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1/04/2025

Ecuador Protestas revelan riesgos de un “Noboa bukelista”


Después de 14 días, la Policía Nacional del Ecuador ha avanzado para detener la protesta en contra de la mega cárcel. Fuente: Confeniae/Ecuador.Después de 14 días, la Policía Nacional del Ecuador ha avanzado para detener la protesta en contra de la mega cárcel. Fuente: Confeniae/Ecuador.

Quedan expuestos los riesgos de utilizar la “política de seguridad” como salvoconducto para acciones ilegales; sean las detenciones arbitrarias o los procesos reservados para construir las estructuras de un sistema carcelario masificado.  

2024 termina con protestas en la Amazonia ecuatoriana y contra desapariciones forzadas Los riesgos de un ‘Noboa bukelista’ 

Maria Luiza Muniz*

30 de diciembre, 2024.- El 24 de diciembre, mientras muchas familias estaban festejando, los parientes de cuatro niños afroecuatorianos de Guayaquil entre 11 y 15 años, aguardaban la aceptación de una acción de habeas corpus, que sería confirmada en la noche de Navidad, declarando la desaparición forzada, después de 16 días de la aprehensión violenta por militares de las Fuerzas Armadas del Ecuador.

El instrumento jurídico, finalmente obtenido aquella noche, apenas confirmaba una denuncia repetida hace varios días por los padres y madres de los niños de Guayaquil, y por las imágenes de cámaras de seguridad reproducidas exhaustivamente en las redes sociales.

Plantón por la desaparición forzada de cuatro niños en Guayaquil: Josué e Ismael Arroyo de 14 y 15 años, Saúl Arboleda, de 15 años y Steven Medina, de 11 años

Antes que este ejemplo de violación a los derechos humanos llegara a los tópicos más comentados en la Internet, el aumento en la temperatura de las movilizaciones sociales ya se sentía virtualmente y desde el cantón de Archidona, en la provincia amazónica de Napo. La población local se puso en vigilia permanente durante 15 días, en contra de la construcción de “mega cárceles” millonarias, denunciando la falta de transparencia, sobre todo por su ubicación junto a territorios indígenas.

Con estos antecedentes y tantos otros que van ganando espacio entre voceros de organizaciones de derechos humanos y medios alternativos, queda evidente cierto apuro pre electoral de Daniel Noboa, cuyas medidas represivas en contra del “conflicto armado interno” han representado un atropello a derechos constitucionales e internacionales.

Quedan expuestos los riesgos de utilizar la “política de seguridad” como salvoconducto para acciones ilegales; sean las detenciones arbitrarias o los procesos reservados para construir las estructuras de un sistema carcelario masificado.  


Audiencia de Acción de Protección interpuesta contra la construcción de la cárcel de máxima seguridad en Archidona. Fuente: Confeniae/ Ecuador.

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Faltando poco más de un mes para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, Noboa se esfuerza para dejar huellas de su “política de seguridad”, marcada por un año de medidas excepcionales, que han sido sustentadas por una fórmula recurrente: presentar la mano dura del Estado como arma contra la violencia.

En Ecuador, el “conflicto armado interno”, enunciado al inicio del año, trajo cierta materialidad a una sensación de inseguridad que creció en los últimos años, desbordando de los centros urbanos hacia los pueblos menores. Con diversos frentes de batalla, el mandatario anunció la construcción de dos cárceles de máxima seguridad, algo recibido con entusiasmo punitivo por parte de la población ecuatoriana, ansiosa por soluciones rápidas y palpables.

Sin embargo, la posibilidad de tener en el vecindario una de las estructuras carcelarias anunciadas por Noboa se ha hecho demasiado palpable para la Comuna Ancestral Bajada de Chanduy, en la provincia costeña de Santa Elena, y para la ciudadanía de Archidona, provincia Amazónica de Napo, en gran parte formada por comunidades indígenas, quienes estuvieron en vigilia durante 15 días, en contra lo que sería un grave impacto socio-ambiental y cultural.

En la tarde del lunes (16), la noticia sobre la reubicación de la mega cárcel de Archidona a Salinas, en Santa Elena, prometía un aliento a la población amazónica tras varios días de movilizaciones, mientras se colocaba más agua al caldo desbordante de la turística Salinas, donde el noticiario indica la intensificación de una guerra interna que involucra a pescadores pobres y a poderosos narcotraficantes de bandas como Los Choneros o Los Lobos.

