Caracas, enero de 2026
A Nicolás y Cilia, prisioneros de guerra, corazón de la resistencia
Nicolás, Cilia, os escribo con la tinta de la memoria, esa que nunca palidece porque fue
templada entre las paredes de una celda. Os escribo como quien sabe que el silencio de
una prisión puede ser más atronador que un bombardeo, pero que también puede
convertirse en el coro de un pueblo entero que no se rinde.
Oírte decir, Nicolás, con las muñecas encadenadas: "Soy un prisionero de guerra, soy el
presidente de Venezuela", hizo temblar los cimientos del viejo mundo. Rechazar el pacto
con los tribunales no fue solo un acto de valentía individual; fue el gesto con el que
rescataste la dignidad de todo el Continente. Elegiste no ser una víctima, sino un
combatiente que ocupa una nueva trinchera: la de la cárcel imperial.
Y para ti, Cilia, las palabras se hacen tierra y raíz. Tú no estás allí como sombra o reflejo,
sino como un cuerpo político que el imperio teme. Eres la Primera Combatiente que supo
transformar la ley en escudo y el derecho en espada. Tu cautiverio es el ataque del imperio
a la dignidad de la mujer revolucionaria, aquella que no se dobla y que sostiene la mitad del
cielo con la fuerza de la razón. Como escribió Neruda en su Canto General: Sube a nacer
conmigo, hermano. Y nosotras hoy subimos a nacer contigo, hermana, porque tu silencio
fiero es un grito que desenmascara la cobardía de los carceleros. Eres la prueba de que el
feminismo o es revolucionario y antiimperialista, o no es.
Vuestro orgullo me remite a los tiempos de Brecht, a la fuerza de aquellos prisioneros que
bajo el yugo del nazi-fascismo hacían de su integridad el arma más afilada. El que lucha
puede perder, pero el que no lucha ya ha perdido. Vosotros estáis luchando, incluso detrás
de esos barrotes que intentan en vano cercar la idea misma de la soberanía.
Recuerdo cuando advertías a la historia: decías que cada líder latinoamericano que se
atrevió a desafiar al imperio terminó bajo tierra, como Árbenz o Allende. Pero también
recordabas la excepción de fuego de Fidel, de Daniel y de nuestro eterno Chávez, a quien
el pueblo devolvió al poder arrancándolo de las garras del golpe. Nicolás, no estás solo:
eres la excepción que se hace regla. La historia no se repetirá como tragedia, sino como
victoria, porque el pueblo que trajo a Chávez de vuelta a Miraflores es el mismo que hoy
marcha para traer a vosotros a casa.
Inundaremos de cartas vuestras celdas y la Casa Blanca, para que cada mensaje sea un
golpe contra el muro de vuestro secuestro. Llevaremos la denuncia de vuestro secuestro a
cada tribunal e institución del planeta, sin descanso. Convocaremos a los medios
internacionales para mostrar la fuerza de vuestra verdad contra sus mentiras. Los muros de
cada ciudad hablarán de vosotros a través de murales que llevarán vuestros rostros, y en
las puertas de cada casa y de cada sede pegaremos vuestro manifiesto, porque cada casa
es vuestro bastión, cada calle multiplica vuestra voz.
Nicolás, Cilia: vuestro Por ahora es nuestro Para siempre. El mundo está mirando, y lo que
ve es a un imperio que tiene miedo de dos prisioneros que le sonríen en la cara. ¡Siempre
de pie!
Aclaración
Esta Carta de nuestra compañera Geraldina Colotti la tomamos como si fuese de la RedContactosur ,pues refleja nuestro pensamiento y accionar
Ruben Suarez Director de RedContactoSur
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