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1/02/2025

Brics y Mercosur Bolivia y Cuba integrado

 


La importancia de los BRICS y el Mercosur en el mundo actual

Lic Rubén Suárez 

En el contexto global contemporáneo, las alianzas estratégicas entre bloques económicos y comerciales desempeñan un papel crucial en la configuración de las dinámicas internacionales. Dos de estas alianzas destacadas son los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y el Mercosur (Mercado Común del Sur), que representan fuerzas clave en la economía mundial y regional, respectivamente.


Los BRICS: Una fuerza motriz global


El grupo BRICS ha emergido como un actor central en la economía mundial, consolidándose como una de las principales fuerzas motrices del comercio y las finanzas internacionales. En 2023, los países BRICS representaban aproximadamente el 42% de la población mundial, el 31% del PIB global en términos de paridad de poder adquisitivo y el 18% del comercio internacional. La expansión del grupo en 2024, con la inclusión de seis nuevos países (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Irán, Argentina y Etiopía), refuerza su posición como un eje estratégico en el sistema multipolar emergente.


El avance de los BRICS en sectores como la energía, las finanzas y la tecnología refleja su capacidad para influir en el desarrollo global. Por ejemplo, iniciativas como la creación del Nuevo Banco de Desarrollo (NDB) y el creciente comercio en monedas locales entre los miembros refuerzan su independencia del dólar estadounidense y fomentan una economía más equitativa.


El Mercosur: Unidad y desarrollo en América del Sur


En el ámbito regional, el Mercosur continúa siendo un pilar fundamental para la integración sudamericana. Fundado en 1991, este bloque busca promover el libre comercio, la cooperación política y el desarrollo económico entre sus miembros: Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia (adherido formalmente en 2023). La inclusión de Bolivia bajo el liderazgo del presidente Luis Arce Catacora y el vicepresidente David Choquehuanca marca un hito histórico para el bloque.


La incorporación de Bolivia no solo refuerza la integración energética del Mercosur, al sumar sus vastas reservas de gas natural y litio, sino que también refleja el compromiso del Estado Plurinacional de Bolivia con políticas internacionales sólidas y visionarias. A diferencia de gobiernos anteriores, la administración de Arce y Choquehuanca ha logrado posicionar a Bolivia como un socio estratégico en el escenario sudamericano, promoviendo un modelo de desarrollo sostenible e inclusivo.


La incorporación de Cuba a los BRICS: Un paso hacia la integración global


El 1 de enero de 2025, Cuba formalizó su adhesión al grupo BRICS como país asociado, uniéndose a una plataforma que incluye a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica como miembros fundadores.  Esta ampliación, acordada en la cumbre del BRICS celebrada en octubre de 2024 en Kazán, Rusia, marca un avance significativo hacia un orden económico y político multipolar.


La integración de Cuba en los BRICS representa una oportunidad clave para sortear el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos, que ha limitado las relaciones económicas, comerciales y financieras de la isla.  Este paso permite a Cuba diversificar sus relaciones internacionales y fortalecer su economía mediante la cooperación con economías emergentes de rápido crecimiento.


La relevancia de las políticas internacionales de Bolivia y Cuba


Los gobiernos de Luis Arce en Bolivia y Miguel Díaz-Canel en Cuba han demostrado una notable habilidad para consolidar alianzas estratégicas que beneficien a sus respectivos países y al conjunto de América Latina. Bajo su liderazgo, Bolivia y Cuba no solo se han integrado plenamente al Mercosur y a los BRICS, sino que también han estrechado lazos con otras naciones emergentes, destacándose por su capacidad para gestionar la diplomacia económica de manera efectiva.


Ambos países, con políticas exteriores basadas en la defensa de la soberanía y la promoción de un desarrollo más justo e igualitario, han aprovechado su rol en estos bloques para fomentar acuerdos de cooperación energética, proyectos de infraestructura y la promoción de un comercio más equitativo.