La preocupación gira alrededor de la exclusión de los tiempos necesarios para el debido proceso de consulta previa a pueblos originarios –en el caso de Archidona (temporalmente suspendido) y de la Comuna Ancestral Bajada de Chanduy. En medio al apuro pre electoral, tampoco hubo espacio para trámites licitatorios que suelen impedir arbitrariedades y abusos en la contratación pública, favoreciendo acuerdos de escasa transparencia como el realizado con la empresa Puentes y Calzadas Infraestructuras, subsidiaria de una controversial estatal china, la China Road and Bridge Corporation (CRBC).


Pueblos amazónicos en protesta contra la construcción de la “mega cárcel” cerca sus territorios. Fuente: Confeniae/ Ecuador.

¿Un ‘Bukele ecuatoriano’? Diferentes formas de desaparición…

Noboa no es Bukele, y esta es la parte buena de la historia, ya que la política de encarcelamiento masivo del mandatario salvadoreño ha sido previamente criticada en otros países, como en el caso brasileño, con la tercera población encarcelada del mundo, más de 800 mil presos, de los cuales 70% son afrodescendientes (Fuente: Anuário Brasileiro de Segurança Pública, 2023). Lo que se está prometiendo implementar en Ecuador es un modelo carcelario masivo que suele actuar como coadyuvante de las diversas formas de “desaparición”. Se trata de un modus operandi ya previamente implementado y criticado en otros países.

Lo que se está prometiendo implementar en Ecuador es un modelo carcelario masivo que suele actuar como coadyuvante de las diversas formas de “desaparición”.

El reciente caso de la desaparición forzada de Josué e Ismael Arroyo (14 y 15 años), Saúl Arboleda (15 años) y Steven, ha generado una gran conmoción nacional, evidenciando un nuevo caso “excepcional” que confirma la regla de un Estado cuyo blanco prioritario, no casualmente, son las personas con un color de piel más oscuro.

El 10 de diciembre, dos días después de la desaparición de los niños de Guayaquil, pero antes que el caso fuera ampliamente difundido, organizaciones y colectivos del pueblo afro ecuatoriano llamaban la atención para un “etnocidio estadístico” en el último censo nacional realizado en 2022, donde figura que apenas un 4,8 % de la población se definió como afrodescendiente, respondiendo a la pregunta de autoidentificación étnica.

La denuncia apuntaba a la subrepresentación de la comunidad afroecuatoriana entre 2010 y 2022, pasando de un 7,2 % a un 4,8 % del total de la población, por debajo de los mestizos (77,5 %), indígenas (7,7 %) y montubios (7,7 %). Las diferentes formas de invisibilizar a todo un pueblo como parte de la ciudadanía en un Estado supuestamente plurinacional hacen que este pueblo desaparezca; no solo en las estadísticas.

Ecuador ha vivido en 2024 un constante estado de excepción, justificado oficialmente por la crisis carcelaria y el avance de bandos criminales. Sin embargo, diversos expertos muestran que una política eficiente y duradera de combate al narcotráfico y al hacinamiento en las prisiones debe avanzar en dirección opuesta al encarcelamiento masivo que gana espacio en la prensa amarillista y en gobiernos que adoptan el populismo penal.

invertir en el encarcelamiento masivo es una inversión en la violencia.

En pocas palabras: invertir en el encarcelamiento masivo es una inversión en la violencia. Este es el diagnóstico repetido por Camila Caldeira Nunes Dias, con larga trayectoria investigativa sobre temas como el sistema penitenciario, crimen organizado, seguridad pública y violencia criminal. Desde el complejo caso brasileño, la investigadora es asertiva al afirmar que, en ningún lugar del mundo, jamás, las prisiones han demostrado una eficiencia en la reducción del crimen o de la violencia.

La entrada del Ecuador en el ranking de los países más violentos del mundo es un fenómeno relativamente reciente. En 2023, el Ecuador fue clasificado como el 11º país más violento del mundo según el Índice Global de Crimen Organizado, de la Iniciativa Global Contra el Crimen Organizado Transnacional (GI-TOC). Luego, vale mirar la realidad de países que han convivido durante más tiempo con los dilemas del combate a la violencia en general, y particularmente los problemas de un sistema carcelario que se retroalimenta de las vultuosas inversiones, tanto publicas cuanto del capital privado.

La entrada del Ecuador en el ranking de los países más violentos del mundo es un fenómeno relativamente reciente.

