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8/07/2023

DECLARACIÓN Para LA LIBERTAD del Frente de Solidaridad

 



DECLARACIÓN POR LA LIBERTAD DE L*S PRES*S POLÍTIC*S DE NUESTRA AMÉRICA Y EL MUNDO


“Suele decirse que nadie conoce realmente cómo es una nación hasta haber estado en una de sus cárceles. Una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición,  sino por cómo trata a los que tienen poco o nada.” 

Nelson Mandela

Hoy como ayer sigue acechándonos la inhumanidad del capital y su forma imperial. Sentenciaba Marx que “El capitalismo lleva en sí el germen de su propia destrucción por su insaciable sed de plusvalía y de ganancia”, también es cierto que es más salvaje a medida que su crisis se hace más profunda.

A los pueblos empobrecidos y excluidos del mundo no nos ha quedado más camino que resistir y luchar para transformar lo injusto. La prisión política, de larga data, ha sido la respuesta para contenernos. Una posibilidad no deseada, pero cierta, en todos los confines del mundo para quienes hemos abrazado las luchas del pueblo, cuya justeza no ponemos en cuestión, sea cual haya sido su forma. 

Definimos como personas presas políticas a quienes independientemente de la organización a la que pertenezcan y la vía de lucha que lleven adelante, sean perseguidas, secuestradas, detenidas, judicializadas y encarceladas por el Estado y sus fuerzas represivas en razón a esa lucha.

La historia contemporánea da cuenta de millares de personas que hicieron del encierro una trinchera de lucha y mantuvieron su moral y férreas convicciones durante largas y tortuosas condenas. Miles resistieron con la dignidad en lo más alto, como Julius Fucik y Olga Benario y muchos otros militantes revolucionarios y de la clase obrera aunque no sobrevivieron a la crueldad de la ocupación nazi y del fascismo.

Otras tantas y en otros tiempos, afrontaron igualmente con temple la tortura, el largo encierro, pero pudieron salir con vida de prisión y continuar su lucha contra el racismo, el colonialismo, el capitalismo, el imperialismo y el patriarcado desde sus lugares de acción. Angela Davis, los cinco héroes cubanos, Marcos Ana, Winnie Madikizela, Nelson Mandela han sido ejemplo de ello. 

Grandes líderes Nuestroamericanos tampoco escaparon a la tortura y la prisión antes de haber llegado a las jefaturas de Estado en nuestros países: Fidel Castro, Hugo Chávez, Luiz Inácio Lula da Silva, Dilma Rousseff, Pepe Mujica, Gustavo Petro.  



La prisión política persiste hoy con especial intensidad y distorsión en Nuestra América y el mundo.  Ha tomado formas cada vez más difusas para hacer más tortuoso el encierro.  En el caso de Palestina, las fuerzas de ocupación Sionistas aplican la aberrante “prisión administrativa”.  En Nuestra América, están a la orden las inhumanas mega cárceles, el desarraigo, la extradición, el neoliberalismo carcelario, la desnaturalización del delito político, el populismo punitivo, la aplicación del derecho penal del enemigo, la instrumentalización y saña sobre los cuerpos de las mujeres y sus descendencias -como en el caso de Lilian Mariana, María Carmen Villalba y Lichita, las niñas paraguayas torturadas y asesinadas, las dos primeras y desaparecida, la última-.  

Todo ello hace parte  del recetario represivo al que nos enfrentamos hoy y que le puede tocar a cada persona en cualquier momento, en cualquier lugar. Sin duda esto hace parte de una doctrina, que como otras tristemente célebres en Nuestra América, son ejecutadas en cada país de manera asombrosamente perversa por mandatarios genuflexos al imperio.  

El 11 de septiembre le dio al imperialismo norteamericano la excusa perfecta para arrasar con el delito político y por esa vía negar la existencia de miles de personas presas políticas a través de “leyes antiterroristas” aprobadas en los Parlamentos. Así se criminalizan, judicializan y condenan como terroristas, delincuentes comunes o integrantes de grupos de crimen organizado, desarropándoles de su condición política para hacer más gravosas y largas sus condenas.  

