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8/14/2023

UN GRAVE ERROR Esteban Valenti


 El PIT CNT resolvió por una exigua mayoría de 16 votos, contra otros 14 y 14 más se abstuvieron iniciar campaña por un plebiscito sobre jubilaciones y pensiones. No se puede decir por cierto que fue por una mayoría importante, para una iniciativa de lo elemental es que haya mayorías mucho más allá de las estatutarias. Ni siquiera es una mayoría de sindicatos de las corrientes mayoritarias. El plebiscito se realizará en caso de superar las 250 mil firmas en conjunto con las elecciones nacionales de octubre del 2024.

Considero este plebiscito un GRAVE ERROR, de los más peligrosos que se pueden cometer en este momento, de un profundo sentido reformista y sin sentido estratégico, que antepone un tema parcial, importante, pero parcial y compromete un avance fundamental de la izquierda y el progresismo en el Uruguay. La mayoría que se formó en el PIT CNT es demostrativa de este hecho.

Las cosas hay que decirlas antes y no importa el dolor y los riesgos, hay que decirlas no para lavarse las manos, sino porque inciden en la vida de los uruguayos, en algunos para mal, muy mal y otros para bien, me refiero a las minorías interesadas en que todo siga como está. Estoy seguro que ellos actualmente en el poder, no están en absoluto preocupadas por este plebiscito, festejan, silenciosamente.

Introducir un debate sobre la legalidad, la conveniencia de que un tema de este tipo se incluya en la Constitución de la República, será sin falta un factor de distorsión de los temas centrales del debate de la campaña electoral hacia las elecciones del 2024 y pondrá en riesgo su resultado.

La del 2024 no será una batalla fácil, aun con todos los nefastos resultados y horrores de este gobernó, los que ante las encuestas saltan de contentos, tienen poca memoria y  no analizan los procesos en su conjunto.

La nefasta ley de jubilaciones y pensiones debe ser anulada,  como corresponde por otra ley aprobada por otro gobierno y con otro método, es decir recurriendo a un auténtico debate y participación nacional. Es posible que de ese debate no haya un acuerdo total, es más no lo habrá y por ello se necesita otro gobierno, para recoger las opiniones y determinar una ley con justicia para todo, en primer lugar para el país, para los jubilados y pensionistas y para toda la previsión social pero para el progreso general del país. No un conjunto de parches retrógrados, como la ley vigente y las situaciones de grave crisis de la Caja Bancaria y de los Profesionales.

 No es solo una ley importante y grave en sus consecuencias, sino un elemento simbólico importante, es como pensamos gobernar a partir del 2025, como cada problema debe encararse con una visión de urgencia, pero de futuro, de perspectiva y con amplios bloques sociales y políticos, para que tengan los efectos necesarios  en el desarrollo del país, de su futuro.

Hay muchos frentes en los que tendremos que actuar, por la situación del país, por los grandes objetivos trazados en el programa del FA y por las consecuencias de los "cinco mejores años de nuestras vidas". Y falta un año y medio...

Es un grave error coherente, adoptado por un conjunto de fuerzas políticas de izquierda en el Frente Amplio y en el movimiento sindical, que no se distrajeron o tuvieron un leve desliz, lo han pensado muy bien y han tenido todas las oportunidades de analizar sus peligros y sus consecuencias, actuales y futuras, sobre este tema y sobre otros posibles temas.

No es casual que los que apoyan el plebiscito constitucional, coincidan en otros temas muy sensibles, como candidaturas y otros.

No se trata solo de las jubilaciones y pensiones, es un paso más al considerar que los cambios se pueden imponer a través de reformas constitucionales, no sucede solo aquí sino en otras latitudes con resultados desastrosos, aun con todas las diferencias.

Hipótesis a. El FA no gana las elecciones del 2024, y si se gana el plebiscito contra la ley de jubilaciones, Un desastre monumental, porque, sin lugar a dudas la reglamentación posterior estará en manos de un gobierno totalmente contrario a los intereses de los jubilados y pensionistas y de los trabajadores y de un gran número de empresarios. Y retrocederemos todavía más en todos los frentes. Y nadie se hará cargo.

Hipótesis b. El FA gana las elecciones, pero se pierde el plebiscito, lo que ata las manos políticamente y algo más para realizar los cambios legales y metodológicos necesarios y de gran impacto programático en toda la labor del futuro gobierno. Y nadie se hace responsable.