Según Luis Córdova, director del Programa de Investigación Orden, Conflicto y Violencia de la Universidad Central del Ecuador, hay bastante incoherencia en la decisión de construir cárceles al mismo tiempo que se mantiene la política de “guerra interna y el apresamiento masivo que se dio al inicio del año según las cifras del gobierno”. Córdova analiza que la intención sería de “reestratificar a las personas privadas de libertad (PPL) y aislar a los más peligrosos”, pero “no se está resolviendo el problema del hacinamiento, en verdad se está agravando, ya que el gobierno detiene a más personas en el contexto del conflicto armado interno, alimentando aún más a la población carcelaria”. El investigador observa que la incoherencia diagnosticada “nos muestra que no hay una política, una estrategia, no hay un plan, lo que hay es un montón de decisiones alocadas que no guardan coherencia de unas con otras y más parecen poner paños fríos a los problemas que alcanzan altas temperaturas”.

Sin embargo, Córdova no clasifica a las cárceles anunciadas por Noboa como un ejemplo comparable al “modelo bukelista”, diferenciando lo que serían las “mini cárceles” proyectadas con capacidad para alrededor de 800 PPL y las mega cárceles para 40 mil reos que han sido ostentadas como la solución del mandatario salvadoreño para reducir los índices de violencia y criminalidad en su país. “No creo que es un modelo bukelista desde este punto de vista, no se trata de un modelo de encarcelamiento masivo, sino más bien de profundizar la privatización carcelaria a partir de una segmentación de la población y lo que intentarían es crear dos recintos carcelarios para llevar a quienes ellos consideran objetivos de alto valor, cabecillas de las pandillas o de las organizaciones criminales” indica Córdova.


El 23 de diciembre cientos de personas se movilizaron en Quito y Guayaquil para exigir la aparición con vida de los cuatro niños afrodescendientes del barrio Malvinas, en Guayaquil. Fuente: https://www.facebook.com/johis.alarkon

Si bien las cárceles anunciadas en la gestión de Noboa no alcanzan la magnitud del Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), con sus 116 hectáreas, la falta de información y transparencia desde los procesos de contratación nos permiten establecer algunas similitudes. Un reportaje detallado de la BBC informa que, poco tiempo después de su funcionamiento, el CECOT ya se había convertido en un símbolo de aislamiento, con varias acusaciones sobre la falta de transparencia en el régimen de excepción impuesto, en marzo de 2022, tras el registro de 76 asesinatos en apenas 48 horas.

Desde el inicio del régimen de excepción, casi 70 mil personas han sido detenidas, con la suspensión de garantías y denuncias de graves infracciones en contra de los derechos humanos, incluyendo prisiones arbitrarias, tortura y muertes. Miles de salvadoreños, según el reportaje, han estado por varios meses sin noticias de sus familiares, reforzando la similitud con el caso ecuatoriano en un punto clave: el silencio y la falta de transparencia permiten a los funcionarios del Estado gozar de un salvoconducto amplio e supuestamente irrestricto, un peligro para cualquier democracia.

“Lo que sí podemos decir es que hay un enorme manto de silencio, de sigilo, que intenta ocultar las contrataciones, pero no solo del sistema carcelario, hay el decreto 206 del presidente Noboa, de 21 de marzo de 2024, que declaró como reservada toda la información relativa a contrataciones en el sector público, entonces no es apenas el sector carcelario, pero todo el sector público de seguridad, lo cual involucran las cárceles, la policía, los militares” – dice Córdova, para quien esto impide periodistas, sociedad civil, academia, puedan observar cómo, de qué manera, y en qué se están invirtiendo los recursos, generando un “enorme negocio de la inseguridad”.

“Si tomamos en cuenta los últimos informes de Insight Crime sobre la situación en Ecuador, queda bastante claro que mientras no se logre abrir a los familiares, en primer lugar, hacer cárceles más abiertas y no más cerradas, no se va a desactivar la violencia interna en las cárceles, mientras no se logre reducir drásticamente el número de presos para mitigar y eliminar el hacinamiento, los mecanismos del negocio que son las cárceles no serán eliminados”.

En medio a un régimen de silencio, las comunidades de Archidona y Santa Elena fueron sorprendidas por la llegada de una “mega” construcción, al menos para los patrones locales, donde están ubicadas comunidades dedicadas al turismo, que mantienen su cultura con elementos ancestrales. El documento disponible en la página de Compras públicas asegura que las obras en el caso de Archidona (suspendido tras los 15 días de protestas) contaba con los “debidos estudios y diseños definitivos, pero que los mismos son reservados”, razón por la cual quedan dudas sobre el valor de la contratación: US$ 55 millones.