Conclusión


En un mundo en constante transformación, la importancia de los BRICS y el Mercosur radica en su capacidad para moldear un nuevo orden económico y comercial. Mientras los BRICS lideran una transición hacia un sistema multipolar más equilibrado, el Mercosur fortalece la integración sudamericana. La inclusión de Bolivia y Cuba en estos bloques, bajo la dirección de líderes comprometidos con políticas internacionales sólidas, resalta la efectividad de sus estrategias y su visión de un desarrollo más inclusivo. Esto no solo beneficia a sus respectivos países, sino que también fortalece la posición de América Latina y los países emergentes en el escenario global.





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El «Por ahora» tras las rejas: una guerrillera y la aurora bolivariana Geraldina Colotti Rebibbia, Sección de Alta Seguridad, 1992. Las paredes grises y el eco metálico de las puertas eran ahora el universo de la joven, otrora militante de las Brigadas Rojas. Su ideal de transformación social, forjado en la efervescencia de los llamados años de plomo, la había llevado a un camino de clandestinidad y, finalmente, después de sobrevivir a un tiroteo en el que los carabineros querían acabar con ellos, a esta celda fría donde el tiempo se medía en el parpadeo fluorescente del techo, en el olor de los libros sin cubierta –los únicos permitidos– , en la tinta de los periódicos que se podían encontrar, que manchaba los dedos, pero daba la ilusión de continuar con un hábito indispensable de los años de la guerrilla, cuando era esencial mantenerse informado sobre la situación política y los movimientos del enemigo. Y luego estaba el ritual de los noticieros, que afuera se escuchaban y comentaban juntos en las casas clandestinas. En la celda, ella los escuchaba sola, después de cerrar los libros o los cuadernos, y los comentaba maldiciendo en voz baja, para evitar que las guardias la tomaran por loca. En la pequeña pantalla, incrustada en el muro, las imágenes parpadeaban con la monotonía de siempre: política italiana enredada en escándalos, ecos lejanos de la caída del Muro, la omnipresente sombra de la Guerra del Golfo. Pero una tarde, una figura inesperada irrumpió en la rutina visual. Un militar joven, de uniforme verde oliva y boina roja, con una determinación palpable en la mirada, se dirigía a las cámaras tras un fallido intento de rebeldía en un país lejano llamado Venezuela: «El típico golpe de estado del típico gorila latinoamericano», había comentado el cronista. Pero ella, curtida en el análisis político y la lectura entre líneas, sintió una punzada de curiosidad. Las palabras del comandante, un tal Hugo Chávez, resonaron en el aire viciado del encierro: «Por ahora». Una promesa suspendida, una derrota que no era final. En ese «por ahora», la brigadista sentenciada, vislumbró una chispa, un eco distante de la rebeldía que creía extinguida en los laberintos de su encierro carcelario, mientras se iba imponiendo la narrativa posmoderna del fin de las ideologías y de toda esperanza de cambio para las clases populares. Años después, las rejas de Rebibbia comenzaron a ceder levemente. Gracias a permisos de trabajo externo, la brigadista experimentó el contraste brutal entre la rigidez del encierro y la relativa libertad del mundo exterior, pero bajo una censura y un control igualmente brutal, de un sistema cómplice para el cual solo eran peligrosos terroristas a silenciar. Trabajaba en un pequeño periódico de izquierda, en medio de “sobrinos políticos” que apenas soportaban sus elecciones, y menos aún los constantes controles armados de las fuerzas policiales. Fue allí donde la figura de Chávez y su Revolución Bolivariana comenzaron a tomar forma, nutriéndose de retazos de noticias, comentarios sesgados y la persistente propaganda negativa que los medios occidentales vertían sobre el proceso venezolano, aderezada incluso con apreciaciones racistas. Para la brigadista, que ahora empuñaba el teclado como antes las armas, la distorsión informativa era una vieja conocida. Reconocía las estrategias de demonización, la simplificación burda de procesos complejos, la omisión sistemática de las voces populares. La Revolución Bolivariana era presentada como una deriva autoritaria, un régimen populista abocado al fracaso, una amenaza para la «democracia» y el «orden internacional». Pero la imagen del joven comandante diciendo «por ahora» seguía grabada en su memoria. Había algo genuino en esa derrota anunciada, una conexión palpable con un pueblo que parecía hastiado de la vieja política. Ahora, desde su