sufrir la
amputación de un brazo por una maquinaria sin
sistemas de seguridad, no es llevado a un hospital,
sino abandonado en la carretera por su empleador,
desangrándose junto a una caja de verduras como si
fuera mercancía defectuosa.


No son ficciones de una distopía de terror. Es la
consecuencia directa del desmantelamiento de las
conquistas laborales, un proceso que, desde la Ley
Bossi-Fini hasta la actualidad, ha contado con la
complicidad de gobiernos de derecha y de un
centroizquierda subalterno a los dictados de la Unión

Europea. La negación del permiso de residencia y de
trabajo para quienes llegan al país es el mecanismo
que garantiza una reserva de mano de obra esclava, a
bajo costo. Este ejército de trabajadores precarizados
es utilizado, con demasiada frecuencia, por los
pequeños productores o emprendedores. Allí donde la
vigilancia es menor —debido al desguace sistemático
de los controles laborales—, la explotación se arraiga
con impunidad.


Al restringir drásticamente la protección especial y
endurecer las condiciones de acceso, el gobierno de
Meloni no busca gestionar el flujo, sino criminalizar
la existencia misma del migrante. La creación de
centros de reclusión en territorio albanés es el
corolario de esta política: una estructura costosísima y
profundamente antidemocrática, diseñada por la
extrema derecha para esternalizar la represión y
convertir el derecho de asilo en un objeto de gestión
carcelaria fuera de nuestras fronteras. Es la
materialización de un modelo neoliberal que pone en
el centro el capital sobre la vida, y obliga a una
respuesta militante y sin concesiones.
Esta lógica de desposesión y esclavitud moderna no es
exclusiva del campo; se extiende de forma idéntica

por el cemento de las grandes ciudades a través del
sector de la construcción. El reciente escándalo en las
obras del nuevo consulado de los Estados Unidos en
Milán revela la transnacionalización de este modelo
delictivo: allí, la multinacional norteamericana
Caddell Construction ha quedado bajo control judicial
tras descubrirse una red de “caporalato” que traficaba
con obreros traídos desde India y Kenia, obligados a
trabajar por menos de dos euros la hora bajo amenazas
de deportación. Que los cimientos de una sede
diplomática de la principal potencia imperialista se
levanten mediante la extorsión mafiosa y el
hacinamiento de trabajadores extranjeros demuestra
que el “caporalato” no es una distorsión arcaica, sino
la fisionomía viva del capitalismo avanzado y de su
sistema de subcontratación globalizada. Los
«caporales» actúan como la policía privada y operativa
del capital en los campos y andamios: reclutan,
vigilan y castigan a los jornaleros, imponiendo
jornadas medievales de más de doce horas por salarios
de miseria, descontándoles además el transporte y el
agua. Las muertes por extenuación o los cuerpos
mutilados y escondidos para no frenar la cosecha o la
obra demuestran que el trabajo vivo es tratado aquí

como un insumo desechable. El horror de dejar morir
a un hombre herido o extorsionar a un obrero para
proteger los libros contables de una corporación
resume la esencia misma del capitalismo: el valor de
cambio de la mercancía vale más que la vida humana.
Al empujar a miles de personas a la clandestinidad y
la irregularidad administrativa, el Estado no busca
«frenar la migración», sino cumplir una función
macroeconómica precisa: crear un ejército industrial
de reserva desprovisto de derechos civiles y políticos.
Un obrero sin papeles es un obrero que no puede
sindicalizarse, que no puede exigir un salario mínimo
y que no puede levantar la voz ante los accidentes
laborales por miedo a la deportación. Las leyes de
extranjería son la soga con la que el Estado ata de
manos al migrante para entregárselo al verdugo del
agronegocio y de la construcción patronal.
Las chabolas de plástico y cartón que arden
periódicamente, cobrándose la vida de jóvenes
africanos o asiáticos en las periferias de Foggia o
Almería, son la consecuencia directa de esta
«ilegalidad planificada». Son verdaderos campos de
concentración modernos donde el capital confina a la
mano de obra barata que recoge los tomates, las fresas

