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1/03/2025

Soleimani será el ejemplo del siglo XXI de la lucha contra el imperialismo

 

Recordamos  al general Solemaini en un día más Un año más del asesinato por parte de Estados Unidos de Norteamérica

Ene 08, 2020 14:40 UTC

ParsToday- Entrevistador (E): Estimados oyentes, empieza otro programa de Entrevistas. Esta vez, tenemos el agrado de contar con un nuevo analista, el periodista Rubén Suárez (RS), director internacional del Consejo Nacional e Internacional de la Comunicación Popular (CONAICOP), quien aborda algunas aristas del asesinato del general iraní Gasem Soleimani, por EE.UU.

Rubén Bienvenido al programa. 

RS: Nuestro saludo a todo el pueblo iraní y a toda la colectividad en este momento luctuoso que se está viviendo; y solamente agradecer esta llamada, pero, además, nuestra solidaridad para con pueblo que está sufriendo la pérdida indudablemente de alguien que cambió la historia realmente.  

E: En contexto, la madrugada del viernes el teniente general Soleimani y el subcomandante de las Unidades de Movilización Popular de Irak (Al-Hashad Al-Shabi, en árabe), Abu Mahdi al-Muhandis, y sus compañeros cayeron mártires en un ataque aéreo lanzado por EE.UU. contra los vehículos en los que viajaban cerca del Aeropuerto Internacional de Bagdad (capital iraquí). Este asesinato, calificado como terrorismo de Estado, ha conmocionado al mundo.

E: Rubén hay que resalta en este tema, ¿por qué podrían asistir 7 millones de personas al funeral del martes de Soleimani, eso sin contar con la presencia masiva de personas en otras ceremonias de luto que se han llevado a cabo en Irak e Irán?

RS: El que hayan acudido más de 7 millones de personas es lógico. Es lógico por lo que representa la figura, por lo que es Soleimani; más allá de que lo hayan asesinado, su figura trasciende, es un ejemplo a seguir. Yo creo que no fueron siete millones fueron muchísimos más, porque en todo el planeta se lamentó esta pérdida humana, se lamentó la pérdida de un líder muy popular, un líder que hizo muchísimo para desenmascarar lo que es el imperio y su forma de actuar; yo calculo que capaz son cientos de millones lo que hubieran podido concurrir a esa peregrinación, a ese duelo, a esas marchas multitudinarias, si hubiera existido la posibilidad no dudo yo de que hubieran sido cientos de millones. Son cientos, cientos de millones los que hoy lamentan, lloran y ven en Soleimani un líder y un ideal a seguir.

Funeral de Soleimani en Kerman, su ciudad natal, 06 de enero de 2020

E: En estos días, muchos medios y analistas han abordado el tema de Soleimani, entre los comentarios, se ha considerado al general Soleimani como el Che Guevara iraní e incluso de Oriente Medio, Rubén, ¿qué opinión te merece esta similitud?   

RS: El considerarlo como el Che Guevara tiene sus connotaciones políticas. Indudablemente, el Che fue un ideólogo, un revolucionario que dejó todo por, justamente, la Revolución Cubana, por la revolución internacional —él era internacionalista; entonces, eso es también lo que se ve y aprecia en Soleimani, más allá de ser iraní, su ejemplo trascendió las fronteras, trascendió en el planeta, prácticamente, y es por eso que, tal vez, lo comparan con el Che Guevara. Para mí, personalmente, tiene una doble connotación, que también es decir y querer  aglutinar dentro de esta comparación a todos aquellos que realmente han luchado contra ese engendro humano que son los EEUU de Norteamérica, que indudablemente es, yo no digo el pueblo, pero los gobiernos que ha tenido, desgraciadamente, son los únicos en el mundo que han atropellado realmente a todas las naciones del mundo de una u otra forma, han invadido todos los continentes y, bueno, hay que seguir luchando contra esta especie de imperialismo que ellos quieren hacer para dominar el mundo. El general Soleimani demostró con su capacidad y coherencia y con su accionar que se puede luchar y seguir avanzando, y aquellos que lo mataron no saben en lo que lo han convertido ¿no? inclusive es comparado con el Che Guevara, que está el día de hoy sigue siendo ejemplo revolucionario y, sin lugar a dudas, Soleimani va a ser el ejemplo del siglo XXI de la lucha contra el imperialismo, como lo fue el Che en el siglo pasado. Y yo creo firmemente, que hoy capaz que no nos damos cuenta, pero con el trascurso de algunos años vamos a notar cómo se va a ir engrandeciendo la figura del general, cómo se va a tomar como ejemplo real y cómo va a llevar a millones y millones de personas a seguir luchando y avanzando en un proceso internacional que se libere de esta plaga como es EEUU.