Fuente: Compras Públicas (Ecuador).

“Desarrollo” y “seguridad”: ¿salvoconductos para la ilegalidad?

Tras 15 días de protestas, fue “suspendida” la construcción del Centro de Privación de Libertad en Archidona, sin embargo, quedan algunas inquietudes entre los moradores de la provincia amazónica de Napo, particularmente debido a la ofensiva de la minería industrial sin los debidos procesos de consulta previa, libre e informada.

Al retroceder en su decisión inconsulta de implantar una estructura con potenciales impactos sociales, culturales y ambientales en territorio indígena amazónico, el gobierno ha seguido el mismo guion trazado con el Decreto presidencial 754. Este instrumento de legislación adoptado por el poder ejecutivo, ha ignorado los derechos colectivos de los comuneros de los cantones Las Naves y Sigchos, cuyos territorios fueron ocupados a mediados del presente año por fuerzas militares y policiales, asignadas para garantizar la concesión minera a la empresa canadiense Atico Mining Corporation, que debe ocupar una superficie territorial de 2.222 hectáreas, con un frágil respaldo legal. El mismo Decreto presidencial ha sido declarado inconstitucional en sentencia de la Corte Constitucional, para quien “aquellos aspectos de la consulta ambiental no pueden ser regulados a través de un reglamento”.

¿Qué hay en común los dos temas, “seguridad” y “minería”? Los ejemplos mencionados indican atropellos a la legalidad, debido el apuro de Noboa en presentar a su electorado los avances de su gobierno temporal, tanto en el ámbito del desarrollo económico – supuestamente alcanzado con la ampliación de concesiones mineras y licitaciones petroleras –, cuanto en la contención de la sensación de inseguridad.

Sin embargo, la historia nos ha enseñado los riesgos de instrumentalizar la ley, de modo excepcional y autoritario, para agilizar determinados procesos que exigen cambios estructurales y de largo plazo, constantemente postergados.


Imagen de una cámara de vigilancia que implica a las Fuerzas Armadas en la desaparición de cuatro niños en Guayaquil, Ecuador. Fuente: El País.

Breves lecciones desde la Amazonia

El historiador Omar Bonilla, docente de la Universidad Central del Ecuador y experto en conceptos amazónicos, se apresuró en evocar en su cuenta del Twitter (X) a la historia de los naporunas (pueblos indígenas de Napo), con el legado de Jumandi, conocido como más importante y aguerrido Cacique de la nacionalidad Quijos, en una región donde los pueblos se han caracterizado por sumar alianzas. “Esta no fue una lucha solo de Archidona”, escribió durante las protestas. “Las paralizaciones naporunas y mestizas contaron con apoyo wao (waorani) y se extendieron a territorio Shuar y Canelo, demostrando la solidaridad y unidad de las nacionalidades indígenas del Ecuador” – dijo Bonilla, recordando la importancia de una articulación local, regional e internacional como “eco” de la resistencia indígena en el pasado.

A su vez, Andrés Tapia, PhD(c) en Educomunicación en la Universidad de Investigación de México (UIIX) y ex dirigente de comunicación de la Confeniae analiza las jornadas de resistencia contra la construcción de una cárcel de máxima seguridad en Archidona. Según él, las protestas fueron una victoria de los pueblos amazónicos, ya que al parecer “obligaron al gobierno a dar un paso atrás con un proyecto de mega cárcel al estilo Bukele, siendo parte de una estrategia geopolítica de la derecha neoliberal en el continente”.

Además, sobre las estrategias de comunicación utilizadas, se las destaca como un componente importante para visibilizar la problemática existente no solo a nivel local y regional, sino nacional e internacional, “logrando establecer incidencia mediática y posicionar las narrativas del pueblo movilizado ante la opinión pública”. Tapia resalta que hashtags como #AmazoniaSinCarceles o #AmazoniaEnResistencia, sí como #Archidona, #Napo y #Pastaza fueron tendencia nacional en la red de Elon Musk (ex Twitter), durante los 15 días de movilización.

Esto sugiere que estrategias de comunicación y encuadre mediático (teoría del framing, en inglés) pueden ser un antídoto fundamental a la falta de transparencia gubernamental y al pacto de silencio con algunos medios privados. En este caso, los pueblos indígenas ecuatorianos, particularmente amazónicos, ya tienen acumulada cierta experiencia desde hace años de contra-información, en territorios conflictivos y zonas de ampliación de la frontera petrolera y de la megaminería.