y las aceitunas que luego llenan las mesas de los
europeos.
Frente a esta ofensiva criminal, la capitulación de la
izquierda reformista y de las cúpulas de los sindicatos
oficiales es histórica y vergonzosa. La llamada
«izquierda de palacio» ha abandonado la perspectiva
de clase, sustituyendo la lucha contra la explotación
por la gestión de la caridad humanitaria o el silencio
cómplice. Se limitan a discursos bienpensantes que no
tocan las raíces de la propiedad ni de la cadena de
valor, validando la lógica del mercado.
Sin embargo, la verdadera solidaridad y la dignidad
surgen desde las bases. A pesar del terror patronal y
de las leyes persecutorias, el sindicalismo combativo y
los propios trabajadores migrantes se organizan. Son
estas vanguardias las que recuperan el hilo rojo de las
luchas campesinas y obreras, uniendo la exigencia de
la regularización permanente con la lucha global
contra el capitalismo y el imperialismo. La sangre
derramada en los campos de Italia es la misma que el
imperialismo exprime en el Sur global, y la lucha por
su emancipación es una sola.

6/09/2026

Uruguay se convirtió en el primer país del continente en lograr que todos los pueblos con más de 1.000 habitantes estén conectados mediante fibra óptica

 

Uruguay consolida un hito histórico en conectividad gracias a las políticas del Frente Amplio

La reciente inauguración de la red de fibra óptica en la localidad de Porvenir, departamento de Paysandú, marca un acontecimiento histórico para Uruguay y para toda América. Con esta obra impulsada por ANTEL, Uruguay se convirtió en el primer país del continente en lograr que todos los pueblos con más de 1.000 habitantes estén conectados mediante fibra óptica, reafirmando su liderazgo regional en materia de inclusión digital y desarrollo tecnológico.

Este logro no es fruto de la casualidad ni de decisiones aisladas. Es el resultado de una política de Estado iniciada durante los gobiernos del Frente Amplio, que comprendieron que el acceso a la tecnología, la educación y la conectividad debían ser considerados derechos fundamentales para toda la población.

En este proceso resulta imprescindible destacar la visión estratégica del expresidente Dr. Tabaré Vázquez, quien impulsó una profunda transformación digital del país. Bajo su liderazgo nació el Plan Ceibal, una de las iniciativas educativas y tecnológicas más innovadoras del mundo, que democratizó el acceso a las herramientas digitales para miles de niños y jóvenes uruguayos, reduciendo brechas sociales y territoriales.

Asimismo, merece especial reconocimiento la Ing. Carolina Cosse, quien durante su gestión al frente de ANTEL desarrolló una política de inversiones sin precedentes en infraestructura tecnológica. Su visión futurista permitió acelerar el despliegue de la fibra óptica en todo el territorio nacional, fortalecer los servicios de telecomunicaciones y posicionar a Uruguay como referencia internacional en conectividad. Muchas de las obras que hoy continúan beneficiando a la población tienen su origen en aquella planificación estratégica que apostó por el desarrollo tecnológico como motor de crecimiento e igualdad.

La llegada de la fibra óptica a Porvenir no representa únicamente una mejora técnica. Significa igualdad de oportunidades para estudiantes, trabajadores, emprendedores y familias del interior profundo. Significa que una persona que vive en una pequeña localidad puede acceder a los mismos servicios digitales, educativos y laborales que alguien que reside en Montevideo.

El actual presidente de ANTEL, Alejandro Paz, destacó que este avance posiciona a Uruguay como líder continental en conectividad y reafirma el papel fundamental de una empresa pública fuerte y comprometida con el desarrollo nacional. La meta ahora es continuar ampliando la cobertura para alcanzar a todas las localidades de más de 500 habitantes y posteriormente a aquellas de más de 100 hogares.