El Che Guevara

E: Bueno Rubén, desde fuera, ¿puedes darme una apreciación de cómo se ha reportado esta tragedia? ¿Qué dicen los medios?

RS: Los medios comunicacionales populares por lo regular, en su mayoría, han reportado esto como una tragedia humana, han reportado como un lamento, realmente, este asesinato brutal, esta injerencia norteamericana, han levantado la figura de Soleimani, porque se considera de que, indudablemente, es un atropello a los derechos humanos, a la soberanía de un país, a la autodeterminación de los pueblos y se ha vializado de una forma coherente por los medios alternativos la figura de Soleimani y esta tragedia.

E: Pero, no todas han informado la realidad ¿verdad?

RS: Ahora bien, las grandes cadenas “desinformativas” tergiversan, manipulan, maquillan y dan una visión que les manda su amo, y su amo, como todos sabemos, es EEUU; entonces, ellos están haciendo ese trabajo sucio a EEUU, y lo siguen y seguirán haciendo porque en realidad no son cadenas informativas son cadenas desinformativas, y esto hay que tenerlo claro, hay que difundirlo, hay que llamar a todo el mundo a que no vea este tipo de cadenas desinformativas, porque esa tergiversación es la que lleva al odio, a crear una falsa opinión de lo que acontece sea en Irán sea en Venezuela sea en Bolivia sea en cualquier parte del mundo, pues ellos buscan siempre tergiversar la realidad del acontecer nacional de cada país para favorecer a su amo, que es EEUU. Hacen y dicen lo que este les manda. Las grandes cadenas desinformativas —porque hay que llamarlas de esa forma— son una plaga también, son una plaga que hay que combatir y la estamos combatiendo desde los medios internacionales, desde el Consejo Nacional e Internacional de la Comunicación Popular (CONAIC) estamos, por suerte, ganando muchísimos espacios y hoy, con algo que había inventado el propio imperio para dominarnos, como es esto que se llama Internet, hoy los comunicadores populares nos hemos dado a usar esa herramienta para combatir a su propio creador y convertirla como decimos nosotros en “roja, rojita” () y llevarla más a más profundamente a una verdadera Internet que sea colaborativa, que sea real, para que lleve la realidad de cada pueblo informando desde cada punto, ya que tiene que ser eso la información de por y para los pueblos con la realidad que acontece en cada uno de esos lugares, vista por aquellos que la están viviendo, o sea, el propio pueblo y no por los tergiversadores internacionales, maquilladores, como son esas cadenas desinformativas.

Trump tuiteó: “Se avecinan sanciones” y Soleimani respondió: “Voy a estar en tu contra”.

E: Así es Rubén, ahora, ¿crees que el presidente estadounidense, Donad Trump, que ordenó directamente la muerte de Soleimani, ha logrado sus propósitos?

RS: Trump, en su desesperación por ser reelegido, por seguir siendo ese psicópata —porque es un psicópata ese hombre— que busca la guerra, busca el odio, busca la xenofobia, no, no lo ha conseguido, al revés, lo que sí ha conseguido con este asesinato selectivo, es el repudio internacional que ocultan las grandes cadenas desinformativas, es lograr lo que él no quería el apoyo masivo de los habitantes de todo el continente, de todo el mundo a Irán en este momento de duelo, de dolor, de tragedia, y yo creo que Donald Trump se ha metido en una vaina que ni él mismo sabe dónde está; desgraciadamente, va a llevar a su pueblo a sufrir muchísimo; también yo siempre digo que los pueblos tienen el gobierno que votan y que se merecen ¿no? y, desgraciadamente, EEUU con la elección de este triste personaje está demostrando una incapacidad política muy grande y, bueno, esa es la realidad y esperemos que rectifiquen el rumbo, que algún día EEUU sea una potencia de paz no de guerra como lo es ahora.