Hipótesis c. Gana el FA y gana el plebiscito. Es jugar al todo o nada y sobre todo es quitarle al futuro gobierno la posibilidad y la necesidad de una nueva metodología de fundamental importancia para las grandes reformas, algunas derivadas de las heridas y desastres dejados por el actual gobierno.

Miremos desde otra perspectiva, no habría una plebiscito, sino dos, el que promueve Cabildo Abierto, es decir que convalidamos que temas que deben obligatoriamente ser obra y responsabilidad de los gobiernos (Poder Ejecutivo y Parlamento) sean utilizados como herramienta electoral y elevados a nivel de una reforma constitucional. Contribuimos al desorden institucional, político y contribuimos a la demagogia. Un combo destructivo.

Y lo peor de todo, ponemos en peligro, debilitamos las posibilidades de un cambio fundamental para el Uruguay, un gobierno auténticamente de izquierda y progresista, la creación de nuevas mayorías sociales, políticas y culturales, que derroten no solo electoralmente sino en todos los planos a la derecha y a la derecha centro. Esto reclama una profunda batalla ideológica y cultural, en la que tenemos serios retrasos. Y debilidades.

Promover este plebiscito es profundamente reformista, porque antepone un tema puntual, específico, importante pero notoriamente mucho menos importante que la batalla por ganar un gobierno progresista y capaz de cambios, reformas y avances muy importantes duraderos y sostenibles en los frentes principales de la realidad uruguaya.

Confundir este plebiscito con el referéndum para derogar los 137 artículos de la LUC, es además de un primitivismo básico otro grave error.

El referéndum derogaba una parte importante de una ley, pero no incorporaba a la constitución temas que no deben estar a ese nivel en la carta magna y tenía la virtud de colocar en el debate un momento muy especial, un conjunto de temas muy importantes de la labor del gobierno, de su programa de derecha. Y fue una gran iniciativa con excelentes resultados aunque no se haya derogado la LUC. Contribuyó a cambiar el clima y el estado de ánimo social y político y salir del sopor de la derrota electoral de la izquierda política y al movimiento sindical. Los hechos están a la vista.

Ellos ganaron el referéndum por un soplo y no festejaron, nosotros perdimos el referéndum por el mismo soplo y festejamos y nos dimos un gran empujón en todos los frentes.

Ellos, los del bloque conservador, menean poco el tema de la victoria, porque en realidad todo lo que prometieron con la LUC se lo llevó el barbudo, ni en la inseguridad galopante, ni en la oferta de viviendas, ni en la educación, ni en los indicadores económicos y en muchos otros temas se cumplieron sus promesas. Las principales.

Y nosotros deberíamos aprender una buena lección, tratar de empaquetar al inicio del gobierno en una sola ley todos los principales objetivos es muestra de debilidad y de arrogancia, hace falta gobernar en diálogo con la gente, con protagonismos sociales y políticos fundamentales. Y sin esquemones facilongos. Como la LUC o las reformas constitucionales a troche y moche.

Esteban Valenti.

Via UYPRESS

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.bitacora.com.uy) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es), de Other News (www.other-news.info/noticias). Integrante desde 2005 de La Tertulia de los jueves, En Perspectiva (www.enperspectiva.net). Uruguay