segunda vida, la brigadista comenzó una silenciosa labor de contrainformación. Devoraba artículos académicos, buscaba fuentes alternativas en internet (una tecnología aún incipiente pero reveladora), analizaba los discursos de Chávez con la misma meticulosidad con la que antes planificaba acciones clandestinas. En la redacción, junto a los pocos que mantenían un juicio abierto sobre la revolución bolivariana, aprovechaba cualquier resquicio para deslizar comentarios que cuestionaban la narrativa dominante. Con sus colegas, debatía sobre la nacionalización del petróleo, los programas sociales masivos, la participación popular en la política venezolana. Su mirada analítica, entrenada en la crítica radical, detectaba las inconsistencias y las manipulaciones de la propaganda anti-bolivariana. Del contacto con las embajadas, llegaban noticias de primera mano, diferentes a las difundidas por las agencias de prensa. No se trataba de una conversión automática ni de una adhesión ciega. Como revolucionaria del siglo XX, y como marxista de escuela europea, ella conservaba su espíritu crítico y sus reservas sobre ciertos aspectos del proceso, sobre todo sobre el tema de la toma del poder y de la falta de expropiación de la burguesía. Pero reconocía en la Revolución Bolivariana un intento real, aunque imperfecto, de desafiar el statu quo, de dar voz a los excluidos, de construir una alternativa al neoliberalismo rampante que asolaba el planeta. Para la brigadista que vio una promesa tras las rejas, la Revolución Bolivariana se había convertido en una interrogante crucial. Ya no se trataba de la lucha armada en las calles italianas, sino de una batalla más sutil, pero igualmente trascendente: la lucha por la verdad contra el imperio de la desinformación. Y en esa trinchera, con las herramientas de su formación política y de su actual profesión, comenzaba a desenmascarar las sombras proyectadas sobre la esperanza que había germinado de un simple «por ahora» pronunciado al otro lado del Atlántico. Su «por ahora» personal se había transformado en una búsqueda incansable por comprender y difundir la complejidad de un proceso revolucionario que resonaba con ecos de sus propios sueños inconclusos. Por eso, jamás, en ningún momento, abandonaría la revolución bolivariana. “Por ahora”. Y para siempre. Cuando la militante terminó su condena y pudo viajar, vivió de cerca la fuerza del Chávez orador y comunicador de la historia. No solo transmitía directrices políticas; narraba la epopeya bolivariana, conectando el presente de la Revolución con las gestas independentistas de Simón Bolívar. Chávez usó la comunicación como una herramienta pedagógica para elevar la conciencia de clase, forjar la identidad soberana y recordar al pueblo sus raíces de lucha. Su insistencia en la historia no era nostalgia, sino un recordatorio constante de que la lucha contra el imperialismo y la oligarquía era un ciclo que se repetía, y que la victoria dependía de la unidad y la voluntad popular. Esta conexión histórica resulta vital para entender la opción revolucionaria en el siglo XXI. Para la ex guerrillera, formada en la militancia radical europea, la experiencia de la Revolución Bolivariana - aunque sin dictatura del proletariado - devolvía la vigencia a la necesitad de la ruptura radical. El siglo XX, con sus intentos de toma del poder por la vía armada, como fue el caso de la guerrilla urbana en Italia, representa una fase histórica cuyas lecciones deben ser comunicadas y analizadas sin los filtros de la condena oficial. Estas experiencias, si bien no siempre exitosas o exentas de errores, demostraron la disposición de algunos sectores a llevar la lucha de clases a sus últimas consecuencias. Comunicar esta historia en el presente no es hacer apología de la violencia, sino recordar que la oligarquía y los grandes grupos económicos jamás cederán su poder voluntariamente. La firmeza revolucionaria es una necesidad histórica. La opción revolucionaria, comunicada y mantenida como principio, es lo que da a un líder la fuerza moral y política para no ceder. Chávez lo demostró: nunca se doblegó ante los diktat de Washington porque mantenía la soberanía como un valor no negociable. Una lección aprendida de la historia, que Nicolás Maduro, otro gran comunicador popular, sigue enseñando con la misma determinación y valentía: más aún en este momento en que, como prisionero de guerra del imperialismo estadounidense, nos envía el símbolo de la firma de Chávez, para renovar de este modo la promesa del “por ahora”.

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