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7/24/2023

Debate de ideas

 

Escribe Esteban Valenti

Opinión | Debate de ideas

Lentamente nos hemos saturado las neuronas de episodios escabrosos, escandalosos, que ocultan lo fundamental.

Se supone que las columnas que varios actores escriben en medios impresos o electrónicos, las notas de prensa, radio, o televisión, son parte de una circulación de ideas, y, por lo tanto, al reflejar opiniones diversas, son un debate.

El debate gira sobre muchos temas diversos. Sobre fútbol —sin falta— lo mismo que sobre política, pero además sobre arte, cultura, economía, sociedad, ciencias y muchos otros temas. De la densidad, intensidad y nivel de esa circulación depende la calidad de la vida cultural e intelectual de una sociedad en un determinado momento.

Uruguay tuvo épocas de un altísimo y reconocido debate de ideas, a partir de la política, pero también sobre leyes, sobre cine y arte, sobre literatura y pintura. Y nuestro nivel, del que nos jactamos con razón durante varios años, no era solo sobre el nivel de nuestra arquitectura y sus construcciones, algunas realmente magníficas y gigantescas para nuestras dimensiones, o las obras públicas irrepetibles, en los edificios públicos, legislativos, hospitales, sedes del Banco República en todo el país, hasta dispensarios, escuelas, facultades y liceos. Todo tendía a sobresalir, a competir en el mejor sentido de la palabra.

El debate no era solo a través de los medios, sino del espacio de nuestras obras y de nuestro atrevimiento. Han corrido muchos puentes debajo del agua y hoy, si bien persisten algunos residuos o restos, estamos muy lejos.

Lo que más se nota por su intensidad, constancia y frecuencia es el debate político que adolece de una notoria falta de ideas nuevas, de aportes intelectuales, de enfoques que nos enriquezcan y nos aporten a nuestro crecimiento colectivo, precisamente en la diversidad.

Pero no es solo a nivel político. El debate sobre la educación carece casi totalmente de aportes desde la pedagogía, desde nuestra trayectoria nacional y otras experiencias. Para tomar un solo ejemplo.

No hablemos de la economía y su relación con la academia. Si una ministra de Economía egresada de la Universidad de la República, que destaca —la universidad— por su Facultad de Ciencias Económicas, se permite introducir en un supuesto debate el tema de la autonomía relacionado con Adam Smith y Carlos Marx, podemos calibrar un ejemplo del desperdicio ideal e intelectual que existe en una parte fundamental de la sociedad culta uruguaya. Retrocedimos a tiempos casi olvidados.

Uruguay se destaca desde hace décadas por el alto nivel de su teatro, por la cantidad de elencos y de instituciones que le dan impulso para contar semanalmente con una cartelera que supera a la de grandes ciudades. Es una acumulación positiva de creatividad, de preparación artística, de técnicas de apoyo y sobre todo de espectadores exigentes. ¿Cuándo hace que no discutimos la situación del conjunto de las instituciones teatrales uruguayas después del terremoto de la pandemia?

Podríamos elegir otros ejemplos, sobran.

Lo más grave es que lentamente nos hemos saturado las neuronas, todos, me incluyo, de episodios escabrosos, escandalosos que ocultan lo fundamental, pero que son inevitables, inexorables. Es un duelo, o muchos duelos, no a pistola o sable contrafilo y punta, sino a ocurrencias y repeticiones hasta el cansancio del lenguaje de las redes, de la cortedad de razonamientos de las redes.

El debate político electoral se encamina en esa dirección, con ese nivel de observación y esas casi inexistentes reflexiones, donde algunos creen que citando a Gramsci, sin haberlo siquiera digerido, atacan a la izquierda y su estrategia. Y del otro lado no nos sentimos obligados a discutir, no para ganar la discusión, sino para defender nuestra identidad ideal e intelectual de reptar a esos niveles.

Lo mas grave es que las falsedades, los datos manipulados, las deformaciones son una parte fundamental de este debate. En algunos momentos parece que el que miente mejor, con más descaro, tiene las mejores chances.

¿Qué debería surgir de un adecuado, necesario, debate de ideas? ¿Un vencedor, un derrotado o varios? No, necesitamos construir, mejor dicho, en algunos casos reconstruir una adecuada corriente de ideas, de propuestas, de proyectos, de aportes desde el estudio y el razonamiento para afrontar los diversos temas que componen nuestra vida social y cultural. Y naturalmente política.

