*El 1° de Mayo no es una fiesta. Es memoria, es lucha, es luto*.
Cada año se intenta vaciar de contenido esta fecha, transformarla en un día de descanso, de promociones comerciales o de discursos vacíos. Pero el Día Internacional de los Trabajadores nace de la sangre obrera, del sacrificio de quienes enfrentaron la explotación en condiciones inhumanas.
El 1° de Mayo recuerda a los mártires de Chicago, a aquellos trabajadores que en 1886 fueron perseguidos, encarcelados y asesinados por exigir algo tan básico como la jornada laboral de ocho horas. No murieron celebrando: murieron luchando. Y su lucha no fue en vano, porque muchas de las conquistas laborales que hoy existen fueron arrancadas con organización, resistencia y dolor.
Por eso, este día no debe ser interpretado como una festividad. Es una jornada de reflexión profunda sobre el costo humano que implicó cada derecho conquistado. Es un recordatorio de que el sistema de explotación no ha desaparecido, sino que se ha transformado, precarizando el trabajo, debilitando derechos y profundizando las desigualdades.
Hoy, millones de trabajadores en el mundo siguen enfrentando condiciones injustas: salarios que no alcanzan, jornadas extensas, informalidad, persecución sindical y represión cuando se organizan. En muchos casos, como ocurre en distintos sectores de América Latina, se suma la discriminación, la xenofobia y la criminalización de los más vulnerables.
El 1° de Mayo es, entonces, un día de luto activo. No un luto pasivo, sino un luto que convoca a la conciencia, a la unidad y a la lucha. Recordar a quienes dieron su vida no es solo un acto simbólico: es asumir la responsabilidad de continuar su legado.
Porque cada derecho que no se defiende, se pierde.
Y cada conquista que se olvida, se vuelve a pagar con sangre.
Hoy no celebramos. Hoy recordamos. Hoy luchamos.
Lic Ruben Suarez Director de RedContactoSur

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