La experiencia uruguaya demuestra que cuando existe planificación estratégica, inversión pública y una visión de largo plazo, es posible construir un país más integrado, más moderno y más igualitario. La universalización de la fibra óptica constituye una de las mayores conquistas tecnológicas de las últimas décadas y refleja una política pública que trascendió gobiernos, pero que tuvo su origen y principal impulso en los gobiernos del Frente Amplio, particularmente bajo el liderazgo del Dr. Tabaré Vázquez y la gestión innovadora de la Ing. Carolina Cosse.

RedContactoSur
Lic. Rubén Suárez


Montevideo – Uruguay
Buenos Aires – Argentina
Santa Cruz de la Sierra – Bolivia


6/08/2026

Del estado plurinacional de Bolivia

 




ANÁLISIS DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL ESTADO PLURINACIONAL DE BOLIVIA: DERECHOS HUMANOS, GARANTÍAS CONSTITUCIONALES, DEBERES Y ESTADO DE EXCEPCIÓN

Introducción

La actual Constitución Política del Estado (CPE) de Bolivia fue aprobada mediante referéndum constitucional el 25 de enero de 2009 y promulgada el 7 de febrero de 2009 por el entonces presidente de Bolivia, .

Esta Constitución surgió como resultado del proceso constituyente impulsado por el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), con el objetivo de refundar el Estado boliviano bajo el concepto de Estado Plurinacional, reconociendo la diversidad cultural, étnica y lingüística del país, así como ampliando el catálogo de derechos humanos y garantías constitucionales.

Entre los aspectos más relevantes de la nueva Constitución destacan la protección integral de los derechos humanos, el reconocimiento de los pueblos indígenas, la ampliación de mecanismos de participación ciudadana y la regulación del Estado de Excepción, tema que constituye uno de los puntos más sensibles dentro del sistema constitucional boliviano.

I. EL ESTADO DE EXCEPCIÓN

Concepto

El Estado de Excepción es un mecanismo constitucional extraordinario que permite al Estado adoptar medidas especiales cuando existan amenazas graves contra la seguridad del país, conflictos internos, desastres naturales u otras situaciones que pongan en peligro el funcionamiento normal de las instituciones democráticas.

La Constitución regula esta figura en los artículos 137 al 140.

Causales para su declaración

El Estado de Excepción puede ser declarado cuando existan:

  • Amenazas a la seguridad del Estado.
  • Conflictos internos de carácter grave.
  • Peligro para el mantenimiento del orden constitucional.
  • Desastres naturales o emergencias que afecten severamente a la población.

Límites constitucionales

La Constitución establece importantes restricciones para evitar abusos del poder:

  • No pueden suspenderse los derechos fundamentales a la vida.
  • No puede aplicarse tortura.
  • No pueden producirse desapariciones forzadas.
  • Se mantiene el derecho al debido proceso.
  • Continúan vigentes las garantías judiciales esenciales.

Control legislativo

La declaración debe ser comunicada a la Asamblea Legislativa Plurinacional, que ejerce funciones de control político sobre las medidas adoptadas.

Responsabilidad de las autoridades

Los funcionarios públicos que cometan abusos durante un Estado de Excepción son responsables civil, penal y administrativamente por sus actos.

Análisis crítico

La regulación constitucional busca equilibrar dos principios fundamentales:

  1. La necesidad de preservar el orden institucional.
  2. La obligación de proteger los derechos humanos.

Sin embargo, diversos sectores académicos y organizaciones de derechos humanos han señalado que la amplitud de algunas causales podría generar interpretaciones extensivas por parte del poder político, especialmente en contextos de conflictividad social o crisis política.

II. LOS DERECHOS HUMANOS EN LA CONSTITUCIÓN BOLIVIANA

La Constitución de 2009 contiene uno de los catálogos de derechos más extensos de América Latina.

Principios fundamentales

La CPE establece que:

  • Los derechos humanos son universales.
  • Son indivisibles.
  • Son interdependientes.
  • Son progresivos.
  • El Estado tiene la obligación de respetarlos, protegerlos y garantizarlos.