Igualmente, representantes del pueblo afroecuatoriano se organizaron los últimos días para resonar sus voces sintetizadas en hashtags como: #LosQuatrodeGuayaquil, #Vivoslosllevaron y #VivoslosQueremos. Son voces que se enfrentan a una política de frecuentes excepciones y contra desapariciones, no es apenas estadística.

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* Maria Luiza Muñiz es socióloga brasileña (PhD), Máster en Ciencia Política, Historiadora y Comunicadora Social. Ha colaborado como docente en algunas de las principales universidades del Ecuador. Durante los últimos 10 años, ha acompañado el desarrollo de proyectos extractivos y las estrategias de resistencia de los pueblos y nacionalidades ecuatorianos, atenta al impacto geopolítico de estas actividades.


 E-mail: muniz.malu@gmail.com. Más información: https://independent.academia.edu/MalluMuniz

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El «Por ahora» tras las rejas: una guerrillera y la aurora bolivariana Geraldina Colotti Rebibbia, Sección de Alta Seguridad, 1992. Las paredes grises y el eco metálico de las puertas eran ahora el universo de la joven, otrora militante de las Brigadas Rojas. Su ideal de transformación social, forjado en la efervescencia de los llamados años de plomo, la había llevado a un camino de clandestinidad y, finalmente, después de sobrevivir a un tiroteo en el que los carabineros querían acabar con ellos, a esta celda fría donde el tiempo se medía en el parpadeo fluorescente del techo, en el olor de los libros sin cubierta –los únicos permitidos– , en la tinta de los periódicos que se podían encontrar, que manchaba los dedos, pero daba la ilusión de continuar con un hábito indispensable de los años de la guerrilla, cuando era esencial mantenerse informado sobre la situación política y los movimientos del enemigo. Y luego estaba el ritual de los noticieros, que afuera se escuchaban y comentaban juntos en las casas clandestinas. En la celda, ella los escuchaba sola, después de cerrar los libros o los cuadernos, y los comentaba maldiciendo en voz baja, para evitar que las guardias la tomaran por loca. En la pequeña pantalla, incrustada en el muro, las imágenes parpadeaban con la monotonía de siempre: política italiana enredada en escándalos, ecos lejanos de la caída del Muro, la omnipresente sombra de la Guerra del Golfo. Pero una tarde, una figura inesperada irrumpió en la rutina visual. Un militar joven, de uniforme verde oliva y boina roja, con una determinación palpable en la mirada, se dirigía a las cámaras tras un fallido intento de rebeldía en un país lejano llamado Venezuela: «El típico golpe de estado del típico gorila latinoamericano», había comentado el cronista. Pero ella, curtida en el análisis político y la lectura entre líneas, sintió una punzada de curiosidad. Las palabras del comandante, un tal Hugo Chávez, resonaron en el aire viciado del encierro: «Por ahora». Una promesa suspendida, una derrota que no era final. En ese «por ahora», la brigadista sentenciada, vislumbró una chispa, un eco distante de la rebeldía que creía extinguida en los laberintos de su encierro carcelario, mientras se iba imponiendo la narrativa posmoderna del fin de las ideologías y de toda esperanza de cambio para las clases populares. Años después, las rejas de Rebibbia comenzaron a ceder levemente. Gracias a permisos de trabajo externo, la brigadista experimentó el contraste brutal entre la rigidez del encierro y la relativa libertad del mundo exterior, pero bajo una censura y un control igualmente brutal, de un sistema cómplice para el cual solo eran peligrosos terroristas a silenciar. Trabajaba en un pequeño periódico de izquierda, en medio de “sobrinos políticos” que apenas soportaban sus elecciones, y menos aún los constantes controles armados de las fuerzas policiales. Fue allí donde la figura de Chávez y su Revolución Bolivariana comenzaron a tomar forma, nutriéndose de retazos de noticias, comentarios sesgados y la persistente propaganda negativa que los medios occidentales vertían sobre el proceso venezolano, aderezada incluso con apreciaciones racistas. Para la brigadista, que ahora empuñaba el teclado como antes las armas, la distorsión informativa era una vieja conocida. Reconocía las estrategias de demonización, la simplificación burda de procesos complejos, la omisión sistemática de las voces populares. La Revolución Bolivariana era presentada como una deriva autoritaria, un régimen populista abocado al fracaso, una amenaza para la «democracia» y el «orden internacional». Pero la imagen del joven comandante diciendo «por ahora» seguía grabada en su memoria. Había algo genuino en esa derrota anunciada, una