No vivimos un tiempo a nivel mundial, donde este sea el nivel del debate. No se trata de escondernos detrás de los que están peor o mucho peor que nosotros, sino de tener memoria, de recordar o de estudiar nuevamente nuestro pasado y encontrar las raíces de ese pensamiento fermentario, lleno de audacias y de aportes que no solo se escribieron, sino que se construyeron, en nuestra legislación, en nuestras obras, en nuestras corrientes políticas, en nuestro teatro y literatura, en nuestra prensa y muchas otras cosas.

La campaña electoral puede ser un concurso de banalidades, de mentiras enteras o a medias, de vacíos imposibles de llenar, o un desafío político e intelectual de gran importancia. No solo nos jugamos la disputa de los diversos gobiernos y cuerpos legislativos, sino que ante tantos problemas globales y nacionales, nos jugamos una oportunidad de discutir en serio, de mostrar lo que pensamos, y de realmente participar de un auténtico debate.

En última instancia todo depende de nosotros, de los que aportamos nuestra presencia, nuestra sensibilidad, nuestros oídos y nuestros votos. Seamos exigentes.

 

Vía  montevideo.com.uy

 

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¿DÓNDE ESTÁ PARADO EL VATICANO? Pedro Pierre ¡Oh sorpresa! El Vaticano, más exactamente el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, prohíbe a las y los laicos comentar la palabra de Dios durante las celebraciones de la Eucaristía. Eso es la respuesta que dio el Dicasterio de la liturgia en el Vaticano a los obispos alemanes que solicitaban mayor participación de las y los laicos en las celebraciones eucarísticas. Esta negativa sorprendió no solamente a los obispos alemanes sino también a muchos católicos por todas partes. Aparece como una contradicción con la apertura que el Concilio Vaticano 2° había demostrado al insistir sobre la promoción de todos los bautizados para que sean más activos tanto en la responsabilidad de ‘evangelizar’ o sea transmitir la Buena Nueva de Jesús de Nazaret como de participar activamente en la celebración de los sacramentos. 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Al contrario, su sacerdocio consistió precisamente en romper esa lógica religiosa. Mientras el sacerdocio del Antiguo Testamento se definía por la separación, Jesús se definió por la identificación y la cercanñia con los hombres y mujeres de su tiempo. Mientras el sacerdote tradicional ascendía hacia Dios desde el ámbito de lo sagrado, Jesús representó a un Dios que desciende hacia la humanidad y especialmente hacia los y las pobres, las personas excluidas y sufrientes. Su sacerdocio nació no de la distancia sino de la cercanía, no del privilegio sino de la solidaridad, no del poder sino del servicio, no del templo sino de la vida. Y alcanzó su culminación no en un santuario sagrado sino en una cruz levantada fuera de la ciudad, en el lugar de las personas marginadas. El sacerdocio de Jesús constituye una crítica permanente a toda forma de sacerdocio que tienda a separarse del pueblo, a elevarse sobre él o a monopolizar la mediación religiosa. El sacerdocio de Jesús fue el sacerdocio laico de la compasión, como él de todos los bautizados de hoy. Por estas y otras razones, las críticas en los medios de comunicación no se hicieron esperar: “El Dicasterio para la liturgia ha vuelto a cerrar la puerta que el Concilio Vaticano II entreabrió hace más de sesenta años¿ - El púlpito prohibido: Roma cierra la boca a los laicos en misa - La homilía prohibida: ¿la iglesia vuelve a elegir la cristiandad? - ¿Por qué Roma no prohíbe de paso predicar a muchos curas? - Los católicos alemanes se rebelan ante el 'No' del Vaticano a la predicación de los laicos en las misas - La iglesia que calla al pueblo: cuando el púlpito se convierte en frontera - ¿Qué sacerdocio quiere representar hoy la Iglesia? …” Recordemos el “sentido de fe” del Pueblo de los bautizados que es norma de fe, el famoso “sensus fidei” de la tradición de la Iglesia católica. Según lo repitió el papa Franciso: “Este discernimiento sobrenatural es suscitado y sostenido por el Espíritu de la verdad, lo que permite a los cristianos reconocer y seguir la acción de la gracia de Cristo en su vida diaria”. A pesar de los pesares, sigamos construyendo el sueño del papa Juan 23 retomado por el papa Francisco: “La Iglesia es de todos, pero más especialmente es la Iglesia de los pobres”. Confirmémonos en la opción por los pobres tal como lo dijeron los obispos latinoamericanos en su reunión de Puebla (México, 1979): Los invitamos a “aceptar y asumir la causa de los pobres como si fuera su propia causa, la causa de Cristo”. Trabajemos para que seamos lo que nos encomendaron el día de nuestro bautismo: “Eres profeta, sacerdotes y rey-pastor”.

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