Derechos civiles y políticos

Entre ellos destacan:

  • Derecho a la vida.
  • Derecho a la integridad física y psicológica.
  • Libertad de expresión.
  • Libertad de pensamiento.
  • Libertad religiosa.
  • Derecho a la participación política.
  • Derecho al voto.
  • Derecho a la organización social.

Derechos económicos, sociales y culturales

La Constitución reconoce:

  • Derecho al trabajo.
  • Derecho a la salud.
  • Derecho a la educación.
  • Derecho a la vivienda.
  • Derecho a la alimentación.
  • Derecho a la seguridad social.

Derechos de los pueblos indígenas

Uno de los avances más significativos es el reconocimiento de:

  • Autonomías indígenas.
  • Justicia indígena originaria campesina.
  • Derecho a la consulta previa.
  • Protección de territorios ancestrales.
  • Preservación de idiomas y culturas.

Derechos de grupos vulnerables

La Constitución incorpora protecciones específicas para:

  • Mujeres.
  • Niños y adolescentes.
  • Adultos mayores.
  • Personas con discapacidad.
  • Personas privadas de libertad.

III. GARANTÍAS CONSTITUCIONALES

Las garantías constitucionales son mecanismos jurídicos destinados a proteger efectivamente los derechos fundamentales.

Acción de Libertad

Protege a las personas frente a detenciones ilegales o arbitrarias.

Acción de Amparo Constitucional

Permite restablecer derechos vulnerados por autoridades públicas o particulares.

Acción de Protección de Privacidad

Protege los datos personales, la intimidad y el honor.

Acción Popular

Defiende derechos e intereses colectivos.

Acción de Cumplimiento

Obliga a las autoridades a ejecutar normas legales cuando incumplen sus obligaciones.

Tribunal Constitucional Plurinacional

Es la máxima instancia encargada de interpretar la Constitución y garantizar su supremacía.

IV. LOS DEBERES DE LAS BOLIVIANAS Y LOS BOLIVIANOS

La Constitución no solamente reconoce derechos, sino también deberes ciudadanos.

Entre los principales deberes establecidos se encuentran:

  • Cumplir y hacer cumplir la Constitución.
  • Defender la unidad del Estado.
  • Respetar los derechos de los demás.
  • Proteger el patrimonio cultural.
  • Conservar el medio ambiente.
  • Contribuir mediante el pago de impuestos.
  • Participar en la vida democrática.
  • Defender la soberanía nacional.

Importancia de los deberes constitucionales

Los deberes representan el complemento necesario de los derechos humanos, pues permiten la convivencia democrática y el fortalecimiento del Estado de Derecho.

Conclusión

La Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia de 2009 constituye una de las reformas constitucionales más profundas de la historia boliviana. Promulgada durante el gobierno de Evo Morales tras un proceso constituyente y un referéndum nacional, amplió significativamente la protección de los derechos humanos, reconoció la diversidad plurinacional del país y fortaleció los mecanismos de participación ciudadana.

Dentro de este marco, el Estado de Excepción ocupa un lugar central por su impacto directo sobre las libertades públicas. Aunque la Constitución establece límites destinados a impedir abusos y preservar los derechos fundamentales, su aplicación debe estar siempre sometida al control democrático, judicial y social para evitar que medidas extraordinarias se conviertan en mecanismos de restricción indebida de derechos.

La fortaleza de un sistema democrático no se mide únicamente por la amplitud de los derechos que reconoce, sino por la capacidad efectiva de garantizar esos derechos incluso en momentos de crisis, emergencia o conflictividad política.


Este texto puede servir como base para un analisis  político sobre la Constitución boliviana, con énfasis en el Estado de Excepción como eje principal del estudio.


Lic Ruben Suarez Director de RedContactoSur 


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Venezuela. Entre la Realpolitik y el poder popular

  Geraldina Colotti /RedContactoSur Foto: Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias «Niño Guerrero» El gobierno de la República Bolivariana ...