conexión palpable con un pueblo que parecía hastiado de la vieja política. Ahora, desde su segunda vida, la brigadista comenzó una silenciosa labor de contrainformación. Devoraba artículos académicos, buscaba fuentes alternativas en internet (una tecnología aún incipiente pero reveladora), analizaba los discursos de Chávez con la misma meticulosidad con la que antes planificaba acciones clandestinas. En la redacción, junto a los pocos que mantenían un juicio abierto sobre la revolución bolivariana, aprovechaba cualquier resquicio para deslizar comentarios que cuestionaban la narrativa dominante. Con sus colegas, debatía sobre la nacionalización del petróleo, los programas sociales masivos, la participación popular en la política venezolana. Su mirada analítica, entrenada en la crítica radical, detectaba las inconsistencias y las manipulaciones de la propaganda anti-bolivariana. Del contacto con las embajadas, llegaban noticias de primera mano, diferentes a las difundidas por las agencias de prensa. No se trataba de una conversión automática ni de una adhesión ciega. Como revolucionaria del siglo XX, y como marxista de escuela europea, ella conservaba su espíritu crítico y sus reservas sobre ciertos aspectos del proceso, sobre todo sobre el tema de la toma del poder y de la falta de expropiación de la burguesía. Pero reconocía en la Revolución Bolivariana un intento real, aunque imperfecto, de desafiar el statu quo, de dar voz a los excluidos, de construir una alternativa al neoliberalismo rampante que asolaba el planeta. Para la brigadista que vio una promesa tras las rejas, la Revolución Bolivariana se había convertido en una interrogante crucial. Ya no se trataba de la lucha armada en las calles italianas, sino de una batalla más sutil, pero igualmente trascendente: la lucha por la verdad contra el imperio de la desinformación. Y en esa trinchera, con las herramientas de su formación política y de su actual profesión, comenzaba a desenmascarar las sombras proyectadas sobre la esperanza que había germinado de un simple «por ahora» pronunciado al otro lado del Atlántico. Su «por ahora» personal se había transformado en una búsqueda incansable por comprender y difundir la complejidad de un proceso revolucionario que resonaba con ecos de sus propios sueños inconclusos. Por eso, jamás, en ningún momento, abandonaría la revolución bolivariana. “Por ahora”. Y para siempre. Cuando la militante terminó su condena y pudo viajar, vivió de cerca la fuerza del Chávez orador y comunicador de la historia. No solo transmitía directrices políticas; narraba la epopeya bolivariana, conectando el presente de la Revolución con las gestas independentistas de Simón Bolívar. Chávez usó la comunicación como una herramienta pedagógica para elevar la conciencia de clase, forjar la identidad soberana y recordar al pueblo sus raíces de lucha. Su insistencia en la historia no era nostalgia, sino un recordatorio constante de que la lucha contra el imperialismo y la oligarquía era un ciclo que se repetía, y que la victoria dependía de la unidad y la voluntad popular. Esta conexión histórica resulta vital para entender la opción revolucionaria en el siglo XXI. Para la ex guerrillera, formada en la militancia radical europea, la experiencia de la Revolución Bolivariana - aunque sin dictatura del proletariado - devolvía la vigencia a la necesitad de la ruptura radical. El siglo XX, con sus intentos de toma del poder por la vía armada, como fue el caso de la guerrilla urbana en Italia, representa una fase histórica cuyas lecciones deben ser comunicadas y analizadas sin los filtros de la condena oficial. Estas experiencias, si bien no siempre exitosas o exentas de errores, demostraron la disposición de algunos sectores a llevar la lucha de clases a sus últimas consecuencias. Comunicar esta historia en el presente no es hacer apología de la violencia, sino recordar que la oligarquía y los grandes grupos económicos jamás cederán su poder voluntariamente. La firmeza revolucionaria es una necesidad histórica. La opción revolucionaria, comunicada y mantenida como principio, es lo que da a un líder la fuerza moral y política para no ceder. Chávez lo demostró: nunca se doblegó ante los diktat de Washington porque mantenía la soberanía como un valor no negociable. Una lección aprendida de la historia, que Nicolás Maduro, otro gran comunicador popular, sigue enseñando con la misma determinación y valentía: más aún en este momento en que, como prisionero de guerra del imperialismo estadounidense, nos envía el símbolo de la firma de Chávez, para renovar de este modo la promesa del “por ahora”.

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