Donald Trump se equivocó, se equivocó feo. Él en vez de acallar el clamor popular de Soleimani lo que hizo es hacer crecer muchísimo la figura de Soleimani, pero también de hacer crecer la consciencia de los pueblos que, en realidad, hay que luchar por la paz, pero sabiendo dónde está el enemigo y el enemigo, justamente, es este psicópata, como es Donald Trump.

  E/NL

          
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El «Por ahora» tras las rejas: una guerrillera y la aurora bolivariana Geraldina Colotti Rebibbia, Sección de Alta Seguridad, 1992. Las paredes grises y el eco metálico de las puertas eran ahora el universo de la joven, otrora militante de las Brigadas Rojas. Su ideal de transformación social, forjado en la efervescencia de los llamados años de plomo, la había llevado a un camino de clandestinidad y, finalmente, después de sobrevivir a un tiroteo en el que los carabineros querían acabar con ellos, a esta celda fría donde el tiempo se medía en el parpadeo fluorescente del techo, en el olor de los libros sin cubierta –los únicos permitidos– , en la tinta de los periódicos que se podían encontrar, que manchaba los dedos, pero daba la ilusión de continuar con un hábito indispensable de los años de la guerrilla, cuando era esencial mantenerse informado sobre la situación política y los movimientos del enemigo. Y luego estaba el ritual de los noticieros, que afuera se escuchaban y comentaban juntos en las casas clandestinas. En la celda, ella los escuchaba sola, después de cerrar los libros o los cuadernos, y los comentaba maldiciendo en voz baja, para evitar que las guardias la tomaran por loca. En la pequeña pantalla, incrustada en el muro, las imágenes parpadeaban con la monotonía de siempre: política italiana enredada en escándalos, ecos lejanos de la caída del Muro, la omnipresente sombra de la Guerra del Golfo. Pero una tarde, una figura inesperada irrumpió en la rutina visual. Un militar joven, de uniforme verde oliva y boina roja, con una determinación palpable en la mirada, se dirigía a las cámaras tras un fallido intento de rebeldía en un país lejano llamado Venezuela: «El típico golpe de estado del típico gorila latinoamericano», había comentado el cronista. Pero ella, curtida en el análisis político y la lectura entre líneas, sintió una punzada de curiosidad. Las palabras del comandante, un tal Hugo Chávez, resonaron en el aire viciado del encierro: «Por ahora». Una promesa suspendida, una derrota que no era final. En ese «por ahora», la brigadista sentenciada, vislumbró una chispa, un eco distante de la rebeldía que creía extinguida en los laberintos de su encierro carcelario, mientras se iba imponiendo la narrativa posmoderna del fin de las ideologías y de toda esperanza de cambio para las clases populares. Años después, las rejas de Rebibbia comenzaron a ceder levemente. Gracias a permisos de trabajo externo, la brigadista experimentó el contraste brutal entre la rigidez del encierro y la relativa libertad del mundo exterior, pero bajo una censura y un control igualmente brutal, de un sistema cómplice para el cual solo eran peligrosos terroristas a silenciar. Trabajaba en un pequeño periódico de izquierda, en medio de “sobrinos políticos” que apenas soportaban sus elecciones, y menos aún los constantes controles armados de las fuerzas policiales. Fue allí donde la figura de Chávez y su Revolución Bolivariana comenzaron a tomar forma, nutriéndose de retazos de noticias, comentarios sesgados y la persistente propaganda negativa que los medios occidentales vertían sobre el proceso venezolano, aderezada incluso con apreciaciones racistas. Para la brigadista, que ahora empuñaba el teclado como antes las armas, la distorsión informativa era una vieja conocida. Reconocía las estrategias de demonización, la simplificación burda de procesos complejos, la omisión sistemática de las voces populares. La Revolución Bolivariana era presentada como una deriva autoritaria, un régimen populista abocado al fracaso, una amenaza para la «democracia» y el «orden internacional». Pero la imagen del joven comandante diciendo «por ahora» seguía grabada en su memoria. Había algo genuino en esa derrota anunciada, una conexión palpable con un pueblo que parecía hastiado de la vieja política. Ahora, desde su segunda vida, la brigadista comenzó una silenciosa labor de contrainformación. Devoraba artículos académicos, buscaba fuentes alternativas en internet (una tecnología aún incipiente pero reveladora), analizaba los discursos de Chávez con la misma meticulosidad con la que antes planificaba acciones clandestinas. En la redacción, junto a los pocos que mantenían un juicio abierto sobre la revolución bolivariana, aprovechaba cualquier resquicio para deslizar comentarios que cuestionaban la narrativa dominante. Con sus colegas, debatía sobre la nacionalización del petróleo, los programas sociales masivos, la participación popular en la política venezolana. Su mirada analítica, entrenada en la crítica radical, detectaba las inconsistencias y las manipulaciones de la propaganda anti-bolivariana. Del contacto con las embajadas, llegaban noticias de primera mano, diferentes a las difundidas por las agencias de prensa. No se trataba de una conversión automática ni de una adhesión ciega. Como revolucionaria del siglo XX, y como marxista de escuela europea, ella conservaba su espíritu crítico y sus reservas sobre ciertos aspectos del proceso, sobre todo sobre el tema de la toma del poder y de la falta de expropiación de la burguesía. Pero reconocía en la Revolución Bolivariana un intento real, aunque imperfecto, de desafiar el statu quo, de dar voz a los excluidos, de construir una alternativa al neoliberalismo rampante que asolaba el planeta. Para la brigadista que vio una promesa tras las rejas, la Revolución Bolivariana se había convertido en una interrogante crucial. Ya no se trataba de la lucha armada en las calles italianas, sino de una batalla más sutil, pero igualmente trascendente: la lucha por la verdad contra el imperio de la desinformación. Y en esa trinchera, con las herramientas de su formación política y de su actual profesión, comenzaba a desenmascarar las sombras proyectadas sobre la esperanza que había germinado de un simple «por ahora» pronunciado al otro lado del Atlántico. Su «por ahora» personal se había transformado en una búsqueda incansable por comprender y difundir la complejidad de un proceso revolucionario que resonaba con ecos de sus propios sueños inconclusos. Por eso, jamás, en ningún momento, abandonaría la revolución bolivariana. “Por ahora”. Y para siempre. Cuando la militante terminó su condena y pudo viajar, vivió de cerca la fuerza del Chávez orador y comunicador de la historia. No solo transmitía directrices políticas; narraba la epopeya bolivariana, conectando el presente de la Revolución con las gestas independentistas de Simón Bolívar. Chávez usó la comunicación como una herramienta pedagógica para elevar la conciencia de clase, forjar la identidad soberana y recordar al pueblo sus raíces de lucha. Su insistencia en la historia no era nostalgia, sino un recordatorio constante de que la lucha contra el imperialismo y la oligarquía era un ciclo que se repetía, y que la victoria dependía de la unidad y la voluntad popular. Esta conexión histórica resulta vital para entender la opción revolucionaria en el siglo XXI. Para la ex guerrillera, formada en la militancia radical europea, la experiencia de la Revolución Bolivariana - aunque sin dictatura del proletariado - devolvía la vigencia a la necesitad de la ruptura radical. El siglo XX, con sus intentos de toma del poder por la vía armada, como fue el caso de la guerrilla urbana en Italia, representa una fase histórica cuyas lecciones deben ser comunicadas y analizadas sin los filtros de la condena oficial. Estas experiencias, si bien no siempre exitosas o exentas de errores, demostraron la disposición de algunos sectores a llevar la lucha de clases a sus últimas consecuencias. Comunicar esta historia en el presente no es hacer apología de la violencia, sino recordar que la oligarquía y los grandes grupos económicos jamás cederán su poder voluntariamente. La firmeza revolucionaria es una necesidad histórica. La opción revolucionaria, comunicada y mantenida como principio, es lo que da a un líder la fuerza moral y política para no ceder. Chávez lo demostró: nunca se doblegó ante los diktat de Washington porque mantenía la soberanía como un valor no negociable. Una lección aprendida de la historia, que Nicolás Maduro, otro gran comunicador popular, sigue enseñando con la misma determinación y valentía: más aún en este momento en que, como prisionero de guerra del imperialismo estadounidense, nos envía el símbolo de la firma de Chávez, para renovar de este modo la promesa del “por ahora”.

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