Hoy como ayer las prisiones del mundo se atiborran de presas y presos políticos. En Nuestra América, entre tantas, están en prisión política Carmen Villalba, Laura Villalba, Alcides Oviedo (Paraguay); Ricardo Palmera - Simón Trinidad, una prisión de máxima seguridad en  EE.UU. (Colombia); Ilich Ramírez, en una prisión en Francia (Venezuela); Gabriela Gallardo, Omar Campoverde, Carlos Carguachi (Ecuador); Mauricio Hernández Norambuena, Nicolás Piña (Chile); Cristian Díaz (Argentina); Facundo Jones Hualas (Mapuche), Héctor Llaitul (Mapuche); Víctor Polay (Perú); César Montes (Guatemala).  

A través de estos casos emblemáticos queremos solidarizarnos con las miles de personas presas políticas por luchar, incluidos jóvenes y liderazgos de las jornadas de la revuelta en Chile, Colombia y Ecuador; así como integrantes de las organizaciones indígenas, campesinas, sociales, populares, sindicales y políticas que han sido encarcelados por levantarse contra lo injusto en Nuestra América y el mundo.

Nos convocamos diferentes personas, organizaciones populares, sociales, políticas, revolucionarias, con la convicción de que la solidaridad internacionalista debe reverdecer, debe recuperar su fuerza militante, que debemos juntarnos, porque como decía Bolívar “unidos seremos fuertes y venceremos”. 


Unirnos en torno a una causa común: La de cada persona en prisión política en Nuestra América y el mundo a quienes sentimos parte nuestra, para acompañarles, visibilizarles y luchar por su libertad.

Decidimos construir colectivamente este Frente por la Libertad de las y los presos políticos de Nuestra América y el mundo quienes creemos en una sociedad distinta para las prolongaciones de nuestras sangres. Nos unimos en solidaridad militante con el puño en alto, con la disposición de romper las cadenas y derribar los muros que contienen los cuerpos las personas presas políticas pero no sus conciencias.  La estrella internacionalista nos guía en este camino de la libertad y de lo que somos y aspiramos ser.

Este es un espacio amplio y abierto al que invitamos a todas las personas y organizaciones  solidarias que quieran sumarse en la búsqueda de la libertad de las personas bajo prisión política en Nuestra América y el mundo. También para seguir luchando por la construcción de lo bueno, lo bello y lo mejor del mundo para nuestros pueblos.

