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6/28/2024

La verdad de Chile

 



EL PUEBLO SE SIGUE ENDEUDANDO, LOS RICOS IMPUNES ROBANDO Y LAS CUENTAS SIGUEN SUBIENDO

Día a día sufrimos la crisis económica en nuestros hogares con el aumento del costo de la vida. Aquello no solo se ve reflejado en el alza de precios de alimentos indispensables, sino que también se expresa en que los bajos sueldos ni siquiera alcanzan a cubrir los gastos básicos de un hogar, obligando a las familias a tener que endeudarse con créditos o tener más de un trabajo para poder salir bien parados a fin de mes. 

Muy por debajo pasó el alza en la tarifa del gas durante el mes de abril que llegó a bordear los $29.000 el galón de 15 Kg. Gasto que en gran parte de la población se llega a triplicar considerando la cantidad de personas por hogar. Y para más remate se anuncia que desde el mes de Julio aumentará la tarifa de la electricidad incluso hasta un 60% en algunas regiones. 
No debemos olvidar que el alza del precio de la luz era una medida que se iba a aplicar en el 2019 con un aumento del 9%, sin embargo, producto de la rabia incontenida de la gente que salió a protestar en las calles por el alza del pasaje, se vieron obligados a establecer una ley para congelar los precios. Ahora, el argumento es que ya no se puede seguir sosteniendo la deuda con las empresas de generación eléctrica y, que “no hacer el ajuste, sería irresponsable”

La medida viene acompañada de un subsidio eléctrico para el 40% de los hogares más vulnerables pero que solo considera un descuento mensual migajero y, además, uno de los requisitos para obtenerlos es estar al día con el pago de la cuenta. Sin embargo, sabemos que la realidad para la clase trabajadora es mucho más difícil, pues el sueldo de $460.000 ya no alcanza, y por ende, la realidad de muchas familias es que deben repactar la deuda o tramitar un convenio por lo cual se reduce más la cantidad de personas que puedan obtener el subsidio.

Estas alzas se enmarcan luego de un periodo de deuda donde el ministro Marcel señala que “no se puede vivir fiado toda la vida”, casi como si fuese un problema ético cuando en realidad es un problema de clase, pues somos las y los pobres quienes debemos pagar esa deuda, mientras los ricos se siguen enriqueciendo a costa nuestra. Aquello ha quedado evidenciado con las ganancias que el grupo ENEL ha tenido hasta ahora con montos incluso de 1.386 millones diarios (Datos de la Fundación Sol).

La tónica del último tiempo ha sido el salvataje a los privados como ocurrió con el caso de la Ley corta de Isapres y la protección a los ladrones y corruptos que han estado y siguen siendo parte de las instituciones del Estado, tal como ocurrió con Kathy Barriga, Camila Polizzi, Luis Hermosilla y Carabineros. 
Todo ello demuestra que no debemos confiar en quienes ostentan el poder y utilizan nuestras demandas como trampolín político, al contrario, debemos salir con unidad y organización a combatir las condiciones de precariedad en que nos tienen inmersos.

El alzamiento popular nos ha dejado dos lecciones importantes. En primer lugar, no confiar ni caer en el circo electoral, pues quedó demostrado que con un acuerdo entre 4 paredes – tal como ocurrió el 15 de noviembre del 2019- no se lograron nuestras demandas ni se obtuvieron mejoras para nuestra clase. Y en segundo lugar, el alzamiento nos demostró que cuando nuestro pueblo se une, podemos golpear mucho más fuerte poniendo en aprietos a los grandes empresarios y ricos de este país. 

Aquella experiencia debemos tomarla como ejemplo para volver a llenar las calles con protesta popular, pero esta vez con organización y con la convicción de que es necesario aunarnos bajo un pliego común del pueblo con nuestras demandas más sentidas y con un proyecto de transformación social. Juntos somos más fuertes, pues sin las y los trabajadores este sistema se cae a pedazos.
Aquello nos interpela a seguir luchando por conquistar nuestras demandas más sentidas, lo que se debe expresar en poner fin al endeudamiento en UF, exigir un reajuste automático del sueldo que sea acorde al aumento del IPC, el congelamiento de precios de bienes y servicios básicos, la eliminación del IVA en productos básicos y el aumento de presupuesto para la alimentación de niños, niñas y estudiantes.

Son variadas e históricas las experiencias de nuestro pueblo que con convicción y empeño ha salido a reclamar por sus derechos, demostrándonos que con unidad, lucha y organización podemos recuperar lo que es nuestro y lo que es justo. Esos ejemplos de lucha son los que nos deben impulsar a seguir construyendo organización por las demandas más sentidas de nuestro pueblo desde la independencia de clase, el protaginismo popular y la solidaridad. 

¡CONTRA EL ALZA DE LA LUZ Y EL COSTO DE LA VIDA, A LEVANTAR PROTESTA POPULAR Y COMBATIVA!