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¿DÓNDE ESTÁ PARADO EL VATICANO? Pedro Pierre ¡Oh sorpresa! El Vaticano, más exactamente el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, prohíbe a las y los laicos comentar la palabra de Dios durante las celebraciones de la Eucaristía. Eso es la respuesta que dio el Dicasterio de la liturgia en el Vaticano a los obispos alemanes que solicitaban mayor participación de las y los laicos en las celebraciones eucarísticas. Esta negativa sorprendió no solamente a los obispos alemanes sino también a muchos católicos por todas partes. Aparece como una contradicción con la apertura que el Concilio Vaticano 2° había demostrado al insistir sobre la promoción de todos los bautizados para que sean más activos tanto en la responsabilidad de ‘evangelizar’ o sea transmitir la Buena Nueva de Jesús de Nazaret como de participar activamente en la celebración de los sacramentos. La prohibición del Vaticano contradice la propuesta de sinodalidad por la que tanto insistió el papa Francisco, afín de combatir el clericalismo de los sacerdotes y obispos. En su discurso durante la 18ª Congregación General del Sínodo de la Sinodalidad (25 de octubre de 2016) mencionó que “el clericalismo es el cáncer de la Iglesia”. Lo criticó como “una forma de mundanidad que ensucia y daña al pueblo fiel de Dios”. De hecho, se definió la sinodalidad como la puesta en marcha en la Iglesia católica de la igualdad de todos los bautizados y su igual participación en las actividades y decisiones que se tomen en las parroquias, las diócesis y la Iglesia toda. 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En la misma línea, los cardenales Jean‑Paul Vesco, arzobispo de Argel, y Giorgio Marengo, prefecto apostólico de Ulán Bator en Mongolia, describen una misión entendida no como activismo, sino como una presencia humilde, relacional y llena de esperanza, llamada a anunciar el Evangelio en el corazón de sociedades que no han sido modeladas por el cristianismo. Por otra parte, resulta significativo que los Evangelios nunca presenten a Jesús como sacerdote. Lo llaman profeta, maestro, mesías, hijo del hombre, enviado de Dios, pero jamás sacerdote. La categoría sacerdotal aparecerá posteriormente en la Carta a los Hebreos, precisamente para explicar la originalidad absoluta de su misión: en Cristo se produjo un verdadero "cambio del sacerdocio". Jesús no pertenecía a la tradición sacerdotal de Aarón. No ejerció su misión desde el templo. No formaba parte de la casta sacerdotal. No se separó del pueblo para representar lo sagrado. Al contrario, su sacerdocio consistió precisamente en romper esa lógica religiosa. Mientras el sacerdocio del Antiguo Testamento se definía por la separación, Jesús se definió por la identificación y la cercanñia con los hombres y mujeres de su tiempo. Mientras el sacerdote tradicional ascendía hacia Dios desde el ámbito de lo sagrado, Jesús representó a un Dios que desciende hacia la humanidad y especialmente hacia los y las pobres, las personas excluidas y sufrientes. Su sacerdocio nació no de la distancia sino de la cercanía, no del privilegio sino de la solidaridad, no del poder sino del servicio, no del templo sino de la vida. Y alcanzó su culminación no en un santuario sagrado sino en una cruz levantada fuera de la ciudad, en el lugar de las personas marginadas. El sacerdocio de Jesús constituye una crítica permanente a toda forma de sacerdocio que tienda a separarse del pueblo, a elevarse sobre él o a monopolizar la mediación religiosa. El sacerdocio de Jesús fue el sacerdocio laico de la compasión, como él de todos los bautizados de hoy. Por estas y otras razones, las críticas en los medios de comunicación no se hicieron esperar: “El Dicasterio para la liturgia ha vuelto a cerrar la puerta que el Concilio Vaticano II entreabrió hace más de sesenta años¿ - El púlpito prohibido: Roma cierra la boca a los laicos en misa - La homilía prohibida: ¿la iglesia vuelve a elegir la cristiandad? - ¿Por qué Roma no prohíbe de paso predicar a muchos curas? - Los católicos alemanes se rebelan ante el 'No' del Vaticano a la predicación de los laicos en las misas - La iglesia que calla al pueblo: cuando el púlpito se convierte en frontera - ¿Qué sacerdocio quiere representar hoy la Iglesia? …” Recordemos el “sentido de fe” del Pueblo de los bautizados que es norma de fe, el famoso “sensus fidei” de la tradición de la Iglesia católica. Según lo repitió el papa Franciso: “Este discernimiento sobrenatural es suscitado y sostenido por el Espíritu de la verdad, lo que permite a los cristianos reconocer y seguir la acción de la gracia de Cristo en su vida diaria”. A pesar de los pesares, sigamos construyendo el sueño del papa Juan 23 retomado por el papa Francisco: “La Iglesia es de todos, pero más especialmente es la Iglesia de los pobres”. Confirmémonos en la opción por los pobres tal como lo dijeron los obispos latinoamericanos en su reunión de Puebla (México, 1979): Los invitamos a “aceptar y asumir la causa de los pobres como si fuera su propia causa, la causa de Cristo”. Trabajemos para que seamos lo que nos encomendaron el día de nuestro bautismo: “Eres profeta, sacerdotes y rey-pastor”.

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