Contacto y adhesiones: frenteparalalibertad2023@gmail.com

De ustedes en solidaridad y lucha,


Frente por la Libertad 

Nuestra América, agosto de 2023







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¿DÓNDE ESTÁ PARADO EL VATICANO? Pedro Pierre ¡Oh sorpresa! El Vaticano, más exactamente el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, prohíbe a las y los laicos comentar la palabra de Dios durante las celebraciones de la Eucaristía. Eso es la respuesta que dio el Dicasterio de la liturgia en el Vaticano a los obispos alemanes que solicitaban mayor participación de las y los laicos en las celebraciones eucarísticas. Esta negativa sorprendió no solamente a los obispos alemanes sino también a muchos católicos por todas partes. Aparece como una contradicción con la apertura que el Concilio Vaticano 2° había demostrado al insistir sobre la promoción de todos los bautizados para que sean más activos tanto en la responsabilidad de ‘evangelizar’ o sea transmitir la Buena Nueva de Jesús de Nazaret como de participar activamente en la celebración de los sacramentos. La prohibición del Vaticano contradice la propuesta de sinodalidad por la que tanto insistió el papa Francisco, afín de combatir el clericalismo de los sacerdotes y obispos. En su discurso durante la 18ª Congregación General del Sínodo de la Sinodalidad (25 de octubre de 2016) mencionó que “el clericalismo es el cáncer de la Iglesia”. Lo criticó como “una forma de mundanidad que ensucia y daña al pueblo fiel de Dios”. De hecho, se definió la sinodalidad como la puesta en marcha en la Iglesia católica de la igualdad de todos los bautizados y su igual participación en las actividades y decisiones que se tomen en las parroquias, las diócesis y la Iglesia toda. Esta tajante afirmación del Vaticano se opone también a lo que afirmó la Asamblea Eclesial, o sea laicas y laicos, sacerdotes y obispos latinoamericanos reunidos en México en 2021: “Las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) son un ejemplo concreto de Iglesia sinodal”… En miles de parroquias de América Latina, decenas de miles de laicas y laicos son los responsables de la evangelización y celebración de los sacramentos en lugares donde los sacerdotes no llegan o llegan una vez al año. El mismo papa Francisco consideró que el Documento final de esta Asamblea Eclesial de México era “un laboratorio de la sinodalidad”. En estos mismos días, el papa León 14 se está reuniendo con los cardenales “pidiéndoles su apoyo” para la gobernanza de toda la Iglesia. Casualmente el cardenal Nicolás López Rodríguez de República Dominicana afirma: "Necesitamos regresar al primer siglo de la Iglesia, no a las tradiciones de hace uno, dos o tres siglos". En la misma línea, los cardenales Jean‑Paul Vesco, arzobispo de Argel, y Giorgio Marengo, prefecto apostólico de Ulán Bator en Mongolia, describen una misión entendida no como activismo, sino como una presencia humilde, relacional y llena de esperanza, llamada a anunciar el Evangelio en el corazón de sociedades que no han sido modeladas por el cristianismo. Por otra parte, resulta significativo que los Evangelios nunca presenten a Jesús como sacerdote. Lo llaman profeta, maestro, mesías, hijo del hombre, enviado de Dios, pero jamás sacerdote. La categoría sacerdotal aparecerá posteriormente en la Carta a los Hebreos, precisamente para explicar la originalidad absoluta de su misión: en Cristo se produjo un verdadero "cambio del sacerdocio". Jesús no pertenecía a la tradición sacerdotal de Aarón. No ejerció su misión desde el templo. No formaba parte de la casta sacerdotal. No se separó del pueblo para representar lo sagrado. Al contrario, su sacerdocio consistió precisamente en romper esa lógica religiosa. Mientras el sacerdocio del Antiguo Testamento se definía por la separación, Jesús se definió por la identificación y la cercanñia con los hombres y mujeres de su tiempo. Mientras el sacerdote tradicional ascendía hacia Dios desde el ámbito de lo sagrado, Jesús representó a un Dios que desciende hacia la humanidad y especialmente hacia los y las pobres, las personas excluidas y sufrientes. Su sacerdocio nació no de la distancia sino de la cercanía, no del privilegio sino de la solidaridad, no del poder sino del servicio, no del templo sino de la vida. Y alcanzó su culminación no en un santuario sagrado sino en una cruz levantada fuera de la ciudad, en el lugar de las personas marginadas. El sacerdocio de Jesús constituye una crítica permanente a toda forma de sacerdocio que tienda a separarse del pueblo, a elevarse sobre él o a monopolizar la mediación religiosa. El sacerdocio de Jesús fue el sacerdocio laico de la compasión, como él de todos los bautizados de hoy. Por estas y otras razones, las críticas en los medios de comunicación no se hicieron esperar: “El Dicasterio para la liturgia ha vuelto a cerrar la puerta que el Concilio Vaticano II entreabrió hace más de sesenta años¿ - El púlpito prohibido: Roma cierra la boca a los laicos en misa - La homilía prohibida: ¿la iglesia vuelve a elegir la cristiandad? - ¿Por qué Roma no prohíbe de paso predicar a muchos curas? - Los católicos alemanes se rebelan ante el 'No' del Vaticano a la predicación de los laicos en las misas - La iglesia que calla al pueblo: cuando el púlpito se convierte en frontera - ¿Qué sacerdocio quiere representar hoy la Iglesia? …” Recordemos el “sentido de fe” del Pueblo de los bautizados que es norma de fe, el famoso “sensus fidei” de la tradición de la Iglesia católica. Según lo repitió el papa Franciso: “Este discernimiento sobrenatural es suscitado y sostenido por el Espíritu de la verdad, lo que permite a los cristianos reconocer y seguir la acción de la gracia de Cristo en su vida diaria”. A pesar de los pesares, sigamos construyendo el sueño del papa Juan 23 retomado por el papa Francisco: “La Iglesia es de todos, pero más especialmente es la Iglesia de los pobres”. Confirmémonos en la opción por los pobres tal como lo dijeron los obispos latinoamericanos en su reunión de Puebla (México, 1979): Los invitamos a “aceptar y asumir la causa de los pobres como si fuera su propia causa, la causa de Cristo”. Trabajemos para que seamos lo que nos encomendaron el día de nuestro bautismo: “Eres profeta, sacerdotes y rey-pastor”.

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