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¿DÓNDE ESTÁ PARADO EL VATICANO? Pedro Pierre ¡Oh sorpresa! El Vaticano, más exactamente el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, prohíbe a las y los laicos comentar la palabra de Dios durante las celebraciones de la Eucaristía. Eso es la respuesta que dio el Dicasterio de la liturgia en el Vaticano a los obispos alemanes que solicitaban mayor participación de las y los laicos en las celebraciones eucarísticas. Esta negativa sorprendió no solamente a los obispos alemanes sino también a muchos católicos por todas partes. Aparece como una contradicción con la apertura que el Concilio Vaticano 2° había demostrado al insistir sobre la promoción de todos los bautizados para que sean más activos tanto en la responsabilidad de ‘evangelizar’ o sea transmitir la Buena Nueva de Jesús de Nazaret como de participar activamente en la celebración de los sacramentos. La prohibición del Vaticano contradice la propuesta de sinodalidad por la que tanto insistió el papa Francisco, afín de combatir el clericalismo de los sacerdotes y obispos. En su discurso durante la 18ª Congregación General del Sínodo de la Sinodalidad (25 de octubre de 2016) mencionó que “el clericalismo es el cáncer de la Iglesia”. Lo criticó como “una forma de mundanidad que ensucia y daña al pueblo fiel de Dios”. De hecho, se definió la sinodalidad como la puesta en marcha en la Iglesia católica de la igualdad de todos los bautizados y su igual participación en las actividades y decisiones que se tomen en las parroquias, las diócesis y la Iglesia toda. Esta tajante afirmación del Vaticano se opone también a lo que afirmó la Asamblea Eclesial, o sea laicas y laicos, sacerdotes y obispos latinoamericanos reunidos en México en 2021: “Las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) son un ejemplo concreto de Iglesia sinodal”… En miles de parroquias de América Latina, decenas de miles de laicas y laicos son los responsables de la evangelización y celebración de los sacramentos en lugares donde los sacerdotes no llegan o llegan una vez al año. El mismo papa Francisco consideró que el Documento final de esta Asamblea Eclesial de México era “un laboratorio de la sinodalidad”. En estos mismos días, el papa León 14 se está reuniendo con los cardenales “pidiéndoles su apoyo” para la gobernanza de toda la Iglesia. Casualmente el cardenal Nicolás López Rodríguez de República Dominicana afirma: "Necesitamos regresar al primer siglo de la Iglesia, no a las tradiciones de hace uno, dos o tres siglos". En la misma línea, los cardenales Jean‑Paul Vesco, arzobispo de Argel, y Giorgio Marengo, prefecto apostólico de Ulán Bator en Mongolia, describen una misión entendida no como activismo, sino como una presencia humilde, relacional y llena de esperanza, llamada a anunciar el Evangelio en el corazón de sociedades que no han sido modeladas por el cristianismo. Por otra parte, resulta significativo que los Evangelios nunca presenten a Jesús como sacerdote. Lo llaman profeta, maestro, mesías, hijo del hombre, enviado de Dios, pero jamás sacerdote. La categoría sacerdotal aparecerá posteriormente en la Carta a los Hebreos, precisamente para explicar la originalidad absoluta de su misión: en Cristo se produjo un verdadero "cambio del sacerdocio". Jesús no pertenecía a la tradición sacerdotal de Aarón. No ejerció su misión desde el templo. No formaba parte de la casta sacerdotal. No se separó del pueblo para representar lo sagrado. Al contrario, su sacerdocio consistió precisamente en romper esa lógica religiosa. Mientras el sacerdocio del Antiguo Testamento se definía por la separación, Jesús se definió por la identificación y la cercanñia con los hombres y mujeres de su tiempo. Mientras el sacerdote tradicional ascendía hacia Dios desde el ámbito de lo sagrado, Jesús representó a un Dios que desciende hacia la humanidad y especialmente hacia los y las pobres, las personas excluidas y sufrientes. Su sacerdocio nació no de la distancia sino de la cercanía, no del privilegio sino de la solidaridad, no del poder sino del servicio, no del templo sino de la vida. Y alcanzó su culminación no en un santuario sagrado sino en una cruz levantada fuera de la ciudad, en el lugar de las personas marginadas. El sacerdocio de Jesús constituye una crítica permanente a toda forma de sacerdocio que tienda a separarse del pueblo, a elevarse sobre él o a monopolizar la mediación religiosa. El sacerdocio de Jesús fue el sacerdocio laico de la compasión, como él de todos los bautizados de hoy. Por estas y otras razones, las críticas en los medios de comunicación no se hicieron esperar: “El Dicasterio para la liturgia ha vuelto a cerrar la puerta que el Concilio Vaticano II entreabrió hace más de sesenta años¿ - El púlpito prohibido: Roma cierra la boca a los laicos en misa - La homilía prohibida: ¿la iglesia vuelve a elegir la cristiandad? - ¿Por qué Roma no prohíbe de paso predicar a muchos curas? - Los católicos alemanes se rebelan ante el 'No' del Vaticano a la predicación de los laicos en las misas - La iglesia que calla al pueblo: cuando el púlpito se convierte en frontera - ¿Qué sacerdocio quiere representar hoy la Iglesia? …” Recordemos el “sentido de fe” del Pueblo de los bautizados que es norma de fe, el famoso “sensus fidei” de la tradición de la Iglesia católica. Según lo repitió el papa Franciso: “Este discernimiento sobrenatural es suscitado y sostenido por el Espíritu de la verdad, lo que permite a los cristianos reconocer y seguir la acción de la gracia de Cristo en su vida diaria”. A pesar de los pesares, sigamos construyendo el sueño del papa Juan 23 retomado por el papa Francisco: “La Iglesia es de todos, pero más especialmente es la Iglesia de los pobres”. Confirmémonos en la opción por los pobres tal como lo dijeron los obispos latinoamericanos en su reunión de Puebla (México, 1979): Los invitamos a “aceptar y asumir la causa de los pobres como si fuera su propia causa, la causa de Cristo”. Trabajemos para que seamos lo que nos encomendaron el día de nuestro bautismo: “Eres profeta, sacerdotes y rey-pastor”.

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